Opinión Salvador Sostres

«Nada huele tanto a rosa como el geranio”. Natasha Levin lleva a Jean-Claude a Barcelona

Esto es este perfume: la alegría como si pudiera mantenerse sin que luego llegara un cierto vacío y la tristeza; el champán contínuo como si al final de la noche no nos esperara la pala que recoge los trozos, y el sentimiento de culpa, y el dolor de cabeza; la rosa desnuda, delicada, tan verde a veces, como si pudiéramos creer que siempre vamos a vivir en el júbilo y la excitante espera de cuándo y dónde va a salir el nuevo perfume de Jean-Claude Ellena.

Joie de Sannes, la que podría ser la última creación de Jean-Claude Ellena, tenía que salir bastante antes de la Navidad, pero su lanzamiento se iba retrasando y lógicamente me iba impacientando, hasta que, incapaz de hacerme con el perfume de ninguna manera, escribí a Fine Scents para ver cómo podíamos solucionarlo.

Siempre he creído en pagar, en la importancia de pagar lo que las cosas valen para poder escribir sobre ellas. No se puede escribir, ni vivir, ni ganar, sin pagar el precio; ni se puede uno dirigir con honradez al lector sin poner en tensión lo que le estás explicando que es tan sensacional con lo que va a costarle. Y esta tensión no puede ser sólo indicativa (cuesta tanto) sino que tiene que estar filtrada en el texto, en la emoción o media distancia del texto.

Por lo tanto, cuando escribí a Natasha Levin, a quien no conocía, pero que figuraba como una de las autoras de la firma, no lo hice para que me regalara nada sino para que me ofreciera una manera, aunque fuera extraoficial, de poder comprar el último trabajo de mi perfumista más querido. He de decir que fue muy amable, enseguida se puso en contacto conmigo y más o menos quedamos de acuerdo en que me haría en el envío, pero nunca llegaba, y le volvía a escribir, y volvíamos a quedar en lo mismo, pero con igual desasosiego y falta de resultado.

En algún momento del proceso tuve la tentación de enfadarme pero no me salía el enfado, porque por cómo nos habíamos hablado era imposible que me estuviera dando largas o tomándome el pelo. Cuando ya daba todo por perdido y sin que el perfume -miraba cada día su página web- acabara de salir a la venta, una bella mañana de diciembre Natasha me anunció que estaría en Barcelona justo antes de la Navidad y que ella con sus mismas manos me haría entrega del ansiado perfume.

Quedamos en la terraza de Santa Eulàlia. He de decir que me habría gustado recibirla en la terraza -o más bien patio interior- de Hermès, el espacio más sofisticado y extraordinario de Barcelona, pero es tan complicado el acceso que Santa Eulàlia me pareció un puerto mucho más seguro, con su terraza casi tan bonita como la de Hermès y donde siempre eres bienvenido sin tener que hacer nada especial.

Natasha hacía con su presencia honor al nombre de su marca, y la de Katerina Knight. Todo en ella es delicado, suave, elegante. Distinguida es su palabra. Ella me dio la mala noticia de que Jean-Claude Ellena le había dicho que quiere retirarse y que es posible que no haga más perfumes. Con mi inglés lamentable traté de disimular mi aspecto mucho más tosco y grosero, y aunque sospecho que no es un secreto para nadie, es mi deber constatar que gano mucho vestido y hablando en castellano, o en catalán. Pero en fin, creo que me hice entender, hasta que me dio -me regaló- el perfume y no pude mantener la compostura, y como si de repente me hubiera quedado solo, lo desempaqueté con ansia, con tanta ansia que casi me cae al suelo, y no volví a ser una persona sociable hasta que al cabo de unos segundos, por fin, pude tenerlo en mi piel y olerlo.

Es una obra maestra de la delicadeza, sutil oda a la rosa, sutil por delicada, como siempre el señor Ellena, pero sutil porque la rosa está y no está, y yo creo que no está, aunque oficialmente aparece en la pirámide olfativa. En su perfume Rose & Cuir para Frederic Malle, Ellena hizo el mismo juego, y efectivamente olía a rosa y cuero, sin que hubiera en la fórmula ninguno de los dos ingredientes. “Nada huele tanto a rosa como el geranio”, dijo el perfumista en una de sus genialidades. Y como explica Ígor Masyukov en su reseña en Fragantica, “el acorde de geranio picante y con toques de bayas de Joie de Sannes huele intensamente a rosa, aunque puede que no haya ingredientes de rosa en la la fórmula”. Joie de Sannes sigue la estela de Rose Amazone, Kelly Calèche y Rose Ikebana (las tres de Jean-Claude para Hermès), pero el golpe maestro de este perfume es que en él la rosa hace alusión a algo que está sucediendo fuera de la escena. Las grandes obras de arte, cuando las revisitas a lo largo de tu vida, te das cuenta de que en realidad no cuentan exactamente lo que has aprendido de ellas. Cuentan algo que hace referencia a otra cosa mucho más importante pero que no aparece exactamente: se insinúa, se sugiere, pero sin mencionarla y tú haces tu parte del recorrido, magistralmente guiado por el artista, que también aparece y desaparece para dejarte tu espacio, a solas con su genio.

Joie de Sannes es y no es un rosa, y está sola y estalla muy verde, y muy vegetal, en el principio; luego se abre y se vuelve jabonosa, más suave, como si se atenuara para que que puedas escuchar una fiesta que sucede a lo lejos, en un jardín en verano, con mucho champán pero sin los desmanes que a veces el mucho champán provoca. Esto es este perfume: la alegría como si pudiera mantenerse sin que luego llegara un cierto vacío y la tristeza; el champán contínuo como si al final de la noche no nos esperara la pala que recoge los trozos, y el sentimiento de culpa, y el dolor de cabeza; la rosa desnuda, delicada, tan verde a veces, como si pudiéramos creer que siempre vamos a vivir en el júbilo y la excitante espera de cuándo y dónde va a salir el nuevo perfume de Jean-Claude Ellena.

Artículos relacionados