La Bolsa española lleva tiempo esperando a que alguien rompa el silencio. Tras un periodo de escasez de estrenos en el parqué, la primera en dar el paso será una ingeniería asturiana nacida en el mundo eléctrico y crecida al calor de las grandes infraestructuras energéticas. TSK encara esta semana la recta final de su salida a Bolsa con una historia que combina empresa familiar y músculo internacional.
Con sede en Gijón, TSK tiene cuatro décadas de historia societaria, 1.500 empleados, actividad en medio centenar de países y una cartera contratada de alrededor de 1.300 millones de euros. Su objetivo en el mercado es captar unos 150 millones mediante una oferta pública de suscripción de nuevas acciones. Este lunes, 11 de mayo, está previsto que se fije el precio definitivo de la operación, paso previo a un debut bursátil el miércoles 13 en las Bolsas de Madrid, Barcelona, Bilbao y Valencia.
Durante meses, el parqué español ha tenido más candidatos en la sala de espera que compañías dispuestas a cruzar la puerta. La volatilidad geopolítica, el encarecimiento del capital y la incertidumbre sobre las valoraciones han enfriado los planes de varias empresas que aspiraban a cotizar. El caso más reciente fue Digi: la operadora de telecomunicaciones decidió el pasado 23 de abril aplazar indefinidamente su salida a Bolsa ante la inestabilidad de los mercados financieros.
La actividad de TSK cruza energía, infraestructuras, digitalización y materias primas estratégicas. Su tesis ante los inversores es clara: el mundo necesitará más electricidad, más redes, más centros de datos, más almacenamiento y más capacidad para manejar minerales críticos. Y aspira a ser una de las ingenierías que construyan esa transición.
Entre sus proyectos figura el desarrollo para Go Energy de TRON, un campus de inteligencia artificial verde e infraestructura hyperscale en Huelva, que la empresa presenta como el primero de Europa de estas características. También la planta de estabilidad de red de Sellindge, en Reino Unido, basada en un condensador síncrono de 60 MVA para reforzar redes con alta penetración renovable.
TSK no es una compañía conocida por el gran público, aunque algunas de sus obras sí hayan saltado al imaginario colectivo. Fue, por ejemplo, una de las empresas que participaron en la instalación del sistema de césped retráctil del estadio Santiago Bernabéu, una solución de ingeniería que permite conservar el terreno de juego en bandejas bajo la superficie del estadio.
Su historia arranca en 1986, a partir de la integración de actividades de ingeniería eléctrica vinculadas al Grupo Erpo. Desde entonces, la compañía ha crecido a golpe de especialización e internacionalización. La adquisición de PHB Weserhütte en los noventa le abrió el negocio de manejo de materiales y minería; más tarde llegaron el salto a renovables, la termosolar, el gas, el agua, las subestaciones, el almacenamiento, la automatización industrial y los centros de datos.
Una empresa familiar
Ese recorrido explica que TSK sea, al mismo tiempo, una empresa de raíces familiares y una compañía esencialmente global. Su principal accionista es Sabino García Vallina, que antes de la operación controla más del 84% del capital y seguirá manteniendo la mayoría tras la ampliación, en torno al 60%, según la estructura prevista de la oferta pública de suscripción (OPS). La salida a Bolsa supone, por tanto, una ampliación de capital para reforzar balance, financiar crecimiento y ganar visibilidad ante clientes e inversores internacionales.
La fotografía financiera reciente ayuda a entender el momento elegido. En 2025, TSK registró más de 1.000 millones de euros de ingresos operativos y un EBITDA cercano a los 100 millones, con una mejora significativa de márgenes respecto a ejercicios anteriores. La compañía llega, además, con oportunidades comerciales superiores a la cartera contratada, y en este sentido el mercado deberá valorar el riesgo de ejecución.
La OPS se ha planteado con una horquilla indicativa de entre 4,45 y 5,05 euros por acción, lo que situaría la valoración de TSK en una banda aproximada de entre 530 y 615 millones de euros, según el precio final y el tamaño definitivo de la operación. El 29 de abril, la empresa comunicó que había amarrado ya el 40% de la financiación que pretende captar con varios inversores, entre ellos Amundi, Janus Henderson, Amundsen Investment Management, DNB Asset Management, Global Income SIC y distintos family offices españoles.
Si la operación culmina según lo previsto, TSK se convertirá esta semana en la primera salida a Bolsa del año en España y en el estreno más relevante en el Mercado Continuo desde Puig en mayo de 2024.

