Baleares

Los jardineros del Mediterráneo trabajan bajo el agua: así intenta Formentera salvar su Posidonia

MSC Foundation y la asociación Vellmarí impulsan uno de los proyectos de restauración marina más ambiciosos de Baleares para recuperar la Posidonia oceánica.

Las praderas de Posidonia oceánica son esenciales para la biodiversidad marina y la transparencia de las aguas de Formentera. Foto: Instagram.

Mientras millones de personas miran cada verano las aguas turquesas de Formentera desde barcos, playas o chiringuitos, bajo la superficie ocurre algo mucho más importante. Hay buceadores plantando Mediterráneo.

Con movimientos lentos, casi quirúrgicos, equipos submarinos trabajan desde hace meses reintroduciendo brotes de Posidonia oceánica en zonas degradadas del Parque Natural de Ses Salines de Ibiza y Formentera. Lo hacen metro a metro, planta a planta, intentando reconstruir uno de los ecosistemas más valiosos –y también más amenazados– de Baleares.

El proyecto, liderado por la asociación Vellmarí junto a MSC Foundation, se ha convertido ya en una de las grandes iniciativas de restauración marina del Mediterráneo español. Y no se trata solo de conservación ambiental. Lo que está en juego es mucho más profundo: el equilibrio ecológico que sostiene la propia belleza de las islas. Porque la Posidonia no es simplemente una planta submarina. Es el motivo por el que el mar de Formentera tiene ese color imposible.

Las praderas marinas filtran el agua, producen enormes cantidades de oxígeno, capturan CO₂ y funcionan como auténticos bosques submarinos donde viven cientos de especies marinas. Sin ellas, gran parte del Mediterráneo balear sería un fondo árido, menos transparente y mucho más vulnerable a la erosión y al cambio climático.

Un valor estratégico que sigue muy de cerca el sector náutico y publicaciones especializadas como Nautik Magazine, conscientes de que el futuro de la navegación, del turismo y del propio modelo mediterráneo de Baleares depende directamente de la salud de su ecosistema marino.

Los datos explican la urgencia. En apenas un año, el proyecto ya ha logrado trasplantar con éxito más de 15.500 brotes de Posidonia sobre una superficie de 600 metros cuadrados dentro de una zona protegida declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Y el plan va mucho más allá: la alianza entre MSC Foundation y Vellmarí pretende restaurar cerca de 45.000 plantas en 2,5 hectáreas durante los próximos tres años.

Detrás de esta operación se encuentra Manu San Félix, biólogo marino, fotógrafo submarino y explorador de National Geographic, una de las voces más respetadas en conservación marina en España. Lleva décadas estudiando el deterioro de las praderas submarinas baleares y advirtiendo sobre la velocidad a la que el Mediterráneo está perdiendo biodiversidad.

La amenaza es real. En los últimos 50 años, las praderas de Posidonia del Mediterráneo occidental han perdido alrededor de un tercio de su superficie debido al impacto humano: fondeos incontrolados, aguas residuales, presión turística, pesca de arrastre o aumento de la temperatura del mar. Y las consecuencias afectan directamente a Baleares.

La Posidonia no solo genera oxígeno. También protege playas frente a temporales, estabiliza la arena y mantiene la transparencia del agua. De hecho, cerca del 80% de la arena de algunas playas del Parque Natural de Ses Salines procede precisamente de la actividad biológica de esta planta marina.

Sin Posidonia, la imagen del Mediterráneo balear cambiaría radicalmente

El trabajo submarino tampoco es sencillo. Los buceadores fijan cuidadosamente cada brote al fondo marino utilizando sistemas especiales de anclaje que permiten que las raíces terminen asentándose con el tiempo. Bajo el agua no basta con plantar: hay que conseguir que las corrientes no arranquen la nueva vida antes de que logre afianzarse. Y quizá ahí reside la verdadera dimensión del proyecto.

Mientras el Mediterráneo afronta una presión ambiental sin precedentes, Formentera intenta reconstruir silenciosamente aquello que casi nadie ve, pero de lo que depende absolutamente todo. Porque proteger la Posidonia no significa solo salvar una planta marina. Significa proteger el color del agua, la vida submarina, las playas, el paisaje y, en el fondo, la propia identidad del Mediterráneo balear.

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