Este sábado, 11 de julio, Alejandro Talavante ha vuelto a hacer el paseíllo en Teruel, después de una primera mitad de temporada en la que ha firmado algunos de los hitos más destacados del año. Cuando visitó Forbes House venía de torear la víspera en Las Ventas, en una Corrida de Beneficencia marcada por el diluvio y en la tarde número diecinueve de «no hay billetes» en Madrid, algo inédito en la historia de la plaza. Además, acababa de abrir su séptima Puerta Grande venteña el primer día de la feria y de ser elegido por la prensa especializada como el gran triunfador de San Isidro 2026. Allí conversó con Andrés Rodríguez, presidente del club y editor de esta revista, y con algunos de los asistentes. Reproducimos aquí lo que dio de sí la charla.
¿Cuáles son tus primeras impresiones de esta última corrida en Las Ventas con ese diluvio?
Situaciones así yo creo que un torero está preparado para superarlas, porque desde niño tienes una educación basada en el sacrificio. Una vez que estás delante del toro, entras en una concentración absoluta.
¿Te afectó que casi no hubiera público?
No, porque los olés sonaban fuertes, como si estuviera la plaza llena. Pero sí resultaba curioso: una Corrida de Beneficencia, con la expectación que había, y a la mitad parecía casi una corrida fuera de temporada, en agosto. La gente que se quedó estuvo muy metida. Fue una pena que, por las dificultades del ruedo, en los tres últimos toros no estuviéramos acertados con la espada, porque el terreno daba mucha inseguridad.
¿Qué te preocupaba más: tus resbalones o los del toro?
Tienes que tener en cuenta los dos. No solo los tuyos, sino saber que el animal puede hacer algún extraño debido al piso. Pero ahí estás tan concentrado que empiezas a asumir todas esas condiciones y te adaptas. Cuando volví al hotel y me enseñaron algún vídeo de la faena, no daba crédito a que hubiéramos podido torear en esas condiciones. Había momentos en los que te sentías como en una pista de hielo.
Además, te cortaste la mano.
Sí. Con el agua, se me olvidó secarme bien la mano y resbaló. Me fui por la hoja con la mano y me he hecho un corte importante, pero no me ha afectado al tendón. Es superficial.

Volvamos al 8 de mayo. ¿Qué recuerdos tienes de esa Puerta Grande?
Muy bonitos. Desde que vi salir al toro tuve una sensación tremenda con él y prácticamente me pude olvidar de que estaba en un sitio tan impresionante como Las Ventas. Sentía como que estaba solo, toreando para mí. Creo que por eso transmitió tanto: porque pude hacer una faena completamente natural, sin los nervios que te produce esta plaza. Cuando eres capaz de evadirte de todo eso, transmites más.
¿Cuánto impresiona Las Ventas?
Impresiona. Pero acojona más el toro. El toro es lo que realmente da miedo. Y el que sale aquí es un toro muy serio, quizás el más serio de cualquier plaza del mundo. La presión es máxima porque sabes que este mes están todos los aficionados pendientes de lo que sucede en Madrid. Y lo que sucede en Madrid marca mucho el rumbo de la temporada.
¿Cómo afecta a tu temporada el triunfo del 8 de mayo?
Para bien. Tenía una temporada bastante bien planteada, pero esto reafirma más tu estatus como base de las ferias. Cuando haces una feria, los empresarios quieren contar contigo porque la afición se mueve por ir a verte. Pero yo le he dicho a mi apoderado que no coja todas las corridas que vengan, porque no puedo. El año pasado hice 65 tardes, un número muy alto con la exigencia que hay hoy en día. Más de 40 tardes ya es una responsabilidad no solo mental, sino física, enorme.
Te representa Simón Casas. ¿Qué ha cambiado en vuestra alianza?
Tenemos una muy buena relación. Empecé con él sin conocerlo como lo conozco ahora. Tenía mis dudas de que todo fuese a salir tan bien, pero nuestras personalidades han encajado. Simón es un hombre completamente volcado en su faceta de apoderado conmigo. Tiene carisma, le cae bien a la gente y eso es importante en un representante. Tiene muchísima experiencia y ha tenido la valentía de hacer cosas diferentes.
¿Cómo vives una temporada con Morante en este momento de repercusión?
Yo con él tengo una relación muy buena, que se reforzó mucho cuando nos apoderó la FIT, la empresa mexicana, en 2015 y 2016. Convivimos mucho y aprendí muchísimo con él. Yo siempre le había admirado, desde niño. Le veía especial y diferente, y sabía que en cualquier momento su figura iba a romper. Hace tiempo que aprendí a no medirme con los demás, tampoco con él. Pero sí me motiva torear con él. Creo que somos dos toreros que tenemos algo en común: cuando vamos a la plaza, la gente no sabe qué faena va a suceder.


¿Cómo se aprende a no medirse con los demás?
Cuando confías en ti mismo. Cuando sientes que, si tú le sacas el máximo partido a tu talento o a tus condiciones, es difícil que alguien más pueda estar a esa altura.
¿Cuánto dura la satisfacción del éxito?
Nada. Es muy fugaz. Y también la del fracaso. En el toreo, un día estás en la cima y al día siguiente te sale un toro que te vuelve a poner los pies en la tierra.
¿Cuál ha sido tu experiencia en América?
México ha sufrido un revés muy grande con el cierre de la Plaza Monumental. Ha sido un palo bastante fuerte para la afición allí. Ahora, como plazas de referencia, no hay ninguna de temporada. Las plazas que sostienen un país taurino tan importante son Guadalajara y Aguascalientes. Me da pena porque ya no lo veo como cuando llegué allí hace 20 años. Era un país en el que se respiraba muchísimo el toreo y en el que, si las cosas cuajaban bien, podías terminar con una temporada bastante importante.
¿Los toreros notáis en Madrid un cambio de público?
Sí, se nota un cambio grande. Hay muchísima gente joven, que a lo mejor todavía no tiene tanta experiencia taurina. Eso, en la masa, se nota. Pero yo creo que es bueno. El ambiente que se ha generado, con tantas veces la plaza llena, es muy positivo. Estoy convencido de que ese público joven algún día tendrá la misma experiencia que nosotros y a lo mejor será más moderado. O eso espero.
Se habla mucho de cómo se viven las puertas grandes en Madrid. Tú llevas siete. ¿Cómo lo ves?
Siempre han sido tumultuosas, todo el mundo se quiere quedar con un detalle del traje. Para el que sale a hombros es incómodo, hay veces que te da hasta miedo. Cuando estás enfilando el túnel dices: “Madre mía, tengo que pasar por ahí, lo que me queda hasta la furgoneta”. Pero no creo que se pierda el respeto al torero. Hay personas que te saludan con muchísimo respeto y otras que, por la emoción de verte, reaccionan de otra manera. Si se desata la euforia en el público, es lógico que sea difícil controlarlo.
Hay quien dice que Madrid es la primera plaza de España y Sevilla la primera del mundo. ¿Qué opinas al respecto?
Las dos plazas son muy significativas para el mundo taurino y no hay que quedarse con una ni con otra. Cada una tiene su potencial y también su momento en la temporada. Sevilla da toros en abril y Madrid en mayo. Son dos ferias que marcan la carrera y la temporada de un torero. Ambas aportan mucho.

Este año vas a la Feria de Alicante también como ganadero. ¿Cómo vives esa otra faceta?
La ganadería es mi pasión. Es algo que me llena muchísimo y que también, como torero, me ha dado conocimiento del toro y me ha aportado mucho. Ahora, estando en activo, estoy lidiando solo novilladas, pero cada vez que lidio una lo paso muy mal. Creo que estoy más preocupado con la novillada que con la corrida que toreo. Como ganadero, lo que nos hace diferentes a unos y a otros es la sensibilidad para elegir los animales que van a formar la base genética de tu ganadería. Es una alquimia muy complicada, en la que tienes que imaginar algo que vas a ver dentro de cinco años. Yo estaba enamorado de una idea de toro y estoy siendo capaz de implementarla.
¿Qué significó Corbacho [su mentor y apoderado] en tus comienzos?
R. Fue una persona fundamental en mi vida taurina. Tenía una visión diferente de esta profesión. Apostaba por la dignidad por encima de cualquier circunstancia, incluso aunque fueran hostiles o difíciles, y decía que había que preparar la mente para eso. Yo me lo creí, me fui a vivir con él con 17 años y a día de hoy sigo entrenando igual que cuando estaba con él. También me enseñó que un torero tenía que ser capaz de contar sus sensaciones, transmitirlas bien con la palabra, expresarse bien, tener personalidad.
Después de un triunfo, ¿lees redes o prensa? ¿Cómo es volver al hotel?
Cuando llegas al hotel te quitas el traje, te metes en la ducha y te sientes hasta como vacío. Después de haber estado en un punto tan alto de euforia, el bajón es grande. Últimamente, cuando sucede algo bueno, me apetece disfrutarlo tranquilo o lo más solo posible. Trato de tenerlo ahí el recuerdo de lo que ha sucedido, como un tesoro, e ir saboreándolo poco a poco. Respecto a redes y comentarios, cuando era más joven estaba más pendiente. Ahora estoy casi convencido de que sé lo que dicen sin leerlos, porque sé más o menos el tono de cada tarde y la sensación que queda.
¿Cómo se gestiona una cuadrilla?
Es complicado. Tienes que dar con un equipo en el que te sientas arropado y comprendido, muchas veces casi sin hablar, solo con la mirada. Llegar a ese punto de confianza es muy difícil y muy importante. La cuadrilla, a lo largo de una temporada, te da muchísimo aliento. Ese saber que, dentro de lo que cabe, no estás tan solo como te sientes muchas veces. Porque un torero llega a sentirse muy solo con la presión que tiene todas las tardes.
¿Cómo entiendes el valor?
Me gusta el valor de lo que es posible. Hasta donde es posible. Pero si es imposible, creo que puede llegar a ser hasta tremendismo. Hay veces que se puede tapar la calidad haciendo un alarde de valor, y ese es el valor que a mí no me gusta tanto. Prefiero el valor sereno, el que apuesta por la calidad.

