Víctor Cid Branger y Almudena Güemes Mato, socios fundadores de Espacio Bureau, llevan casi dos décadas compartiendo proyecto en el sector de los eventos corporativos. Se conocieron en 2005, cuando el sector todavía estaba lejos de la profesionalización actual. Lo que empezó como una afinidad profesional en un entorno poco estructurado ha evolucionado hasta convertirse en una empresa consolidada dentro del MICE, capaz de atravesar momentos críticos como la pandemia y de incorporar nuevas líneas de desarrollo, como su tecnología propia a través de Lumentium. Más allá del crecimiento del negocio, su trayectoria plantea una pregunta menos habitual: cómo se construye y se sostiene una sociedad en el tiempo.
Se conocieron en 2005, cuando los eventos en España todavía no tenían el peso actual. ¿Qué vieron entonces —en el sector y el uno en el otro— que les hizo pensar que había algo que construir?
Almudena: El sector estaba muy verde. Había mucho talento suelto, pero poca estructura, pocos procedimientos y una cultura de la improvisación que lastraba la imagen del sector. Yo llevaba años en comunicación y eventos y veía claramente que había un hueco para hacer las cosas de otra manera. Cuando conocí a Víctor, lo primero que pensé es que él también lo veía, en su forma de trabajar y de relacionarse con los clientes. Reconocí en él a alguien con quien merecía la pena construir algo.
Víctor: Donde otros veían desorden, nosotros veíamos oportunidad. Llegué de Caracas con 28 años, con muchas ganas y sin red. Madrid era un mundo nuevo para mí, pero el sector de eventos tiene un lenguaje universal: o amas hacer que las cosas ocurran o no. Almudena era de las primeras. Y el sector en aquel momento era un terreno fértil precisamente porque estaba poco profesionalizado.
Antes de fundar la empresa, hubo un tiempo en el que cada uno siguió su camino. ¿Qué hizo que ese proyecto compartido terminara siendo inevitable?
A: Yo salí del trabajo donde nos habíamos conocido y empecé a construir mi propia estructura. Llevaba unos seis meses sola cuando nos volvimos a encontrar. Y recuerdo esa conversación con mucha claridad: hablamos del sector, de lo que nos frustraba y de lo que creíamos que se podía hacer mejor. No fue una reunión de negocios; fue una conversación entre dos personas que compartían la misma visión. En ese momento entendí que lo que venía después era inevitable.
V: No fue una decisión racional en frío. Fue más bien reconocer algo que ya existía. Teníamos los mismos objetivos, formas de trabajar complementarias y la confianza suficiente para dar el paso. En 2009 fundamos la sociedad y desde el primer mes empezamos a cerrar eventos de hasta 1.500 personas. No fue casualidad, sino el resultado de dos trayectorias que acababan de cruzarse.
Construir una sociedad puede ser relativamente sencillo al principio, pero sostenerla en el tiempo no. ¿Qué momento o decisión ha marcado más su trayectoria como socios y qué aprendieron de ella?
A: Sin duda, mayo de 2013. Llevábamos apenas cuatro meses gestionando Palacio Neptuno, una cuenta que habíamos conseguido con mucho esfuerzo y que suponía un salto importante para nosotros. Surgió un malentendido serio con una clienta, relacionado con la gestión de una feria, que me afectó directamente. En ese momento no teníamos la confianza consolidada con la propiedad del espacio ni la estructura del equipo que tenemos hoy. Los cimientos de la cuenta se tambalearon y, con ello, también nuestra sociedad.
V: Tuvimos una reunión de crisis esa misma tarde. Fue una conversación muy seria, de las que no se olvidan, pero también la más importante que hemos tenido como socios. Ahí quedaron claros los roles, las líneas que no se podían cruzar y el nivel de exigencia que queríamos en nuestro trabajo. Fueron meses duros, recuperando la confianza. Pero esa crisis nos fortaleció de una forma que ningún año bueno habría podido hacerlo.
Hablan de admiración mutua, pero también de momentos de tensión. ¿Hubo algún momento en el que pensaron en separar caminos?
A: Ha habido momentos de presión, como en cualquier sociedad, pero no hasta el punto de plantearnos separar caminos. Sí hemos vivido situaciones externas complejas, pero nunca han tenido un impacto real en la relación, porque la confianza entre nosotros siempre ha estado por encima de cualquier ruido.
V: Creo que la clave está en que somos muy distintos. Almudena es comercial, tiene una capacidad enorme para generar y fidelizar clientes. Yo estoy más enfocado en procesos y en desarrollar nuevas líneas de negocio. Esa diferencia no genera fricción, sino equilibrio. Cuando cada uno tiene claro su papel, la sociedad se refuerza.
La pandemia puso en jaque al sector MICE. En su caso, ¿hubo un momento real en el que pensaron que la empresa no salía adelante? ¿Qué hicieron distinto frente a otros players del sector que no lograron sobrevivir?
A: Sí, hubo un momento real en que lo pensamos. Teníamos proyectos confirmados, equipos comprometidos y proveedores contratados. Todo se canceló de golpe. El golpe no fue solo económico, también emocional. Llevábamos más de diez años construyendo algo y, de repente, el suelo desaparecía. Fue el momento más duro de nuestra historia.
V: Lo que hicimos distinto fue no quedarnos quietos. Pivotamos hacia el evento digital y el streaming de inmediato, cuando todavía nadie sabía bien cómo hacerlo. No era nuestro mundo natural, pero lo hicimos nuestro: plataformas propias, producción con la misma exigencia y equipos técnicos nuevos. Creo que lo que nos salvó fue lo mismo que nos había traído hasta ahí: no aceptar el mínimo. Muchos en el sector esperaron a que pasara. Nosotros decidimos movernos.
En 2021 se incorpora Maite Álvarez como socia. ¿Qué necesitaba la empresa en ese momento y qué cambió a partir de ahí?
A: La empresa necesitaba lo que Víctor y yo no somos: alguien que mirara hacia dentro con la misma exigencia con la que nosotros miramos hacia fuera. Éramos muy buenos captando clientes, produciendo eventos y desarrollando producto, pero la gestión interna había crecido de forma orgánica, casi intuitiva, y tenía un límite. Maite llegó con una mirada de economista, un dominio sólido de las finanzas y una mentalidad de procesos que transformó la empresa. Puso orden en la estructura financiera: control de tesorería, análisis de rentabilidad por proyecto y visibilidad real sobre los números.
V: Implantó un CRM, sistematizó procesos que funcionaban pero que no estaban documentados y nos dio una claridad financiera y operativa que antes no teníamos. Es el tipo de cambio que no se ve desde fuera, pero lo cambia todo. Hoy somos una empresa más sólida, más escalable y con una salud financiera que nos permite tomar decisiones con criterio y no solo con intuición.
Más allá de la gestión de eventos, han desarrollado tecnología propia con Lumentium. ¿Qué peso real tiene hoy esa línea dentro del negocio?
V: Lumentium nació en 2013 a raíz de conseguir la cuenta de Palacio Neptuno, y fue el resultado de una idea que llevaba tiempo desarrollando: el mapping gastronómico en mesa, proyectando contenido directamente sobre las superficies durante los eventos. Lo patentamos en 2014 con nuestras lámparas Table Mapper y creamos una segunda sociedad para explotarlo. Hemos trabajado con clientes como Accenture en el Museo Guggenheim y el proyecto ha sido reconocido en el sector con premios como Eventoplus. En términos de facturación, no es comparable a Espacio Bureau: es una línea más específica, pero crece de forma consistente. Su valor es sobre todo estratégico: nos diferencia y refuerza nuestro posicionamiento.
A: Y no es un reconocimiento menor que Víctor forme parte del jurado de los Premios Eventex, una referencia internacional dentro de la industria. Forma parte de ese circuito profesional y conecta con la posición que hemos ido construyendo en el sector: no solo ejecutamos eventos, también participamos en los espacios donde se marcan estándares.
Después de casi dos décadas compartiendo proyecto, ¿qué sigue siendo irrenunciable para ustedes como socios?
A: Nuestra vida personal, el tiempo de ocio y la paz mental. Suena sencillo, pero es lo más difícil de proteger cuando llevas tantos años en un sector tan exigente como este. Hemos aprendido que una empresa sostenible en el tiempo necesita socios que también lo sean. Y eso implica poner límites, desconectar y recordar para qué construimos todo esto.
V: La honestidad entre nosotros. Sin eso, nada de lo demás funciona. La admiración se puede mantener, los objetivos se pueden alinear y los roles se pueden ajustar. Pero si pierdes la honestidad con tu socio, lo pierdes todo. Para nosotros, eso es irrenunciable.

