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¿Cómo crezco sin perder las raíces?

Fernando Carral es la tercera generación al frente de West Packaging. Sobre las ventajas e inconvenientes de continuar un negocio familiar habla en ‘Quien duda, crea’, el proyecto de Santander que pone el foco en ese momento que precede a las grandes decisiones empresariales.

Fernando Carral cuenta que a los 16 años ya tenía "claro" que quería trabajar en la empresa familiar. (Foto: Fede Delibes Q&CUMBER)

Todos los fines de semana, antes de ir a jugar al fútbol, el padre de Fernando Carral paraba en las fábricas familiares. Quería que su hijo se enamorara, como él hizo en su día, de procesos como la impresión, el troquelado o el plegado del cartón. Y funcionó. Porque aquel contacto temprano terminó orientando su futuro profesional. “A los 16 años ya tenía claro que quería trabajar en la empresa familiar y en el mismo sector en el que habían trabajado mi abuelo y mi padre”, recuerda.

Tercera generación de una familia dedicada a esta industria, su abuelo comenzó en los años cincuenta con el cartón ondulado y su padre continuó después con el cartoncillo. Él recogió el testigo con una ventaja que reconoce frente a quienes le precedieron: partir del conocimiento acumulado por las generaciones anteriores. Hoy, de las plantas de West Packaging salen cajas para botellines de cerveza, galletas o productos de delivery, entre otros formatos. Es el resultado de un camino en el que siempre ha permanecido una constante: “La duda siempre ha estado presente en la familia. Todos le damos muchas vueltas a la cabeza antes de sacar adelante nuevas ideas”.

De hecho, en el último proyecto de Carral, esas dudas se juntaron, además, con un momento poco propicio para hacer planes. Su fábrica de Reocín (Cantabria) abrió en enero de 2020 y apenas dos meses después llegó la pandemia. Más tarde vendría una crisis internacional de materias primas que afectó al suministro de cartón, tintas y otros materiales esenciales. Dos golpes consecutivos que obligaron a aprender deprisa. “La clave del éxito es saber adaptarte a los cambios. Al final, lo que intentas es convertir esa duda en una buena decisión”, explica Carral.

Fernando Carral, West Packaging. (Foto: Fede Delibes Q&CUMBER)

“La clave del éxito es saber adaptarte a los cambios. Al final, lo que intentas es convertir esa duda en una buena decisión”

La compañía logró consolidar la planta. Pero su siguiente decisión elevó mucho más el nivel de riesgo: abrir una segunda fábrica en Sevilla. Para Carral, aquel paso supuso asumir que el crecimiento ya no podía abordarse únicamente desde la experiencia acumulada o la intuición empresarial. Cuanto mayor era el proyecto, más variables había que valorar antes de avanzar. Y también más responsabilidad. Pero el esfuerzo ha merecido la pena. Desde el año 2020, la compañía ha crecido hasta los 240 trabajadores.

Carral reconoce que algunas decisiones le han costado días de reflexión, llegando incluso a alterar su descanso. “Me puedo tirar uno o dos días durmiendo apenas tres o cuatro horas, pensando si estoy tomando la decisión correcta”. En esos casos, la primera persona con la que suele consultar las grandes decisiones es su padre. Pero el relevo generacional implica también que ya no puede delegar en él la respuesta definitiva. “Siempre me acaba diciendo lo mismo: ‘Decide tú qué quieres hacer: crecer o quedarte como estás’”. Otro punto de apoyo importante lo ha encontrado en Banco Santander. Según explica, su relación con la entidad ha ido adquiriendo más importancia a medida que las operaciones ganaban dimensión. “Más que financiación, nos han aportado acompañamiento, cercanía y una confianza que muchas veces necesitas para tomar decisiones importantes”. Carral asegura que Santander conoce la trayectoria de la empresa, sus necesidades y sus planes de crecimiento, algo que permite trabajar sobre las distintas alternativas antes de adoptar una decisión. “La duda a veces te pide tener un socio estratégico en el día a día, alguien con quien hayas generado la confianza necesaria para tomar una gran decisión”.

“Más que financiación, nos han aportado acompañamiento, cercanía y una confianza que muchas veces necesitas para tomar decisiones importantes”

Ahora West Packaging se encuentra en otra fase ambiciosa. La compañía ha decidido duplicar la capacidad productiva tanto de Reocín como de Sevilla. Y entre sus objetivos para los próximos tres o cuatro años es hacer lo mismo con el empleo y la facturación. Si los planes se cumplen, la plantilla podría acercarse para entonces a las 500 personas. Pero Carral ya no espera encontrar certezas absolutas durante este proceso. Su experiencia le ha llevado más bien a asumir lo contrario: “Dudar no es que sea bueno, es que es necesario”.

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