El cierre de los dos últimos grupos de carbón de la central de Alcúdia marca un punto de inflexión en el modelo eléctrico de las Islas. Endesa mantendrá dos turbinas de gas en funcionamiento mientras estudia nuevos usos para unas instalaciones que podrían dar cabida a renovables y sistemas de almacenamiento.
Mallorca dejará atrás la generación eléctrica con carbón. El Govern ha autorizado a Endesa a cerrar definitivamente los grupos 3 y 4 de la central térmica de Es Murterar, en Alcúdia, los últimos de esta tecnología que permanecían operativos en la isla. La decisión pone fin a una etapa de la historia energética balear y abre otra en la que el futuro de estas instalaciones pasa por explorar nuevas soluciones energéticas.
El cierre cuenta con el informe favorable del operador del sistema, que considera que la desconexión de ambos grupos puede llevarse a cabo sin comprometer el suministro eléctrico del archipiélago. Es Murterar, no obstante, seguirá desempeñando un papel en el sistema balear: Endesa mantendrá en funcionamiento dos turbinas de gas con una potencia conjunta de 75 MW para contribuir a garantizar su estabilidad.
La decisión tiene también un significado para la propia compañía. Tras el cierre de sus centrales de carbón en la Península, los grupos de Alcúdia eran los últimos de esta tecnología que Endesa mantenía operativos en su parque de generación.
De central de carbón a nuevo enclave energético
El siguiente capítulo de Es Murterar no pasa únicamente por apagar sus instalaciones de carbón. Endesa desconectará los dos grupos y abordará su posterior desmantelamiento, un proceso que, según la compañía, se desarrollará con criterios de economía circular y sostenibilidad.
La transformación será progresiva. Entre las posibilidades que se contemplan figuran la incorporación de nueva capacidad renovable, los sistemas de almacenamiento eléctrico y otras tecnologías destinadas a reforzar la seguridad y la resiliencia energética de Baleares. Los usos definitivos deberán concretarse a medida que avance el proceso.
El proyecto incluye además actuaciones de formación especializada para facilitar la participación de trabajadores locales en las tareas de desmantelamiento y transformación, con el objetivo de generar actividad económica en el entorno.
El Govern y Endesa prevén mantener una línea de trabajo coordinada para acompañar esta evolución, teniendo en cuenta tanto las necesidades energéticas de las Islas como las oportunidades de desarrollo que puedan surgir alrededor de las instalaciones.
La transición energética, más allá del carbón
El cierre de Es Murterar se enmarca en un cambio de modelo que va más allá de la retirada de una tecnología. Baleares necesita aumentar el peso de las fuentes renovables, pero también disponer de capacidad para responder a la demanda y mantener la estabilidad de una red eléctrica insular.
Endesa cuenta actualmente con cinco plantas solares fotovoltaicas en funcionamiento en Baleares, todas ellas en Mallorca. Se encuentran en Sa Caseta, en Llucmajor; Nou Biniatria y Ca na Lloreta, en Alcúdia; y Son Reus y Son Orlandis, en Palma. A esta cartera se sumará la agrupación fotovoltaica Goleta-Xalana, prevista en Santanyí.
Al mismo tiempo, las centrales de ciclo combinado de Son Reus y Cas Tresorer, las turbinas de gas de Alcúdia y las centrales de Eivissa y Maó continúan aportando capacidad de generación gestionable al sistema, según la compañía. Su función es relevante en un territorio donde la expansión de las renovables debe convivir con la necesidad de garantizar el suministro en todo momento.
El Govern considera que el fin de la generación eléctrica con carbón en Mallorca supone un avance en la descarbonización de la comunidad. El reto ahora será continuar esa transformación de forma gradual, acompasando la incorporación de nuevas tecnologías con las exigencias de seguridad y estabilidad del sistema eléctrico balear.
Es Murterar deja así de estar ligada exclusivamente al carbón para convertirse en un espacio llamado a evolucionar con el modelo energético de las Islas. La transformación está por concretar, pero su dirección ya está marcada: mantener la función energética del emplazamiento mientras se abren paso nuevas alternativas para producir, almacenar y gestionar electricidad.

