El mercado laboral ha asumido, durante años, que el talento siempre acaba encontrando su sitio. Que los mejores perfiles, de una forma u otra, terminan llegando a las oportunidades adecuadas. Pero la realidad es bastante más compleja. Ángel Sáenz de Cenzano, director general de LinkedIn en España y Portugal, lo resume con una idea clara: “el talento está en todas partes, pero la oportunidad no”. Una afirmación que cuestiona directamente cómo empresas y profesionales han entendido tradicionalmente los procesos de selección y desarrollo.
Su reflexión forma parte del segundo episodio de Open C, el podcast impulsado por la consultora tecnológica Performanze, un espacio de conversación con directivos que aborda cómo están evolucionando las organizaciones. En esta ocasión, la conversación –dirigida por Alejandro Baca– se centra en el talento y en cómo la tecnología está redefiniendo el acceso a las oportunidades.
Porque, más allá del discurso habitual, el problema no parece estar tanto en la falta de profesionales cualificados como en la capacidad de detectarlos. De hecho, según explica el directivo, una parte significativa de los candidatos que podrían encajar en una posición ni siquiera llega a ser vista en los procesos de selección. «El 84% de los candidatos válidos para satisfacer ofertas de empleo no son identificados», señala.
Es ahí donde la tecnología empieza a jugar un papel diferente. No como sustituto, sino como herramienta para ampliar el acceso a oportunidades. Frente a modelos centrados exclusivamente en la experiencia o la trayectoria, el foco se desplaza hacia las habilidades. «El profesional deja de ser solo un set de tareas y empieza a ser también un set de habilidades». Un cambio que permite identificar perfiles que antes quedaban fuera del radar.
Ese nuevo enfoque obliga también a replantear qué entendemos por talento. Lejos de ser una cualidad única o estática, se trata de una combinación de capacidades, actitud y desarrollo continuo. «El talento no es una sola cosa, es un compendio de cosas», apunta Sáenz de Cenzano. Y de ahí que la capacidad de adaptación y la voluntad de aprendizaje adquieran un peso cada vez mayor.
A medida que la inteligencia artificial gana presencia en el entorno profesional, además, determinadas habilidades humanas empiezan a cobrar más valor. La curiosidad, la creatividad, la capacidad de comunicación o la empatía se consolidan como elementos diferenciales en un contexto cada vez más automatizado. «La actitud es absolutamente diferencial», resume el entrevistado.
Así las cosas, el reto para las organizaciones no pasa solo por incorporar nuevas herramientas, sino por revisar cómo identifican, desarrollan y conectan el talento con las oportunidades. Un proceso en el que, más allá de los datos o los algoritmos, sigue siendo clave entender a las personas.
Detrás de Open C está Performanze, una consultora tecnológica especializada en negocio y transformación digital, que utiliza este formato para trasladar al terreno de la conversación su forma de entender cómo están evolucionando las organizaciones. El episodio completo con Ángel Sáenz de Cenzano ya está disponible.

