Jordi Mora (Arenys de Mar, Barcelona, 1975) es presidente de la Federación de la Pequeña y Mediana Empresa de Mallorca (PIMEM) desde noviembre de 2016. En julio de 2024 fue reelegido por tercera vez en el cargo, siendo el primero en la historia de la patronal que acumula tres mandatos. Licenciado en la Escuela Superior de Administración y Dirección de Empresas (ESADE) de Barcelona, mantiene el espíritu crítico del primer día en todos los frentes y no escatima amonestaciones para ninguna de las tres patas de la economía: primero, para los propios empresarios, por su responsabilidad en la desafección de los jóvenes en torno a sus puestos de trabajo; segundo, para parte de estos empleados por los abusos en el absentismo; y, por último, para la Administración pública, por cuestiones como el retraso en las revisiones de las ayudas por la pandemia o por la situación legal de los autónomos. Defiende que hay que ser crítico, incluso en medio de una temporada turística que, reconoce, «va como un cohete».
Llegamos a julio. ¿Qué balance hace de esta primera parte de la temporada?
La temporada está funcionando muy bien. La de 2025 ya fue muy buena, superior a la de 2019, e igualarla ya sería un éxito. Y de hecho, los datos que tenemos sobre la mesa en cuanto a subidas de precios, ocupación y demás, nos están diciendo que está siendo una temporada similar a la del año pasado e incluso entre un 5% y un 10% superior. Por tanto, yo diría que la temporada va como un cohete, aunque eso no quiere decir que a todo el mundo le vaya bien; va siempre por barrios, por localizaciones y tipos de producto. Pero en general, el sector turístico está en una inercia positiva desde hace tres años.
¿El impacto de los conflictos geopolíticos ha sido menor del temido inicialmente?
Estamos en un entorno mundial de incertidumbre y eso es algo que no va bien ni a la economía, ni a las empresas. Ahora bien, con todo lo que ha pasado, creo que el impacto en la economía balear ha sido escaso, afortunadamente. ¿Por qué? Fundamentalmente, porque venimos de una inercia positiva en el sector turístico muy fuerte. También estamos en máximos históricos de creación de empleo. El impacto, por tanto, ha sido moderado.
Pese a los informes preliminares del Govern que planteaban un escenario peor que en 2022 con Ucrania, el impacto de esta guerra ha sido menor.
Sí, el impacto fue mayor entonces. El actual no es como el que tuvimos los primeros meses de 2022 con el estallido de la guerra de Ucrania, cuando tuvimos una inflación altísima. Aquí ha habido ahora un impacto de subida de la inflación del 3% con un impacto en los carburantes y eso repercute en el sector primario, en el industrial y en los pequeños y los autónomos, que son los que lo están pasando peor. Hemos de recordar que no nos llegaba el gas y que teníamos muchos problemas con los costes de energía, que subió de una manera desorbitada. Además, duró más en el tiempo. Es cierto que había mucho miedo al principio de la guerra de Irán, ya que por allí pasa el 20% del petróleo mundial y eso tiene un gran impacto directo en los precios de prácticamente todo. Es un problema primero para las empresas, porque han de repercutir precios, y después para los trabajadores, porque supone una pérdida de poder adquisitivo.
¿Diría que se ha contenido el problema de la falta de mano de obra?
Para nada, sigue habiendo un problemón mayúsculo. Llevamos más de 24 meses seguidos de récords históricos de creación de trabajo y deberíamos ir a 2002 para encontrar datos similares. Solo tenemos 26.000 personas paradas en todas las Islas, una cifra ridícula. Y más de la mitad de estos 26.000 no están buscando trabajo porque son opositores o porque tienen otras prioridades. Tenemos falta de mano de obra cualificada y no cualificada. Las soluciones que aplicábamos en el pasado ahora no podemos aplicarlas: cuando teníamos época de bonanza turística importábamos mano de obra de fuera, pero ahora no podemos hacer eso por el problema de la vivienda. Esas soluciones del pasado ya no sirven, por lo que tenemos un problema estructural que ya arrastramos desde hace tres años y para el que no vemos soluciones.
¿El absentismo sigue obsesionando a los empresarios de las Islas?
Desde luego. Antes, en épocas de crisis, la gente tenía miedo de perder el trabajo e iba a trabajar aunque estuviera enferma. Ahora encontramos lo contrario, mucha gente que no va a trabajar por lo que sea y que sabe que si, por el motivo que sea, no sigue en la empresa, en 24 horas encontrará trabajo. Es algo que afecta a entre el 3 % y el 5 % del PIB balear. Nosotros estimamos que el impacto es de 1.700 y 3.300 millones de euros al año. Y eso es algo que tienen que asumir las empresas. Tenemos una Atención primaria, que es la que da las bajas, totalmente colapsado y burocratizada y con falta de recursos. Una solución a corto plazo sería dotarla de más recursos y otra que las mutuas participaran en el proceso asumiendo capacidad para dar las bajas. Y también hacer un seguimiento de las bajas de larga duración. Pero no estamos viendo soluciones. El 95% de las empresas de Baleares son micropymes, de uno a diez trabajadores. Si en una de esas empresas faltan uno o dos trabajadores, el resto de compañeros lo tienen que asumir. Y una sobrecarga de trabajo lleva a más bajas. Es un caos, porque no puedes planificar ni estructurar trabajo y plantillas.
¿Cómo están lidiando con ello?
Hay empresarios que tienen entre 15 y 20 trabajadores que nos dicen que contratan por exceso solo por el absentismo laboral. Es decir, contratan más empleados de los que necesitan en plantillas que no llegan a los 30 trabajadores para curarse en salud y en previsión de las bajas que saben que habrá sí o sí. Lo hemos visto en alojamiento, en restauración, en comercio, en panaderías… Hay gente que tiene gente de baja hace medio año. Es un problema endémico que ya se ha aceptado. Eso tiene un agravante que es que en los dos convenios colectivos que afectan a más gente en Baleares, el de comercio y el de hostelería, los primeros cuatro días de baja los paga la empresa. Todos estos costes van a la cuenta de resultados de las empresas. Es un coste elevadísimo y un problema estructural.
¿Parte del problema radica precisamente en el exceso de oferta?
Hay casos en que es claramente un abuso por parte del trabajador. Hay un festival de música y al día siguiente en comercios o restaurantes la gente no va a trabajar. Y bajas de tres meses que requieren de alguna prueba en la Seguridad Social sin que nadie haga un seguimiento. El empresario ha de convivir con esto. Entre las bajas de media duración, las de larga duración y las de fin de semana es un auténtico disparate.
¿Es algo que se concentra en los jóvenes o es un problema más transversal?
Yo diría que es transversal, pero si tuviéramos que señalar un colectivo… Más allá de los ‘profesionales del absentismo’, que hay a todas las edades, sí que podríamos decir que es posible que a la gente más joven no la hayamos sabido enamorar.
Entona el mea culpa.
Sí, sí, sí. Hace 40 años, las diferencias entre generaciones no eran muy grandes. Compartían una serie de valores similares. Hoy día, una persona de 25, una de 40 y una de 60 años tienen visiones de la vida absolutamente diferentes y convivir no es fácil. Creo que las empresas debemos darle a eso una nueva vuelta, sobre todo si queremos enamorar a los jóvenes, a quienes ya no les importa tanto la proyección y sí más la flexibilidad, el tiempo libre, etc.
¿Cómo es la situación de los autónomos?
Ser autónomo hoy día es un deporte de alto riesgo. En Baleares tenemos 110.000 autónomos en temporada alta, que es muchísimo. Proporcionalmente, somos de los territorios españoles con más autónomos, y eso es bueno porque significa que somos gente emprendedora, pero sobrevivir es complicadísimo. Necesitamos una nueva legislación en pequeño específica. Ha de haber cambios en el ámbito laboral, en el sistema de cotizaciones, en la tributación… Nos da igual el partido que gobierne, pero les ha de hacer las cosas mucho más fáciles. Tenemos autónomos pobres que cuando lleguen a su ubicación tendrán una pensión absolutamente miserable. Autónomos en el comercio o la restauración que sus propios trabajadores están cobrando más y cotizando más que ellos mismos. Hace falta un cambio radical. Al final los autónomos y la pequeña empresa son los que acaban aguantando la clase media y eso es lo que nos estamos cargando.
¿Cuál es el sentir empresarial con las revisiones de las ayudas concedidas durante la covid?
En primer lugar, satisfechos porque en su momento se repartieron 855 millones de euros, la mayor subvención de la historia de la democracia y a fondo perdido. Pero vamos muy lentos con las revisiones. No hay tantos expedientes para haber tardado tantos años. Esa es la primera crítica. Y eso es culpa tanto del equipo de gobierno anterior como del actual. Las empresas que hicieron un mal uso tienen que devolver el dinero, pero es que ya parece que hay una persecución, una caza de brujas. Hemos visto algún expediente que por criterios formales se generan dudas y se obliga a devolver las ayudas. Si esto sigue este camino, veremos muchos contenciosos administrativos. Creo que la Administración deben mirar esto con flexibilidad. Creo que no tiene mucho sentido lo que están haciendo.
Después de haber sido tan críticos con la operación, estarán satisfechos con la fusión frustrada BBVA-Sabadell.
Nos pusimos en contra porque estamos a favor de la competencia. El sector bancario es un oligopolio en el que cada vez hay menos entidades con el paso del tiempo. Todo lo que sea reducir la oferta es malo para las empresas y para los consumidores. Si la OPA hubiera sido al revés nos hubiéramos opuesto igual. Cuantos menos bancos haya, más posición de dominio tienen y, por tanto, peores condiciones ofrecerán. Nosotros nos opusimos, entre otras cosas, porque vimos que el crédito las empresas se reduciría. Esa habría sido una de las primeras consecuencias de la fusión La segunda, un empeoramiento de las condiciones. También habría habido una reducción sustancial del número de oficinas en Baleares, entre 18 y 25 oficinas menos, según un estudio que hicimos. Y eso conllevaba, además, el despido de mucho personal.

