«Today is the Big Day!», afirmaba con indisimulada alegría Anneka Treon en la flagship que ING acaba de inaugurar en la madrileña plaza de Colón. La Global Head of Private Banking, Wealth Management and Investment de la compañía se encontraba esta mañana en la capital para presentar, junto a Alfonso Tolcheff y Pablo Porres, la Banca Privada digital de ING.
Lanzado en 2024 en varios países europeos, este servicio espera duplicar sus resultados en 2029, gracias a la experiencia financiera de ING y a la ventaja que tiene frente a sus competidores: su plataforma digital.
«La banca privada es un territorio que tiene más de emocional que de racional», afirmaba Anneka Treon, que destacaba que, debido a esa particularidad, las necesidades de un inversor no están sujetas a los horarios de la banca convencional o a las agendas de sus profesionales. «La gente está tan atareada en el día a día, que no es raro que los inversores piensen en su patrimonio un domingo por la mañana o durante una comida familiar. El problema es que, en esos momentos, no pueden llamar a su banco». Cuando por fin pueden hacerlo, no es extraño que su asesor no pueda atenderles y quede en devolverle la llamada, llamada que, justamente por esas urgencias laborales, tal vez no llegue nunca.
La Banca Privada de ING, sin embargo, resuelve esas necesidades desde el momento en el que, a través de la App, el cliente puede acceder cuando lo desee a su plan de inversión o recurrir a una línea telefónica de atención preferente en la que será puntualmente atendido por un asesor. «Las herramientas digitales y poner al cliente en el centro están en el ADN de ING», destacaba Alfonso Tolcheff —CEO para España y Portugal— y Treon confirmaba esa filosofía corporativa, al explicar el funcionamiento de la Banca Privada de la entidad: «Mientras que en otros bancos el cliente está en frente de nosotros sin que pueda ver qué están tecleando en el ordenador cuando hablan con él, en nuestra Banca Privada las reuniones se celebran en una sala con una mesa semicircular con una pantalla en el centro, para que tanto cliente como asesor tengan la misma información».
En definitiva, un servicio que combina las ventajas de la tecnología digital sin renunciar a esa faceta humanista que, afirmaba Treon, no puede ser replicada a corto plazo por las empresas de la competencia por el concepto mismo de su modelo de negocio, su filosofía empresarial y su propia estructura corporativa. «A diferencia de otros bancos, cuyos clientes pueden tener su origen en fusiones empresariales, los nuestros han elegido a ING voluntariamente. Además —añadía— el nuestro es un servicio personalizado que cuenta con el respaldo de décadas en el sector de la banca digital».
Un modelo revolucionario
En 1999, ING desembarcó en España con una propuesta rupturista que aprovechaba avances tecnológicos, como la telefonía móvil e internet, para proporcionar mejores servicios a sus clientes, prescindiendo de la estructura de sucursales. Tres décadas más tarde, y después de demostrar lo acertado de su modelo, la entidad de matriz neerlandesa cuenta ya con más de cinco millones de clientes en España, país en el que ha sido el banco más recomendado por los usuarios durante 19 años.
«Primero transformamos el ahorro y la forma de comunicarnos con el cliente, luego nos preocupamos de gestionar sus inversiones y ahora damos un paso más allá para ofrecerles nuevos servicios especializados en la gestión de su patrimonio», comentaba Alfonso Tolcheff, que destacaba como ING quiere ser «un banco universal para todo y para todos».
Según las estadísticas, la población estadounidense representa el 50% de la inversión financiera mundial, cifra que, en el caso de Europa, ni siquiera alcanza un 1/3 de la inversión total. Lejos de resultar desalentadora, ese dato ha sido una de las razones por las que ING ha decidido entrar en el segmento de la Banca Privada. «Vamos a conseguir que Europa invierta», animaba Anneka Treon, antes de enumerar los países en los que ya funciona la Banca Privada —Holanda, Bélgica, Luxemburgo, Polonia e Italia— y a los que se acaba de sumar España, uno de los territorios más interesantes para la entidad desde el punto de vista estratégico.

Como explicaba Pablo Porres —director de la Banca Privada—, de los 4,7 millones de clientes de ING, seis mil poseen un patrimonio superior o igual a los 500.000 euros, cantidad mínima para poder acceder al servicio. No obstante, «sabemos que muchos de nuestros clientes tienen 2/3 de su patrimonio fuera de ING, sencillamente porque no podíamos prestarles los servicios que necesitaban. De ellos, un 30% estaría interesado en empezar a trabajar con nosotros». Por esta razón, adelantaban los ponentes, en las próximas semanas un equipo de 35 banqueros —que en los próximos meses se preve aumenten a 40 o 45—, contactará con ellos para mostrarles las ventajas de la primera Banca Privada digital y, si así lo desean, estudiar conjuntamente la planificación financiera de su patrimonio. Solo aquellas operaciones o servicios que ING no pueda prestar en este momento, como los relacionados con Sociedades Patrimoniales, serán derivadas a Singular, entidad participada por ING. Una colaboración que se prevé temporal porque, como sentenciaba Alfonso Tolcheff, «esto solo es el principio».

