El pasado 17 de junio se celebró en Madrid el Ardbeg Day, la fecha elegida por la comunidad de fanáticos de este single malt (famoso por su acentuado aroma ahumado) para celebrar su flechazo –o crush, como se dice ahora– con este icónico whisky de Islay.
Durante la jornada, entre música y aperitivos, se presentó Ardbeg Dolce, una edición limitada que pretende explorar un nuevo territorio sensorial dentro del universo expandido de esta marca. Por un lado, la robusta intensidad de la turba de Islay; por otro, la inconfundible iconografía de la película La Dolce Vita y el estilo relajado del dolce far niente mediterráneo. Algo así como si Sean Connery, esencia de lo escocés, se fuera de copas (posiblemente en una Vespa de color verde pastel) con Marcello Mastroianni, el gran icono del cine italiano.

Para equilibrar y combinar la poderosa turba atlántica de Islay con esa soleada dulzura siciliana del sur, el Ardbeg Dolce ha sido madurado en barricas de Marsala –el característico vino fortificado siciliano– para lograr un single malt evocador, donde las notas de naranja madura, albaricoque y mermelada cítrica abren paso a capas más profundas de chocolate negro, frutos secos tostados, aceitunas y un humo suave pero persistente.
Inspirado en la estética y el imaginario del cine italiano de los años 60 (Fellini, Visconti, Dino Risi…) desde la mirada salvaje e inconfundible de Islay, este lanzamiento propone un diálogo entre dos mundos aparentemente opuestos: el glamour mediterráneo y la crudeza natural de la isla escocesa. Un contraste que se traduce tanto en el perfil aromático del whisky como en su narrativa visual y experiencial.

