Hay periodistas que cuentan la actualidad y otros que ayudan a entender cómo se cuenta. Álex Grijelmo lleva más de cuatro décadas dedicado a ambas tareas. Ha explicado el mundo desde las redacciones, ha dirigido equipos, ha impulsado instituciones fundamentales para el periodismo en español y, sobre todo, ha enseñado a varias generaciones que las palabras nunca son un detalle menor.
Por eso su elección como nuevo miembro de la Real Academia Española trasciende el reconocimiento individual. La llegada de Grijelmo a la silla ‘o’ supone la entrada en la institución de una de las figuras que más ha contribuido a acercar la lengua a los ciudadanos, a reivindicar el valor de la precisión lingüística y a recordar que la calidad democrática también depende de la calidad del lenguaje.
Nacido en Burgos en 1956, su trayectoria profesional ha estado estrechamente ligada a la evolución de los medios de comunicación en España. Comenzó en Europa Press a finales de los años setenta y poco después inició una larga etapa en El País, donde desempeñó numerosas responsabilidades editoriales y dejó una huella especialmente relevante como responsable del Libro de Estilo, una referencia que marcó a generaciones de periodistas.
Su carrera avanzó paralelamente a la transformación del sector. Desde posiciones de dirección editorial impulsó proyectos periodísticos en distintos ámbitos, pero fue al frente de la Agencia EFE donde desarrolló una de las etapas más influyentes de su vida profesional. Entre 2004 y 2012 lideró la principal agencia de noticias en español, fortaleciendo su proyección internacional y promoviendo iniciativas que hoy forman parte del ecosistema informativo de la lengua española.
Entre ellas destaca la creación de la Fundación del Español Urgente, conocida hoy como FundéuRAE, una institución que se ha convertido en referencia para periodistas, comunicadores y ciudadanos a la hora de resolver dudas lingüísticas y adaptarse a los cambios permanentes del idioma.
La relación de Grijelmo con el español nunca ha sido exclusivamente académica. Su aportación más valiosa quizá haya consistido en tender puentes entre la lingüística y la vida cotidiana. Lo ha hecho desde los medios, desde las aulas y también a través de una extensa obra ensayística que suma más de una decena de libros dedicados al lenguaje, la comunicación y el periodismo.
Sus obras han conseguido algo poco habitual: convertir cuestiones aparentemente técnicas sobre gramática, estilo o comunicación en asuntos accesibles para el gran público. Gracias a ese trabajo divulgativo, conceptos complejos han llegado a lectores que jamás se habrían acercado a ellos desde un enfoque estrictamente académico.
A lo largo de los años ha recibido algunos de los principales reconocimientos del periodismo y la cultura española, entre ellos el Premio Miguel Delibes, la Antena de Oro, el Premio Castilla y León de Humanidades o el reconocimiento de Archiletras por su labor divulgadora. Distinciones que reflejan una trayectoria construida sobre una idea sencilla pero exigente: utilizar las palabras con responsabilidad.
Su incorporación a la RAE llega en un momento especialmente relevante para el idioma. La revolución digital, la inteligencia artificial, las redes sociales y la transformación de los hábitos de comunicación plantean desafíos inéditos para una lengua hablada por cientos de millones de personas en todo el mundo. Un contexto en el que la experiencia de alguien acostumbrado a analizar la relación entre lenguaje, información y sociedad adquiere un valor singular.
Pocas figuras reúnen como él la doble condición de periodista y estudioso del idioma. Pocas han dedicado tantos años a explicar por qué una palabra mal utilizada puede alterar un mensaje, una noticia o incluso una conversación pública.
Porque si algo ha defendido Álex Grijelmo durante toda su carrera es que las palabras importan. Importan cuando informan, cuando educan, cuando persuaden y cuando construyen realidad. Ahora, desde la Real Academia Española, seguirá participando en esa tarea que ha definido buena parte de su vida profesional: cuidar una lengua que hablan más de 600 millones de personas y recordar que el mejor periodismo empieza siempre por el respeto a las palabras.

