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José María Ortiz Ibarz, rector de la Universidad Nebrija: «El modelo educativo es una brújula, no una hoja de ruta cerrada»

La institución encara una nueva etapa en un momento marcado por la transformación del sector, la competencia global y la necesidad de adaptar su oferta a nuevas formas de aprendizaje.

La universidad atraviesa un momento de transformación profunda, en el que ya no basta con transmitir conocimiento, sino que se exige anticipar hacia dónde se mueve el mercado y cómo evolucionan las formas de aprendizaje. La irrupción tecnológica, la internacionalización del talento y una competencia cada vez más global están redefiniendo las reglas del sector, obligando a las instituciones a revisar tanto sus programas como sus modelos docentes.

En esta nueva etapa, la Universidad Nebrija, con José María Ortiz Ibarz al frente del rectorado, refuerza su apuesta por la formación en inglés, el desarrollo de titulaciones en áreas emergentes, los dobles grados y los modelos más flexibles, como los programas online, para adaptarse a un entorno en constante cambio.

Este curso asume el rectorado en un momento de transformación del modelo universitario. ¿Cuáles diría que son hoy las prioridades estratégicas de Nebrija?

Nebrija está cerrando un periodo estratégico que ha supuesto un salto relevante en su posicionamiento dentro del sector. Ahora el foco está en prepararnos para los próximos retos y consolidar un crecimiento sostenido. Más allá del contexto regulatorio, los grandes desafíos para la educación superior vienen marcados por los cambios tecnológicos, demográficos y sociales. Por eso, nuestra prioridad es la captación y el desarrollo de talento versátil, innovador y con vocación emprendedora: talento docente, investigador y de gestión.

La universidad refuerza su posicionamiento internacional con nuevos bachelors íntegramente en inglés. ¿Qué papel juegan estos programas dentro de esa estrategia?

La internacionalización ha sido siempre una de nuestras señas de identidad, y hoy se da en un contexto especialmente favorable. Madrid se ha consolidado como una de las principales ciudades europeas para estudiar en inglés y como un polo de atracción de talento internacional. En ese contexto, apostamos tanto por la capacitación profesional y lingüística de los estudiantes que llegan como por la formación de quienes eligen la ciudad por su dinamismo y proyección global. Para responder a esa demanda, estamos ampliando nuestra oferta con nuevos grados íntegramente en inglés, como Economía Internacional, Administración de Empresas, Comunicación y Medios Digitales, Empresa y Tecnología o Filosofía, Política y Economía.

En paralelo, están impulsando titulaciones muy vinculadas a la transformación tecnológica —como Inteligencia Artificial, Lingüística Computacional o Ingeniería Biomédica—. ¿Cómo se decide en qué áreas crecer?

Tratamos de estar muy atentos a las tendencias sociales y de articular respuestas formativas que incorporen una mayor transversalidad entre áreas de conocimiento. Esto se traduce en un crecimiento decidido de la oferta académica en distintos ámbitos. Por un lado, impulsamos titulaciones vinculadas a la transformación tecnológica; por otro, estamos ampliando áreas como la ingeniería —con programas como Ingeniería de la Energía e Ingeniería Aeroespacial— y las ciencias de la salud, donde prevemos incorporar grados como Farmacia o Veterinaria.

En paralelo, acompañamos ese desarrollo con el impulso de la investigación y la creación de nuevos programas que nacen de ese trabajo previo en investigación. Es el caso de Ciencia Cognitiva, que conecta disciplinas como la psicología, la lingüística, la ciencia de datos o la neurociencia para abordar desde una perspectiva transdisciplinar cuestiones como la salud mental o el comportamiento.

La relación entre universidad y empresa es cada vez más estrecha. ¿Hasta qué punto esa conexión está influyendo en el diseño de los programas?

Estamos muy atentos a las demandas del mercado, tanto en los procesos de admisión como en el acompañamiento durante las prácticas profesionales. Los acuerdos de colaboración con empresas e instituciones nos proporcionan una información muy valiosa para adaptar la oferta formativa. A ello se suma el trabajo de los consejos asesores de cada Facultad, que nos permite conocer de primera mano las necesidades de cada sector. De este modo, no solo ajustamos los programas académicos, sino que también desarrollamos un volumen creciente de formación in company para empresas e instituciones.

La apuesta por dobles grados se ha extendido en muchas universidades. ¿Cuándo aporta este formato realmente valor?

En el ámbito de las ciencias sociales, los dobles grados atraen a perfiles muy exigentes y amplían sus oportunidades de empleabilidad. No se trata de una mera yuxtaposición de titulaciones. El aprendizaje está cada vez más orientado a retos, lo que permite a los alumnos abordar los problemas desde perspectivas complementarias y obtener un impacto formativo mayor que en un itinerario secuencial (primero hacer un grado y después un máster). Además, incorporan elementos diferenciales, como la microcredencial Nebrija NextGen Talent, programas de desarrollo de competencias o una estancia internacional (Canadá, USA, Singapur, Hong Kong o Shanghai) al finalizar los estudios.

La flexibilidad se ha convertido en un factor clave, especialmente con el crecimiento de la formación online. ¿Cómo encaja el modelo de Educación Digital dentro del proyecto académico de Nebrija y qué papel juega en su proyección internacional?

Nebrija es una universidad que integra formación presencial y virtual, y queremos que siga siendo así. Para ello, nos hemos dotado de herramientas que permiten flexibilizar el aprendizaje y adaptarlo al ritmo de cada estudiante. Cada vez contamos con más programas online —virtuales o híbridos— porque responden a una demanda creciente de los alumnos. En ese sentido, buscamos ofrecer una mayor flexibilidad, tanto en los formatos como en los momentos de incorporación a los programas. A medio plazo, creemos que la enseñanza presencial será el espacio donde innovar, trabajando de forma directa con los distintos agentes del sector, para después trasladar y escalar esos avances a los entornos híbridos y online.

Más allá del formato, ¿qué cambia realmente en la experiencia del alumno cuando la formación es flexible?

Adaptarse al ritmo de aprendizaje de cada alumno exige combinar metodologías muy diversas. No todos aprenden igual, y por eso es necesario integrar enfoques que van desde el aprendizaje basado en proyectos o en retos hasta modelos más analíticos, como el aula invertida o el aprendizaje basado en investigación. En ese equilibrio está la clave: activar distintos estilos de aprendizaje dentro del aula. Y, en gran medida, conseguirlo depende de la capacidad y la implicación del profesor. Enseñar bien, en ese sentido, es un arte.

¿Qué diría que define hoy el modelo Nebrija y hacia dónde quiere evolucionar en los próximos años?

En Nebrija, el proyecto empresarial está al servicio del proyecto educativo. Ese es el principio que define nuestro modelo. A partir de ahí, hemos construido una oferta académica amplia, con un enfoque generalista, que ha ido creciendo en distintas áreas de conocimiento, formatos e idiomas, siempre con el objetivo de formar perfiles preparados para un entorno cambiante. De hecho, ese crecimiento sostenido y rentable nos ha permitido prácticamente doblar el volumen de actividad en los últimos siete años.

Este desarrollo se apoya en una cultura basada en valores como la exigencia, el compromiso y la generosidad, y en una apuesta constante por la innovación, la internacionalización y la empleabilidad. Más que una hoja de ruta cerrada, entendemos el modelo educativo como una brújula que nos guía en un entorno cada vez más dinámico e impredecible.

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