Cuando Ben Liu era un joven biólogo computacional que trabajaba en su doctorado en la University of Oxford, desarrolló algunas ideas para nuevos fármacos destinados a tratar el Alzheimer. Tan entusiasmado estaba con su potencial que intentó presentarlos a varias farmacéuticas. Ninguna mostró interés.
“Nos dijeron: ‘Tenemos más medicamentos de los que podemos permitirnos desarrollar’”, cuenta Liu a Forbes. “Un fármaco descubierto no vale tanto.”
Ese rechazo le llevó a una conclusión clave: el mayor problema en la I+D farmacéutica no está en la parte más atractiva —la búsqueda de nuevos descubrimientos—, sino en el largo, duro y costoso proceso de desarrollo clínico, donde fracasa la mayoría de los medicamentos potenciales.
De hecho, aunque el número de candidatos a fármaco casi se ha duplicado en la última década, la cantidad de medicamentos aprobados por la FDA —en torno a 50 al año— apenas ha variado, explica ahora. Y ahí es donde Liu vio una oportunidad única para la inteligencia artificial.
Se trata de una visión contraria a la narrativa dominante, que presenta la IA como la gran revolución para acelerar y abaratar el descubrimiento de fármacos y abrir una nueva era dorada de terapias. Pero ese es un juego a largo plazo. Para Liu, la mayor oportunidad está en transformar los ensayos clínicos. “Lo que creemos que el mundo está interpretando mal es que el descubrimiento de fármacos es el cuello de botella, y hace tiempo que dejó de serlo”, afirma.
En 2016, Liu, ahora de 36 años, se asoció con Linhao Zhang, de 34, un científico informático que había trabajado en el equipo de ingeniería de Oscar Health, para fundar Formation Bio con el objetivo de ayudar a las farmacéuticas a llevar a cabo ensayos clínicos de forma más eficiente y rápida.
Inicialmente, bajo el nombre de Trialspark, la empresa operaba como un servicio: compañías farmacéuticas y biotecnológicas contrataban a Liu y Zhang para gestionar sus ensayos. Pero ahora Liu persigue una ambición mayor: adquirir una cartera de diez fármacos en fases tempranas —muchos de ellos fallidos o estancados en ensayos iniciales— y utilizar la inteligencia artificial para reactivarlos y llevarlos de nuevo al camino del desarrollo.
Hoy, Formation Bio, con sede en Nueva York, cuenta con algunos de los inversores más destacados del mundo apostando por la visión de Ben Liu, entre ellos Andreessen Horowitz, Sequoia, Thrive Capital, el presidente de Kleiner Perkins John Doerr y Sam Altman, de OpenAI. La compañía ha recaudado un total de 615 millones de dólares con una valoración de 1.800 millones. Forbes estima que la participación de Liu supera los 150 millones de dólares, mientras que la de Linhao Zhang supera los 100 millones.
“Tiene el potencial —el potencial— de convertirse en una de esas compañías enormemente relevantes en una industria que apenas ha sido transformada por startups en los últimos 10 o 15 años”, afirma Michael Moritz, inversor multimillonario y ex presidente de Sequoia. Ya en 2016, Liu envió un correo en frío a Moritz con su idea de crear una farmacéutica de nueva generación apoyada en IA. Moritz —quien, según Liu, respondió “en unos 28 minutos”— firmó personalmente el primer cheque de 2,25 millones de dólares.
Actualmente, hay numerosos fármacos potenciales en venta. Esto se debe a que muchas biotecnológicas se han quedado sin financiación para desarrollarlos, en un contexto en el que el flujo de capital se ha reducido.
Las prioridades de las grandes farmacéuticas cambian constantemente, lo que les lleva a recortar inversiones en algunos tratamientos para centrarse en otros. Al mismo tiempo, China se ha convertido en una potencia en innovación farmacéutica, con un creciente número de terapias disponibles para licenciar.
Formation Bio está centrando su estrategia en fármacos que aún no han pasado a ensayos de fase 2. En esta etapa temprana, el riesgo es mayor —solo el 30% tiene éxito—, pero también lo es el potencial de retorno.
Liu confía en que la compañía pueda marcar la diferencia gracias a la IA. Con la tecnología que han perfeccionado durante la última década, asegura que pueden acelerar estos ensayos hasta en un 50%, una ventaja crucial cuando cada día de retraso puede suponer millones de dólares.
“Los fármacos no valen mucho hasta después de la fase 2, y hay muchos medicamentos en fase 1 avanzada por los que merece la pena apostar”, afirma Ben Liu. “Puedes entrar en fase 3, pero nadie está intentando vender un gran fármaco en esa fase.”
“Lo que creemos que el mundo está interpretando mal es que el descubrimiento de fármacos es el cuello de botella, y hace tiempo que dejó de serlo.”
— Ben Liu, cofundador y CEO de Formation Bio
Para aumentar las probabilidades de éxito, Ben Liu ha reunido a un equipo de expertos en selección de fármacos de primer nivel, liderado por Mikael Dolsten, quien se retiró de Pfizer como presidente de I+D global, con el objetivo de rastrear el mundo en busca de los mejores candidatos.
Estos expertos cuentan con herramientas de IA para tomar decisiones más acertadas sobre qué medicamentos adquirir. El software de Formation puede, por ejemplo, detectar datos tempranos de ensayos en publicaciones en idiomas distintos al inglés, lo que permite identificar fármacos prometedores que han pasado desapercibidos en China. También puede clasificar y reclasificar rápidamente las opciones en función de su impacto médico o su potencial comercial.
Posteriormente, el equipo de Formation Bio utiliza la IA para gestionar tareas administrativas como el reclutamiento de pacientes o la tramitación regulatoria, además de abordar uno de los retos más complejos: asignar cada tratamiento al paciente adecuado.
Hasta ahora, la compañía ha adquirido o licenciado cinco fármacos potenciales, entre ellos un tratamiento para la osteoartritis de rodilla y una terapia para la colitis ulcerosa, ambos actualmente en ensayos clínicos.
Aunque ninguno ha llegado todavía al mercado, en junio del año pasado licenció uno de ellos —para el eccema crónico de manos— al gigante farmacéutico francés Sanofi por unos 630 millones de dólares (al tipo de cambio actual), además de futuros royalties. La estrategia de Liu de rescatar fármacos olvidados recuerda a la que aplicó el multimillonario emprendedor biotech Vivek Ramaswamy con Roivant Sciences, que hoy cuenta con una capitalización de mercado de 21.000 millones de dólares y una amplia cartera de medicamentos.
“No es que seamos los primeros en hacerlo. Hemos estudiado PureTech, Roivant, BridgeBio… hay muchas iteraciones de este modelo”, señala Liu.
Sin embargo, Roivant nació antes de que la IA transformara el sector. La diferencia de Formation, sostiene, radica tanto en su capacidad para ejecutar ensayos clínicos internamente como en el uso de la inteligencia artificial para aumentar las probabilidades de éxito. “Creo que el descubrimiento de fármacos se va a comoditizar con China y la IA”, concluye Liu. “Si no resolvemos este cuello de botella en el desarrollo, en realidad no vamos a conseguir más medicamentos para los pacientes.”
Ben Liu emigró con su familia desde Taiwán cuando tenía 2 años y creció en Thousand Oaks, California. Tras graduarse en Yale, obtuvo un máster en biología computacional por la University of Cambridge y posteriormente fue seleccionado como Rhodes Scholar. Para su tesis en la University of Oxford, utilizó inteligencia artificial y big data para desarrollar diagnósticos y terapias para el Parkinson y el Alzheimer.
Incluso antes de terminar su tesis, ya estaba trabajando en la idea que daría lugar a Formation Bio.
“No hay nada artificial en lo que Ben quiere hacer”, afirma su cofundador Linhao Zhang. “No está creando una startup porque sus amigos lo hagan, porque esté de moda o para construirse una marca personal.”
Aunque el descubrimiento de fármacos suele acaparar titulares, el desarrollo clínico es “el gran reto aún no resuelto de la industria”, señala Paul Hudson, ex CEO de Sanofi, que invirtió en Formation Bio y colaboró con la compañía durante su mandato. El tiempo y el coste de los ensayos son una parte fundamental del problema, especialmente por la presión que suponen las patentes farmacéuticas.
“Hay mucho tiempo muerto en un ensayo clínico”, explica Pratap Khedkar, CEO de la consultora de ciencias de la vida ZS Associates. “La clave es cómo reducir a la mitad el tiempo y los costes, y, más importante aún, aumentar la probabilidad de que el fármaco llegue a aprobarse.”
“Tiene el potencial —el potencial— de convertirse en una de esas compañías enormemente relevantes en una industria que apenas ha sido transformada por startups en los últimos 10 o 15 años.”
— Michael Moritz, inversor de capital riesgo
En los primeros años de la empresa, cuando todavía estaban centrados en gestionar ensayos clínicos para terceros, Ben Liu y Linhao Zhang tenían prisa por empezar a adquirir sus propios fármacos. Pero sus inversores les advirtieron de que era demasiado, demasiado pronto.
En su lugar, en 2019 colaboraron con el ex CEO de Novartis, Joe Jimenez, para crear una nueva firma de inversión llamada Aditum Bio como una especie de prueba. Siguiendo un modelo similar al actual de Formation, Aditum adquiría fármacos y los desarrollaba a través de compañías independientes, en las que Formation participaba como inversor minoritario.
Hasta la fecha, han logrado un gran éxito: un fármaco destinado a aumentar la masa muscular fue adquirido por Eli Lilly en 2023 por hasta 1.900 millones de dólares. “Bromeamos diciendo que, si hubiéramos aplicado esta estrategia directamente en nuestro balance desde el principio, habría sido un éxito aún mayor”, comenta Liu.
Cinco años después de fundar la empresa, en 2021, Liu y Zhang consideraron que ya tenían la experiencia suficiente para construir su propia cartera de fármacos.
“Soy una persona muy bayesiana y muy orientada a probabilidades”, explica Liu. “Cuando pensamos en la estrategia de la compañía, intentamos ser muy conservadores, asumir medias del sector y asegurarnos de tener una ventaja competitiva basada en ensayos más rápidos y baratos.”
En enero de 2022, Formation Bio licenció una posible terapia destinada a estimular el crecimiento de cartílago en las rodillas de pacientes con artrosis, una enfermedad que afecta a más de 230 millones de personas en todo el mundo.
Desarrollado originalmente por Merck KGaA, con sede en Darmstadt (Alemania), el fármaco ya había pasado por tres ensayos clínicos en más de 800 pacientes. Formation Bio pagó una cantidad inicial no revelada y posee una participación mayoritaria en la nueva empresa creada para desarrollarlo, mientras que Merck KGaA mantiene una participación minoritaria.
Los datos clínicos mostraban que las inyecciones del fármaco aumentaban el crecimiento del cartílago, pero no estaba claro si reducían el dolor de forma más efectiva que un placebo o si prevenían o retrasaban la necesidad de una prótesis de rodilla.
Para intentar responder a esa pregunta, Formation desarrolló un modelo predictivo basado en IA entrenado con datos de 23.000 pacientes y 48.000 resonancias magnéticas, con el objetivo de identificar qué pacientes tenían mayor riesgo de necesitar una prótesis y si un mayor grosor de cartílago protegía realmente la articulación.
Según Ben Liu, el análisis concluyó que los pacientes que recibieron el tratamiento y aumentaron su cartílago presentaban un menor riesgo de necesitar una prótesis de rodilla en un plazo de cinco años. Sin el uso de IA, reconoce Mikael Dolsten: “Probablemente lo habría descartado.”
Actualmente, el fármaco se encuentra en fases avanzadas de ensayos clínicos. Por muy sólido que sea su proceso, no todos los fármacos en los que invierte tendrán éxito. Liu es plenamente consciente de las tasas de fracaso, por lo que su estrategia no es ganar siempre, sino jugar con las probabilidades. “Esperamos acertar en tres de cada diez, pero incluso si solo acertamos en uno de cada diez, podemos duplicar nuestra inversión”, afirma.
Este artículo se ha publicado originariamente en Forbes.com

