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Dr. José María Ricart, fundador de IMR: «La medicina estética ha pasado de transformar a regenerar»

El especialista reflexiona sobre cómo la tecnología, la prevención y el criterio médico están redefiniendo el cuidado de la piel y el cabello, desde el abordaje de patologías cutáneas hasta la regeneración capilar.

Hubo un tiempo en el que la medicina estética giraba en torno a la transformación. Sin embargo, hoy el foco se desplaza hacia la regeneración y la prevención, en una forma más consciente de entender la propia imagen. Un cambio que no se queda en lo estético: atraviesa también la dermatología y se refleja en un paciente más informado, tratamientos cada vez más personalizados y una mayor integración entre salud y cuidado de la piel y el cabello. El Dr. José María Ricart, fundador de IMR, centro de dermatología de vanguardia, analiza cómo está evolucionando la especialidad, desde el abordaje de patologías cutáneas hasta los avances en medicina regenerativa y capilar, y el papel de la tecnología, el diagnóstico y el criterio médico en una práctica cada vez más integral.

Durante años, la medicina estética ha estado asociada a la transformación. Pero hoy se habla cada vez más de regeneración. Desde su experiencia, ¿qué ha cambiado realmente en la forma en la que entendemos el envejecimiento?

La medicina estética ha vivido un cambio profundo. Durante años, el objetivo era transformar; hoy el foco está en regenerar. El paciente ya no quiere parecer distinto, sino verse mejor, más descansado y con naturalidad. Este cambio responde al avance de la tecnología y una mayor cultura médica del paciente. Hoy entendemos el envejecimiento como un proceso biológico que podemos prevenir y ralentizar, no solo corregir. Por eso hablamos de calidad de piel, bioestimulación y medicina regenerativa.

Tratamientos como los bioestimuladores, los polinucleótidos o los exosomas autólogos permiten mejorar la piel desde dentro, estimulando colágeno y elastina. La tendencia es clara: menos relleno y más regeneración, con resultados naturales y personalizados. En este contexto, el criterio médico es clave. No todos los tratamientos regenerativos son iguales. El uso de exosomas heterólogos, procedentes de otras fuentes, se está extendiendo en algunas clínicas sin la evidencia ni los controles necesarios, lo que puede suponer riesgos para el paciente. Por ello, la indicación, el origen del producto y la supervisión médica son fundamentales para garantizar seguridad y resultados.

En ese cambio de enfoque, la salud capilar también ha evolucionado. ¿Cómo encajan técnicas como el trasplante capilar sin rasurado en esa nueva demanda de los pacientes?

La salud capilar ha seguido el mismo camino. Antes el trasplante era prácticamente la única solución; hoy el paciente busca primero comprender qué le ocurre y valorar opciones médicas antes de plantear cirugía. El trasplante capilar sin rasurado responde a esa nueva demanda: soluciones discretas, sin impacto en la vida diaria y con resultados naturales. Es una técnica especialmente valorada por pacientes que no quieren modificar su imagen durante el proceso, principalmente mujeres y hombres con pelo largo.

Pero más allá del trasplante, la gran revolución está en la regeneración capilar. Los pacientes buscan recuperar densidad, grosor y calidad del cabello mediante tratamientos médicos personalizados, en muchos casos evitando la cirugía.

En este ámbito, cada vez más pacientes buscan soluciones médicas frente a enfoques más cosméticos. ¿Cómo se está abordando la alopecia y por qué la regeneración capilar está ganando terreno?

La regeneración capilar está ganando terreno porque permite actuar directamente sobre el folículo piloso y mejorar su función. Entre los tratamientos más innovadores destacan los exosomas autólogos, que están marcando un antes y un después en tricología. Estas terapias permiten estimular el crecimiento capilar, mejorar la calidad del cabello y frenar la caída de forma natural. Este enfoque, combinado con diagnóstico tecnológico avanzado y seguimiento médico, permite en muchos casos recuperar densidad capilar y retrasar o incluso evitar el trasplante.

Más allá del envejecimiento, patologías como el melasma, el acné o la rosácea siguen siendo algunas de las más prevalentes en consulta. ¿Qué está marcando hoy la diferencia en su tratamiento?

La diferencia está en la combinación de tecnología, personalización y educación del paciente. Patologías como el melasma, el acné o la rosácea requieren tratamientos médicos precisos y seguimiento continuo. La tecnología dermatológica avanzada, combinada con formulación magistral personalizada, permite obtener resultados cada vez más eficaces. Pero hay otro factor clave: el paciente quiere entender su enfermedad. Cuando comprende su patología, mejora la adherencia al tratamiento y los resultados cambian de forma significativa.

El cáncer de piel sigue siendo una de las principales preocupaciones. ¿Dónde están hoy los principales retos, tanto en prevención como en tratamiento?

El principal reto sigue siendo el diagnóstico precoz. La tecnología y la inteligencia artificial están mejorando la detección temprana, permitiendo identificar lesiones sospechosas con mayor precisión. Además, contamos con tratamientos cada vez más específicos, como la cirugía de Mohs o técnicas láser avanzadas, que permiten tratar las lesiones con buenos resultados funcionales y estéticos. El siguiente paso es reforzar la prevención, apoyarse en la tecnología y mejorar la concienciación para reducir la incidencia y mejorar los resultados.

En paralelo, están ganando protagonismo terapias regenerativas como los exosomas o los bioestimuladores. ¿Qué aportan frente a los enfoques tradicionales y qué criterio debe primar a la hora de utilizarlos?

Las terapias regenerativas suponen un cambio de enfoque frente a los tratamientos tradicionales que se centraban en aportar volumen. Estas técnicas buscan estimular los tejidos para que se regeneren de forma natural. Permiten mejorar la calidad de la piel, su textura, luminosidad y firmeza, con resultados progresivos. Pero el criterio debe ser siempre médico: diagnóstico adecuado, indicación precisa y personalización del tratamiento. Más que en la tecnología en sí, la clave está en saber cuándo y cómo utilizarla.

Se habla cada vez más de una estética “sin huella”, en la que el resultado no se percibe de forma evidente y la prevención empieza antes. ¿Dónde está el equilibrio entre adelantarse al problema y caer en una sobreintervención?

La estética “sin huella” responde a una evolución clara: hoy el objetivo es prevenir y mantener, no transformar. Pero ese equilibrio depende de una indicación médica responsable. El concepto de prejuvenecimiento implica actuar antes de que el envejecimiento sea evidente, siempre con tratamientos sutiles y progresivos. La clave es la naturalidad y la personalización.

Si mira a futuro, ¿hacia dónde cree que evoluciona la dermatología: más tecnología, más personalización o un cambio más profundo en la relación con la salud y la imagen?

La dermatología evoluciona hacia las tres direcciones: más tecnología, más personalización y una visión más global de la salud. La inteligencia artificial y los tratamientos no invasivos marcarán su evolución, junto a un cambio en la relación con el paciente, que busca un enfoque más preventivo y personalizado. El objetivo ya no es solo tratar enfermedades o mejorar la estética, sino acompañar al paciente en el cuidado de su piel, su cabello y su imagen de forma natural y sostenida en el tiempo.

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