A la hora de adornar las esferas de sus relojes, los diseñadores de muchas firmas miran a su alrededor en busca de un guiño de la naturaleza. La japonesa Grand Seiko, por ejemplo, se nutre de las montañas, de las fases por las que transitan las estaciones y hasta del cielo iluminado por la Luna en el equinoccio de otoño para trasladar sus colores a sus piezas. Quien dice naturaleza dice flora y fauna. No es difícil encontrar diales con flores en un bucólico paisaje o con criaturas más o menos adorables. Hemos visto hasta rinocerontes en un Hublot y un achuchable koala en un modelo de Speake Marin.
Los animales en las esferas suelen arrancar una sonrisa, aportan color, movimiento y un punto de fantasía. A veces se presentan planos, y otras condensan en una sola imagen un arte decorativo, un autómata o una complicación relojera. Hay animales que remiten a la fuerza, otros a la seducción o incluso a la metamorfosis (las mariposas son muy recurrentes). Así, la pantera de Cartier, la serpiente de Bvlgari y el caballo de Hermès no ocupan el dial como simple adorno, sino como relatos de algo más.
La francesa Cartier entendió muy pronto ese potencial. La pantera entró en su casa en 1914, cuando Louis Cartier, nieto del fundador, Louis-François Cartier, encargó al renombrado ilustrador George Barbier que dibujara una invitación para una exposición de joyas de la marca. El artista representó a una dama con una pantera negra recostada a sus pies.
Primero, el felino, símbolo de feminidad, elegancia, independencia, poder y audacia en las colecciones de joyería y relojería de Cartier a lo largo de su trayectoria, hizo una aparición en un reloj de mujer de platino, ónice y diamantes que representaba la piel del animal. Después adquirió forma con Jeanne Toussaint, directora artística de alta joyería de la enseña, quien lo convirtió en emblema total de la firma.


Bvlgari siguió otra vía pero llegó a una conclusión parecida. Su primer Serpenti nació en 1948 como reloj-brazalete de oro enrollado a la muñeca; en los años cincuenta, la cabeza del reptil ya ocultaba la esfera, consolidando la idea de reloj secreto. El Serpenti Misteriosi High Jewellery (más abajo) conserva esa teatralidad, pero la refuerza con el micromovimiento Piccolissimo, uno de los calibres mecánicos redondos más pequeños, alojado en una cabeza cuajada de diamantes y rematada por ojos de rubí.
En otros casos, el animal no se asocia a la fuerza o a la seducción sino a la transformación y a la fragilidad, como la mariposa, muy empleada por firmas joyeras y relojeras como Graff y Van Cleef & Arpels. Esta última la toma para una fábula amorosa en su último lanzamiento, el reloj Lady Lucky Spring Butterfly de su línea Poetic Complications (más abajo). En él, un capullo de lirio de los valles indica las horas, y una mariposa vuela en sentido antihorario a medida que transcurren los minutos para encontrarse con su pareja, que está en lo alto, en una posición fija y carente de función. Cuando culmina su recorrido, regresa a su posición inicial de 0, y el feliz reencuentro se reanuda cada hora. Es el último reloj de esta fiera selección que nos saca una sonrisa:

de Dennison (4.251,95 €)

de Bvlgari (225.000 €)

de Hermès (168.000 €)


de Cartier

de DeLaneau (204.800 € aprox.)


Gondolo Serata Zebra, de Patek Philippe (44.538 €)

de Dior (41.000 €)



de Van Cleef & Arpels

