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El balón del Mundial 2026 se enchufa antes del partido: Adidas consolida la tecnología que se carga como un smartphone

Adidas ha implementado un sistema de carga por inducción magnética, es decir, tecnología inalámbrica.

Foto Adidas.com

Aunque el fútbol ha evolucionado radicalmente en los últimos años, rompiendo con muchas de sus tradiciones, pocos habrían imaginado que llegaríamos a ver un balón clásico capaz de recargarse con batería, exactamente igual que un smartphone. Es el caso de decir que el fútbol moderno ha cruzado una frontera tecnológica donde los utileros ya no solo necesitan infladores, sino también cables y bases de corriente. El balón oficial del Mundial 2026, bautizado como Adidas Trionda, protagoniza una de las realidades más sorprendentes del torneo: se carga en el vestuario exactamente igual que un teléfono celular. Esta escena, que hace unos años habría parecido de ciencia ficción, es hoy el pilar invisible sobre el que se sostienen las decisiones arbitrales más complejas de la FIFA.

Como muestra en un video tvcostaoficial

La explicación detrás de este ritual de carga eléctrica no tiene que ver con el aire de su interior, el cual se introduce de la manera tradicional con una bomba manual, sino con el sofisticado corazón electrónico que esconde en su centro geométrico. El Trionda alberga la evolución de la Connected Ball Technology de Adidas, un sistema que suspende un sensor de movimiento imperceptible mediante un entramado de tirantes elásticos internos. Este chip incluye un giroscopio y un acelerómetro capaces de medir con precisión milimétrica cada impacto, aceleración y rotación de la esfera.

Para que este cerebro electrónico funcione de forma ininterrumpida durante los noventa minutos de juego y las posibles prórrogas, necesita energía. Adidas ha implementado un sistema de carga por inducción magnética, es decir, tecnología inalámbrica. Antes de cada enfrentamiento, los balones oficiales no se guardan en una red común, sino que se colocan cuidadosamente sobre bases de carga dispuestas en las entrañas de los estadios de Estados Unidos, México y Canadá. Cada partido requiere la preparación energética de un lote de aproximadamente 20 balones para garantizar el reemplazo inmediato si uno de ellos sale del terreno de juego.

Las cifras que maneja este dispositivo justifican la necesidad de tener la batería al cien por ciento. El sensor envía datos de posicionamiento a una velocidad asombrosa de 500 veces por segundo (500 Hz) a las antenas instaladas alrededor del campo. Esta velocidad de transmisión permite al sistema de Videoarbitraje (VAR) y a la tecnología de fuera de juego semiautomático detectar el momento exacto en el que el pie del futbolista hace contacto con el cuero. La recopilación masiva de datos determina en milisegundos si un jugador está en posición prohibida o si el esférico rozó la mano de un defensor en una jugada caótica dentro del área.

A pesar de la complejidad de la ingeniería que lleva dentro, el peso del chip se reduce a unos pocos gramos que se compensan perfectamente con el diseño de los paneles exteriores, garantizando que el peso total del esférico se mantenga estrictamente dentro de los 420 a 445 gramos que exige el reglamento de la FIFA. Los futbolistas de élite no notan ninguna alteración en el rebote, la aerodinámica o la trayectoria del esférico al patearlo.

Esta revolución tecnológica, sin embargo, tiene una frontera clara orientada al consumidor general. La multinacional alemana comercializa el diseño estético del Trionda en tiendas de todo el mundo para los aficionados y las ligas locales, pero estas versiones carecen del sensor interno. La experiencia de conectar el balón a la corriente eléctrica antes de salir a jugar al parque sigue siendo, al menos por ahora, un privilegio tecnológico exclusivo de las estrellas que disputan la Copa del Mundo.

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