La tecnología sanitaria está presente en todo el proceso asistencial, siendo una herramienta imprescindible para la prevención, el diagnóstico y el tratamiento de las enfermedades. Tanto los productos como los equipos sanitarios nos acompañan desde incluso antes de nacer con las primeras ecografías hasta el fin de nuestros días, cuando necesitamos una silla de ruedas para movernos o una máquina de oxígeno que nos dé soporte vital.
En España, cerca de mil empresas tienen el propósito de desarrollar avances en este tipo de tecnología que mejoran la esperanza y calidad de vida de las personas. Y este esfuerzo innovador es palpable. No es necesario remontarse muchos años para ver cómo ha evolucionado la tecnología sanitaria. Hoy tenemos un sistema sanitario que ofrece diagnósticos y tratamientos más precisos y personalizados. Un sistema más digital, que permite que los profesionales sanitarios tomen decisiones disponiendo de muchísimos datos e información de sus pacientes, pacientes monitorizados y controlados remotamente en sus trabajos y domicilios, pacientes que conviven con sus enfermedades con mejor calidad de vida. En definitiva, podemos afirmar con orgullo que la tecnología sanitaria ha transformado los sistemas sanitarios y los cuidados de las personas.
Pero el impacto no solo es sanitario, también somos un motor económico, industrial y social para España. El sector genera una facturación cercana a los 18.000 millones de euros, de los que 5.000 son en exportaciones, y una aportación y valor superior a los 11.600 millones de euros al PIB nacional, actuando como un motor de crecimiento económico directo e indirecto.
Cada euro generado por esta actividad produce un efecto multiplicador adicional sobre la economía española, concretamente, cada euro que se invierte en tecnología genera 1,27€ a la economía española. Además, creamos más de 55.000 empleos directos y otros 86.000 indirectos en nuestro país. Y cabe destacar, que el empleo que se crea es de calidad y altamente cualificado. El 96% de los contratos son indefinidos y duplicamos la inversión por empleado en comparación con la media de la economía española.
Uno de los principales activos de esta industria es su ADN innovador. La tecnología sanitaria es uno de los sectores más intensivos en innovación, con una capacidad constante para generar soluciones que mejoran los resultados en salud, aumentan la eficiencia del sistema sanitario y contribuyen a su sostenibilidad.
Esta innovación no surge de manera espontánea: requiere inversión (concretamente 264 millones anuales directos en España), talento, colaboración público-privada y, sobre todo, un entorno regulatorio y de contratación que facilite su incorporación efectiva al sistema sanitario. Esta apuesta se traduce en un elevado dinamismo innovador, reflejado en materia de propiedad industrial, ya que ocupamos el segundo puesto en el ranking nacional de registros de patentes.
Toda esta innovación supone un reto para nuestro sistema sanitario que debe incorporarla de la forma más ágil posible y la contratación pública, a menudo, supone un freno que debemos vencer. Es por ello que la contratación pública se convierte en una herramienta estratégica de primer orden. Apostar por modelos de compra pública basada en valor no es una opción, sino una necesidad estructural. La compra de tecnología sanitaria debe orientarse a la calidad, identificar y facilitar la incorporación de la innovación y de las tecnologías de calidad, en detrimento de visiones meramente economicistas y cortoplacistas que conducen a mayores costes a medio y largo plazo, peores resultados en salud y una menor capacidad de atracción de innovación.
La compra por valor permite evaluar las tecnologías en función de su aportación global: calidad, resultados clínicos, eficiencia, sostenibilidad, ciclo de vida o impacto organizativo. Este enfoque alinea los intereses del sistema sanitario, de los profesionales, de los pacientes y de la industria, y es coherente con la visión de un sistema sanitario moderno, resiliente y orientado a resultados.
Junto a la innovación y la compra por valor, España debe dar un paso decidido hacia la autonomía estratégica en el ámbito sanitario. La pandemia y las tensiones geopolíticas recientes han puesto de manifiesto la vulnerabilidad de las cadenas globales de suministro y la dependencia de terceros países en productos críticos. Reforzar la capacidad industrial, productiva y logística de la tecnología sanitaria en España y en Europa no es una cuestión proteccionista, sino una política de seguridad sanitaria y económica.
Para que esta autonomía sea viable, es imprescindible garantizar marcos estables, previsibles y competitivos. En este sentido, uno de los grandes retos actuales es la viabilidad de los contratos públicos en un contexto de inflación, volatilidad de la economía, escasez de materias primas y encarecimiento de los costes logísticos. La ausencia de mecanismos efectivos de reequilibrio de los contratos públicos traslada todo el riesgo a las empresas, comprometiendo la sostenibilidad de los contratos y, en última instancia, el acceso a la tecnología.
La indexación de los contratos públicos de tecnología sanitaria se revela, así, como una herramienta clave e imprescindible para preservar la viabilidad de los contratos, asegurar la concurrencia y la competencia, y sobre todo, para evitar desabastecimientos de la industria española en mercados globales. Debemos dotar a los gestores sanitarios y al sistema sanitario de reglas que reflejen la realidad económica y permitan planificar a medio y largo plazo en un entorno incierto.
España no se enfrenta a una oportunidad, se enfrenta a la necesidad de prepararse a un entorno complejo donde sectores esenciales como el de tecnología sanitaria debe tener competitividad. Cuenta con un tejido empresarial innovador, con talento, con vocación exportadora y con una estrecha colaboración con el sistema sanitario. Si se reconoce a la tecnología sanitaria como lo que realmente es —una infraestructura estratégica de país— y se acompaña con políticas de compra por valor, apoyo a la autonomía estratégica e instrumentos como la indexación contractual, España puede posicionarse como un referente europeo en innovación sanitaria.
Invertir en tecnología sanitaria no es solo invertir en salud. Es invertir en competitividad, en resiliencia y en futuro. Y esa es, hoy más que nunca, una decisión estratégica de país.
Por Jorge Huertas, presidente de la Federación Española de Empresas de Tecnología Sanitaria (Fenin)

