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Así es la nueva exposición del Prado que explora la huella italiana en el arte gótico español

A través de 102 obras, la muestra explora cómo los modelos italianos fueron adoptados y reinterpretados por artistas hispanos, y cómo este intercambio funcionó también en sentido contrario.

'Virgen de Tobed', de Jaume Serra (1366-69). 'A la manera de Italia. España y el gótico mediterráneo (1320-1420)'. Madrid, Museo Nacional del Prado.

Intensidad, significados, oro y religión. Bienvenidos al gótico. El Museo Nacional del Prado y la Fundación BBVA presentan hasta el 20 de septiembre la exposición A la manera de Italia. España y el gótico mediterráneo (1320-1420), una muestra que revisa la profunda influencia del Trecento italiano en la transformación artística previa al Renacimiento y su especial recepción en los reinos hispanos. La exposición propone una mirada a un periodo clave en el que Italia marcó el ritmo de una renovación estética que se expandió por el Mediterráneo occidental.

Comisariada por Joan Molina Figueras, la muestra reúne más de un centenar de obras de distintas disciplinas -pintura, escultura, orfebrería, manuscritos iluminados, tejidos y bordados- procedentes de instituciones españolas e internacionales. A través de esta selección, se analiza cómo los modelos italianos fueron adoptados, reinterpretados y transformados por artistas hispanos, dando lugar a un lenguaje visual híbrido, sofisticado y profundamente original.

La exposición incluye obras de grandes maestros italianos como Giotto, Duccio, Simone Martini o los hermanos Lorenzetti, junto a creadores hispanos como Ferrer y Arnau Bassa, los hermanos Serra o Miquel Alcañiz. Estas piezas permiten entender un sistema artístico basado en el intercambio continuo, facilitado por las rutas comerciales y culturales del Mediterráneo y por la sensibilidad de los talleres hispanos hacia las innovaciones italianas.

El gótico: un arte circular

Uno de los puntos clave de la exposición es la idea de que las influencias artísticas iban y venían, no en una sola dirección. Esto cuestiona la típica división entre centros “importantes” y periferias “secundarias” en el arte medieval. En lugar de copiar sin más, los artistas de la península reinterpretaron los modelos italianos, mezclándolos con elementos franceses y bizantinos, y creando obras mucho más complejas tanto en lo visual como en lo simbólico.

La muestra también pone el foco en el lado técnico y material de estas obras, especialmente en el uso del oro, los pigmentos y las técnicas combinadas en grandes retablos. Más allá de lo religioso, estas piezas buscaban impactar al espectador: jugaban con la luz, el espacio y los materiales para crear experiencias visuales intensas y llenas de significado.

El recorrido termina con un giro interesante: la influencia también fue en sentido contrario. El caso del pintor toscano Gherardo Starnina lo muestra bien, ya que tras trabajar en Castilla, Aragón y Valencia, llevó a Florencia elementos del estilo tardogótico hispano.Así, la exposición refuerza la idea de fondo. En el Mediterráneo medieval el arte circulaba continuamente, de forma compleja y en ambas direcciones, creando un intercambio cultural muy rico antes del Renacimiento.

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