La presión económica sobre los sistemas sanitarios está obligando a revisar no solo qué tecnologías se incorporan, sino también cómo se utilizan. En el ámbito del diagnóstico por imagen, la resonancia magnética se ha convertido en una herramienta esencial, aunque también supone un intenso consumo energético, mantenimiento e infraestructuras. En este marco, los equipos de resonancia magnética abierta y de bajo campo empiezan a ganar protagonismo y adeptos como una alternativa real para reducir costes, ampliar accesibilidad y aliviar listas de espera.
Sin embargo, todavía existe cierto recelo por parte de los clínicos a la hora de prescribir una resonancia magnética abierta. «Esto ocurre porque los antiguos equipos de resonancia magnética abierta daban muy mala calidad desde el punto de vista diagnóstico, pero tecnológicamente han avanzado mucho, aportan imágenes claras perfectamente válidas», comentó el Dr. Pedro García, radiólogo y director ejecutivo de Clínica Molinón.
Así lo manifestó durante un debate celebrado en el Foro de Innovación en Resonancia Magnética organizado por Fujifilm Healthcare en Madrid. El Dr. García participó junto a otros radiólogos del país: el Dr. Kai Vilanova, radiólogo y director de Resonancia Magnética en Clínica Girona; Vicente Mendoza, ingeniero y subdirector de Gestión y Servicios Generales del Complejo Asistencial Universitario de León; y el Dr. Alfonso García Rosa, coordinador de Programas Asistenciales del Servicio Cántabro de Salud y médico especialista en cirugía general y del aparato digestivo.
Ventajas de la resonancia magnética abierta
Los equipos de resonancia magnética abiertos mejoran el acceso a esta prueba de determinados colectivos: personas con claustrofobia, con problemas de movilidad o que necesitan de sistemas de asistencia respiratoria, con obesidad o pacientes pediátricos, que a menudo necesitan ser sedados para evitar que se muevan durante el tiempo que se realiza la prueba para no tener que repetirla posteriormente.
Según los datos aportados, entre todos suponen más de un 28% de la población, que no puede optar por un sistema de RM cerrada si se le pauta esta prueba.
Pero la principal diferencia de la resonancia magnética abierta respecto a los equipos de alto campo, los cuales predominan actualmente en el sistema sanitario, no es únicamente tecnológica. También es económica y operativa. Los especialistas señalan que estos sistemas tienen un coste de adquisición aproximadamente un 50% inferior y unos gastos de mantenimiento hasta diez veces menores. Además, consumen mucha menos electricidad y requieren menos espacio para su instalación.
Además, a través de esta tecnología podría resolverse alrededor del 80% de las resonancias magnéticas prescritas en España, especialmente en estudios musculoesqueléticos y de columna lumbar.
Equipos para mejorar la sostenibilidad
Uno de los aspectos que más interés despertó durante el encuentro fue la eliminación del helio líquido en los nuevos sistemas de bajo campo. Este gas, fundamental históricamente para el funcionamiento de las resonancias de alto campo, es un recurso escaso cuyo precio se ha multiplicado en las últimas décadas. De hecho, el coste de este componente se ha multiplicado por 10 en los últimos 20 años, y los expertos prevén que seguirá aumentando aún más como consecuencia del actual conflicto bélico en Oriente Medio y la paralización del estrecho de Ormuz.
“La resonancia magnética de bajo campo puede convertirse en un apoyo importante para la sostenibilidad del sistema sanitario”, defendieron varios de los expertos participantes.
Estos equipos abiertos de bajo campo reducen el tiempo de realización de la prueba cerca de un 30%, contribuyendo a aliviar las listas de espera. “Para ello también se necesita preparar a los radiólogos, que normalmente están más habituados a interpretar bien las imágenes aportadas por los sistemas de alto campo, pero no tanto las que vienen del bajo campo”, ha apuntado el Dr. Alfonso García Rosa.
Además, contar con este tipo de sistemas es un gran apoyo cuando los grandes equipos de alto campo tienen que pararse para su mantenimiento técnico: “Cuando esto ocurre, deben paralizarse durante toda una semana, algo que puede convertirse en un problema desde el punto de vista asistencial y de la gestión del flujo de trabajo”, ha recordado Vicente Mendoza.

