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Mette Lykke, CEO de Too Good to Go: “Producimos comida para alimentar a toda la población y millones de personas no pueden permitirse una comida básica”

Una conversación casual en un autobús llevó a esta emprendedora danesa a liderar una de las principales iniciativas contra el desperdicio de alimentos y su impacto climático. Así nació Too Good to Go.

Mette Lykke, CEO de Too Good to Go. Foto: Cedida.

Para Mette Lykke (Ringkøbing, Dinamarca, 1981) el dinero es una herramienta, nunca el fin en sí mismo: “Te permite apostar de manera inteligente por ideas que realmente importan. Tomar riesgos forma parte del juego, pero siempre calculo mis movimientos y nunca arriesgo más de lo que puedo permitirme perder”. La trayectoria de la emprendedora danesa, mucho antes de asumir el rol de CEO de Too Good to Go y convertir la lucha contra el desperdicio alimentario en su principal causa, responde a esa lógica: una mezcla de intuición, convicción y salto al vacío.

“Tuve la suerte de crecer con un padre que creía firmemente en la independencia financiera. Me animó a empezar a trabajar en la ferretería familiar cuando tenía unos 12 años y a invertir el dinero que ganaba. No porque fuera mucho dinero, sino para que aprendiera cómo funciona y por qué es importante pensar a largo plazo”, recuerda. El rendimiento de esas inversiones precoces sirvieron de capital inicial de Endomondo, la aplicación de fitness que lanzó junto a dos compañeras tras dejar la consultora McKinsey, cuyo precio de venta ascendería a 85 millones de dólares. Una experiencia que ha consolidado los dos principios que guían todas sus decisiones: dedicar su tiempo y energía solo a proyectos con impacto real y apostar por soluciones pensadas para perdurar. “No me interesan las modas pasajeras, quiero ayudar a construir organizaciones que sigan creando valor más allá de mí”.

Con esa mentalidad llegó a Too Good To Go. Primero, como inversora; después, como CEO, para liderar una de las scaleaups europeas más relevantes y hacer del desperdicio alimentario algo residual. “Debo admitir que mis días son bastante intensos y exigentes, pero ver el impacto que generamos hace que todo valga la pena”, asegura. Su rutina conserva una normalidad deliberada: va en bici al trabajo, alterna reuniones con actividades que requieren toda su concentración y reserva el resto del tiempo para los suyos. “Al final de la tarde vuelvo a casa, ceno con mi familia, paso tiempo con ellos, acuesto a los niños, termino algunas tareas pendientes y al día siguiente vuelvo a empezar. No tengo demasiado tiempo para hobbies, y está bien así. Mi filosofía es que se puede combinar familia y carrera, pero hay que priorizar y organizar la vida en torno a lo que más importa en cada etapa”.

Descubriste Too Good To Go en un viaje de autobús. ¿Alguna vez te has preguntado qué habría pasado si hubiera sido otra causa? 

Es cierto, descubrí Too Good To Go de manera completamente casual, durante una conversación en un autobús. Podría haber sido cualquier otra idea la que llamara mi atención, pero mis principios habrían sido los mismos: me atraen las soluciones que generan un impacto real y que pueden crecer hasta convertirse en algo significativo a largo plazo. Lo que me hizo involucrarme fue la combinación de una idea muy sencilla con un problema enorme. El desperdicio de alimentos afecta tanto a las personas como al planeta, y enseguida vi el potencial de generar un impacto real si la solución lograba escalar. También percibí que era algo que podía perdurar y seguir aportando valor en el futuro. Esa mezcla de propósito, sencillez y potencial a largo plazo me hizo ver que valía la pena invertir mi tiempo y mi energía.

Cada segundo se desperdician más de 79 toneladas de comida en todo el mundo. ¿Qué urgencia aún no recibe la atención pública que merece?

Uno de los aspectos más urgentes del desperdicio alimentario, y que sigue recibiendo poca atención, es lo estrechamente relacionado que está con tres grandes desafíos globales: el cambio climático, la economía y la desigualdad social. Muchas personas todavía lo ven como un problema doméstico, cuando en realidad es uno de los principales generadores de emisiones de gases de efecto invernadero, ejerce una enorme presión sobre los sistemas alimentarios y tiene lugar en todas las etapas, del campo a la mesa. Lo que más me preocupa es que ya producimos suficiente comida para alimentar a toda la población, y aun así millones de personas no pueden permitirse una comida básica. Es algo que simplemente no tiene sentido. Cuando se tira comida que está en buen estado, no solo perdemos los alimentos, sino también la tierra, el agua, la energía, el trabajo y el dinero que hicieron falta para producirlos. Creo que necesitamos un enfoque público mucho más sólido en la prevención. Todavía es demasiado común pensar en el desperdicio solo en el momento de desechar la comida, cuando la verdadera oportunidad se encuentra mucho antes. Si centramos la atención en una producción, distribución y consumo más inteligentes, podremos lograr avances a una escala que realmente marque la diferencia.

¿Qué prejuicios habéis tenido que combatir en Too Good To Go?

Uno de los mayores desafíos a la hora de salvar alimentos es también uno de los malentendidos más persistentes: la confusión entre las etiquetas ‘consumo preferente’ y ‘fecha de caducidad’. Yo misma caía en ese error. Muchas personas creen que los alimentos que han pasado la fecha de consumo preferente deben tirarse, cuando en realidad esa etiqueta indica la calidad óptima, no la seguridad. La mayoría de los productos siguen siendo aptos para el consumo mucho después, lo que provoca que se desperdicie una enorme cantidad de comida de manera innecesaria. Por eso nuestra iniciativa de etiquetado, “Mira, Huele, Prueba”, es tan importante. 

Actualmente, tal y como muestran los datos de un estudio elaborado por Too Good To Go, el 53% de los consumidores en Europa todavía no distingue entre ambas etiquetas, y esa falta de conocimiento contribuye directamente al desperdicio. Trabajamos con marcas para incluir el distintivo “Mira, Huele, Prueba” en los envases y así animar a los consumidores a usar sus sentidos antes de desperdiciar comida. Desde el lanzamiento, el impacto ha crecido con mucha rapidez y es que ya estamos colaborando con más de 550 marcas en todo el mundo, y el mensaje aparece ya en unos 6.000 millones de productos al año en 15 países. Es una intervención sencilla que empodera a los consumidores y evita que se desperdicien grandes cantidades de alimentos debido a esta confusión.

Los consumidores juegan un papel clave. ¿Cómo se educan sin hacer que se sientan culpables o cargados con toda la responsabilidad?

El desperdicio de alimentos es responsabilidad de todos. Nuestra misión es inspirar y empoderar a las personas para luchar juntos contra este problema, y ese sentido de comunidad y acción colectiva es un gran motivador. La gente se siente bien sabiendo que, usando Too Good To Go, está contribuyendo activamente a cuidar el planeta. También hay un lado económico: en tiempos de inflación, la app ofrece una manera inteligente de acceder a comida de calidad a buen precio. Por ejemplo, nuestros datos muestran que un usuario en España que salva una o dos Packs Sorpresa a la semana puede ahorrar alrededor de 670€ al año. Combinar el ahorro económico con un impacto positivo en el medio ambiente hace que la experiencia sea gratificante y anima a la gente a seguir reduciendo su desperdicio de alimentos en su día a día.

Más allá de las comidas salvadas, ¿qué métricas utilizáis para medir el impacto social y ambiental de Too Good To Go? 

Como empresa tecnológica, tenemos acceso a una gran cantidad de datos, y dedico mucho tiempo a analizarlos porque cada cifra cuenta una historia. Uno de mis datos favoritos es que Too Good To Go ayuda a salvar unas cuatro comidas por segundo de ser desperdiciadas. Ese número nunca deja de sorprenderme y refleja claramente el compromiso de nuestros usuarios y partners para conseguir marcar la diferencia. Al mismo tiempo, nos recuerda que todavía se desperdician 80.000 comidas cada segundo en el mundo. Ese contraste es nuestro impulso: nos muestra tanto la magnitud de lo que ya hemos logrado como todo lo que aún queda por hacer. Nos anima a seguir avanzando, innovando y sumando a más personas a la lucha contra el desperdicio de alimentos.

¿Han cambiado tus propios hábitos de consumo desde que te uniste a Too Good To Go? ¿Cómo se construye una cultura de empresa donde los empleados se sientan comprometidos con la sostenibilidad?

Siempre me ha molestado desperdiciar cualquier cosa —es algo con lo que crecí—, pero unirme a Too Good To Go me ha hecho aún más consciente de la magnitud del desperdicio de alimentos y de su impacto. Ha cambiado la manera en la que compro, planifico las comidas y pienso en la comida cada día. La sostenibilidad forma parte de nuestra cultura empresarial y está presente en todo lo que hacemos. Nuestra misión no es solo una frase en la pared; es la manera en que medimos nuestro rendimiento de arriba abajo. Cada equipo, cada decisión y cada proyecto se analiza desde la perspectiva del impacto. Esa coherencia hace que los empleados se sientan comprometidos y vean cómo su trabajo diario contribuye directamente a nuestra misión de reducir el desperdicio de alimentos.

¿Qué lecciones has aprendido sobre cómo deben liderarse las organizaciones hoy?

Una de las lecciones más importantes que he aprendido como líder es la importancia de ser auténtica. Me di cuenta de que intentar encajar en un modelo de liderazgo tradicional simplemente no funciona para mí. No soy la voz más fuerte de la sala, pero mi equipo percibe mi dedicación y la pasión que pongo en nuestra misión. Ese compromiso genuino genera confianza e inspira mucho más que cualquier estilo de liderazgo impostado. Ser auténtica también me permite conectar de manera genuina con las personas, algo fundamental cuando trabajas en distintas culturas, mercados y modelos de negocio. Esta autenticidad guía la forma en que tomo decisiones, motivo a los equipos y desarrollo talento, siempre con el propósito, la claridad y el impacto a largo plazo como referencia.

Actualmente, Too Good To Go está en 20 países. ¿Cuáles son los mayores obstáculos para escalar su impacto a nivel global?

Escalar Too Good To Go a nivel global supone tanto desafíos como grandes oportunidades. Uno de los mayores obstáculos es adaptarse a sistemas alimentarios, regulaciones y comportamientos de consumo muy distintos en cada país. Lo que funciona en un mercado no siempre se puede replicar en otro, así que necesitamos combinar una estrategia global con conocimiento y alianzas locales. Al mismo tiempo, los resultados cuando damos en el clavo son extraordinarios. España es un buen ejemplo ya que contamos con una comunidad de más de 10 millones de usuarios y 20.000 establecimientos asociados. Juntos hemos salvado más de 31 millones de Packs Sorpresa, evitando la emisión de 83.700 toneladas de CO₂e —equivalente a más de 1,2 millones de coches recorriendo la distancia de Madrid a Barcelona— y ahorrando 25.000 millones de litros de agua, suficiente para llenar más de 10.000 piscinas olímpicas. Estas cifras muestran el poder de nuestra comunidad y el impacto que podemos lograr cuando escalamos de manera inteligente.

¿Cómo se compara España con otros países?

El desperdicio de alimentos es un desafío en todos los mercados y es responsabilidad de todos hacerle frente. España ha asumido un papel pionero al introducir este año la primera ley nacional contra el desperdicio alimentario. Con esta ley, España se convierte en el tercer país de la UE con una regulación nacional específica, que establece medidas para reducir el desperdicio a lo largo de toda la cadena de valor. La ley exige que las empresas alimentarias implementen un plan de prevención y sigan una jerarquía de prioridades, situando primero la prevención y, en segundo lugar, el consumo humano. Este último puede llevarse a cabo mediante donaciones u otros tipos de redistribución, lo que demuestra la flexibilidad que la ley ofrece a las empresas para decidir qué solución funciona mejor en cada caso. Actualmente, estamos desarrollando nuevas herramientas para apoyar a las empresas en sus procesos de donación de alimentos y facilitar su colaboración con organizaciones sociales. En España se desperdician más de 3,1 millones de toneladas de alimentos cada año, alrededor de 98 kilos cada segundo. El cumplimiento de la ley será obligatorio a partir de abril de 2026, y Too Good To Go apoya a las empresas con herramientas para prevenir, gestionar y redistribuir los excedentes. Los consumidores españoles ya son muy conscientes del problema: siete de cada diez consideran el desperdicio alimentario un asunto importante, ocho de cada diez han aumentado sus esfuerzos para reducirlo ante la subida de los precios y la inflación, y seis de cada diez son conscientes de su impacto ambiental. Esta combinación de regulación, acción empresarial y compromiso ciudadano convierte a España en un mercado sólido para escalar soluciones que reduzcan el desperdicio y generen un impacto positivo.

¿Las leyes actuales hacen suficiente para reducir el desperdicio alimentario?

Las leyes actuales son un primer paso importante, sobre todo en España, donde la regulación nacional proporciona una estrategia clara para reducir el desperdicio a lo largo de toda la cadena alimentaria. Ahora, el enfoque debe estar en cómo se implementan estas medidas y en los resultados que generan, para poder seguir mejorando. En un plano más amplio, los objetivos de la UE ofrecen una guía útil para reducir el desperdicio en todos los estados miembros. La clave para generar un impacto real es la colaboración entre todos los actores: empresas, organizaciones sociales y profesionales, consumidores y gobiernos deben trabajar juntos para afrontar este desafío.

Con Too Good to Go Platform utilizáis la Inteligencia Artificial para gestionar excedentes en supermercados. ¿No podría aplicarse en etapas anteriores de la cadena y evitar eldesperdicio antes de que los productos lleguen a las tiendas?

Too Good To Go Platform está diseñada para ayudar a las tiendas a gestionar de manera eficiente los productos próximos a su fecha de caducidad mediante IA. Reduce las comprobaciones manuales del personal a solo entre el 1% y el 7% de los artículos, genera una lista de productos próximos a su fecha de caducidad y ofrece indicaciones claras para aplicar descuentos, venderlos a través de la app de Too Good To Go o donarlos. De esta manera, el personal ahorra tiempo, se reduce el desperdicio en la tienda y se optimizan los ingresos gracias a los descuentos inteligentes.

En etapas anteriores de la cadena de suministro, contamos con las Cajas Despensa. Esta solución nos permite colaborar con marcas y fabricantes para salvar su excedente de alimentos antes de que se desperdicie. En España lanzamos las Cajas Despensa hace un año y ya hemos salvado más de 100.000 unidades, colaborando con marcas como Bimbo, Hellmann’s, Cuétara y Lindt.

¿Qué papel crees que debería desempeñar Too Good To Go en el futruo para que el desperdicio sea realmente residual y la sostenibilidad la norma en todo el sistema alimentario?

Dentro de diez años, espero que Too Good To Go siga jugando un papel importante en la lucha contra el desperdicio de alimentos, ayudando a que este sea realmente residual y promoviendo que la sostenibilidad sea la norma en todo el sistema alimentario. Al mismo tiempo, somos lo suficientemente humildes como para reconocer que se trata de un reto enormemente complejo que requiere la implicación de muchos actores: productores, distribuidores, legisladores, ONG y consumidores. No hay una solución única ni mágica; nuestro objetivo es ser un actor sólido dentro de este ecosistema más amplio de cambio, generando impacto allí donde podamos y, al mismo tiempo, inspirando y facilitando que otros hagan lo mismo.

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