Opinión Eugenio Mallol

Dos ‘secretos’ de Emiratos Árabes para ser un hub industrial

El subsecretario de Asuntos de Energía y Petróleo de los EAU, Sharif Al Olama, explica en exclusiva su plan para atraer industria, ser el proveedor energético de la IA, alcanzar los 5 millones de barriles diarios y explotar el hidrógeno verde de Europa.

Sharif Al Olama, subsecretario de Asuntos de Energía y Petróleo de Emiratos Árabes Unidos, durante una entrevista sobre la estrategia industrial y energética del país en plena expansión de la inteligencia artificial y las renovables.

Poco después del anuncio de salida de los Emiratos Árabes Unidos (EAU) de la OPEP, el CEO de la petrolera ACNOD, Ahmed Al Jaber, instaba al sector industrial y a los fondos de inversión de su país a tomar decisiones “audaces”. Pregunto a Sharif Al Olama, subsecretario de Asuntos de Energía y Petróleo de los EAU, en el marco del evento MITTE (Make in the Emirates), a qué se podía estar refiriendo.

“Como país tenemos grandes aspiraciones y grandes planes en lo que respecta a las capacidades industriales”, me responde, “vemos un crecimiento masivo en términos de fabricación de vehículos eléctricos, bicicletas eléctricas, baterías, productos alimenticios, industrias pesadas, tenemos casi todos los sectores cubiertos en los EAU y el apetito es ir por más”. El desierto ha dejado de ser un problema para fabricar.

El secreto de los EAU es doble: una gestión energética diversificada, con enorme peso de las renovables, y la apuesta por la confiabilidad. Son varios los países en todo el mundo que están sabiendo leer el momento actual, propicio para aquellos espacios que garanticen seguridad y buenas relaciones a la economía global, capaces de entenderse con una mayoría de interlocutores. Los EAU quieren ser uno de esos lugares.

Por eso, Sharif Al Olama utiliza como reclamo para captar inversión su “perfecta” ubicación entre el oeste y el este. “Tener capacidades de fabricación en los EAU”, dice, debería facilitar a las industrias satisfacer “diferentes necesidades en regiones distintas”. Un planteamiento calcado al que me hizo hace unos meses Jon Nieman, director de inversiones del poderoso fondo G42, creado en Abu Dhabi: “estamos en medio no solo de un empoderamiento de Medio Oriente, sino también de un empoderamiento de las brechas entre China, EEUU y Occidente, donde desempeñamos el papel de conector”.

Hace cinco años, los EAU lanzaron la ‘Operation 300bn’, cuyo objetivo es alcanzar en 2030 los 300.000 millones de dirhams (28.000 millones de euros) de contribución del sector industrial al PIB, “y estamos muy bien encaminados para lograrlo”, asegura Sharif Al Olama. Su gabinete se ha asociado “con varios sectores privados” y ha creado vehículos de propósito especial (SPV) para impulsar su negocio en el país.

El estribillo de la confiabilidad aparece incluso cuando le recuerdo que los inventarios mundiales de petróleo se acercan a su nivel más bajo en ocho años, según Goldman Sachs, a raíz del conflicto de Irán. Con la crisis actual, en pleno cierre temporal del Estrecho de Ormuz, muchos países se han dado cuenta de lo importante que es la seguridad energética. ¿El daño reputacional que le faltaba a los combustibles fósiles?

Sharif Al Olama insiste: “los EAU históricamente han sido un proveedor de energía muy confiable y responsable, y esto nunca cambiará. Tenemos planes en marcha para aumentar nuestra capacidad de producción a 5 millones de barriles y estamos cumpliendo con lo prometido”.

Ocupar esa posición estratégica, en los goznes del crecimiento económico mundial, permite aprovechar mejor las situaciones de ventaja. ¿Se ven los EAU como uno proveedor estratégico para el aluvión de nuevas infraestructuras de la inteligencia artificial (IA) que se avecinan? “Has dado en el clavo”, responde el subsecretario del Ministerio. “La IA es un gran consumidor de energía”, pero al mismo tiempo desempeña “un papel crítico a la hora de asegurar que la energía se use de forma eficiente”.

Los EAU están implementando IA en “centrales eléctricas, refinerías, instalaciones de fabricación, estamos invirtiendo fuertemente en ello”. También en el propio Ministerio se están introduciendo agentes de IA con los que los empleados públicos se comunican y a los que se encargan “análisis de escenarios y planificación”.

El giro tecnológico puede proporcionar viento de cola al trabajo de gestión energética, el otro secreto de los EAU. Pese a su descomunal reserva de petróleo (113.000 millones de barriles probados en 2025), el país decidió hace 20 años diversificar las fuentes de energía e invertir en renovables. Con el tiempo, el kilovatio-hora de energía solar ha acabado siendo “muy económico, incluso muy competitivo si se combina con baterías”. A mediados de la década de los 2000, eso estaba muy lejos de ser así.

Los EAU cuentan con empresas como Masdar que “ejecutan proyectos en todo el mundo, ya sea eólica o solar”. Han invertido también con “instalaciones nucleares pacíficas” que generan aproximadamente 5,6 MW de energía, y “estamos considerando tecnologías futuras como los SMR [reactores modulares pequeños]”. Esta es su visión del futuro: “habrá una expansión masiva de energías renovables con almacenamiento en baterías”.

El modelo de transición energética de los países occidentales ha sido duramente criticado por líderes políticos y empresariales de Oriente Medio durante los últimos años. El CEO de la saudí Aramco, Rahmat Poudineh, describía el plan de Europa con un «castillo de arena junto al mar». La sensacional inversión en energías renovables de países como China o India no está implicando, ni mucho menos, un efecto sustitución de las fuentes fósiles. Su consumo, de hecho, no deja de crecer. El efecto es sólo de adición.

“Correcto, tienes razón”, comenta Sharif Al Olama. “El modelo es específico de cada país, pero la transición, como habíamos previsto, continúa. Quizás los porcentajes de la ecuación varíen según la región, pero está muy claro que se necesita una combinación diversificada de energías para garantizar la resiliencia”.

Sobre su estrategia para Europa, explica que ha tenido ya “varias buenas conversaciones sobre posibles proyectos piloto” de hidrógeno con socios y gobiernos. “Es prometedor, como fuente de energía que se integrará en la matriz actual, vemos una tendencia que se avecina”.

Muchos dirigentes europeos siguen todavía paralizados por los problemas de producción y, sobre todo, de transporte, del hidrógeno verde. “Por supuesto, quizás sea un poco pronto para analizar su mercado, porque el coste es una barrera, personalmente creo que habrá una transición”, añade Sharif Al Olama, “veremos cada vez más proyectos de hidrógeno azul que irán apareciendo en el panorama, y ​​con el tiempo, a medida que los precios bajen, veremos cómo el hidrógeno verde se impone”.

Buenas noticias para un sector del hidrógeno español que cuenta con buenas tecnologías propias, pero tiene que desplegarse en un entorno repleto de dudas. “Tendrá una cuota de mercado, como cualquier otra fuente de energía, dependerá de su competitividad en cuanto a precio y disponibilidad”. Quizás se trate sólo de conseguir que lo óptimo no ahogue a lo bueno.

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