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Industria, energía y movilidad, en Forbes Economic Summit: «Nos falta que la competitividad en energía lo traslademos a la industria»

España parte de una posición privilegiada por la fortaleza de sus redes y el desarrollo renovable, pero el reto pasa ahora por conectar esa ventaja energética con la industria, agilizar las infraestructuras y acelerar la electrificación de la movilidad.

Roberto G. Merino, CEO de Redeia; Loreto Ordoñez, CEO de ENGIE; Alberto de Aza, CEO de BYD Iberia. MODERA: Carlos Ballesteros, director general de ANESE.

España afronta una nueva etapa de su transición energética en la que el desafío ya no es únicamente generar más energía renovable, sino convertir esa ventaja en competitividad industrial. Esa ha sido una de las principales ideas compartidas por Roberto G. Merino, CEO de Redeia; Loreto Ordoñez, CEO de ENGIE; y Alberto de Aza, CEO de BYD Iberia, durante una conversación moderada por Carlos Ballesteros, director general de ANESE, en el Forbes Economic Summit.

El punto de partida, según Merino, es especialmente favorable.

“Tenemos una ventaja competitiva enorme en España”

ha señalado el CEO de Redeia, que ha destacado la fortaleza de las redes y del sistema energético español, así como la existencia de grandes compañías vinculadas al sector.

La cuestión ahora es la velocidad a la que esa infraestructura puede adaptarse a un sistema energético que está cambiando rápidamente. Red Eléctrica se encuentra actualmente en niveles históricos de inversión, con un despliegue de redes superior a 1.500 millones de euros al año, según ha explicado Merino. La compañía ha multiplicado por cuatro su inversión en cuatro años y la planificación para el periodo 2025-2030 contempla más de 7.000 millones de euros en redes de transporte.

Para el CEO de Redeia, el principal cuello de botella no está tanto en la capacidad de construir nuevas infraestructuras como en los tiempos necesarios para tramitarlas. Una subestación o una línea pueden ejecutarse en alrededor de un año y medio o dos años, pero los procesos administrativos previos pueden prolongarse durante años. “Donde tenemos el foco es en la parte de tramitación”, ha apuntado.

De las renovables a la industria

Loreto Ordoñez ha puesto el foco precisamente en el siguiente paso de esa transformación: acercar la generación renovable a la industria.

España ha desarrollado durante la última década un importante parque de generación renovable y cuenta, según la CEO de ENGIE, con unas condiciones naturales especialmente favorables gracias al recurso solar y eólico. A ello se suma el desarrollo de un ecosistema empresarial y de talento alrededor de las renovables que ha permitido a compañías españolas desarrollar proyectos también fuera del país.

Ordoñez ha descrito este proceso como un “círculo virtuoso” en el que han coincidido la planificación energética, la disponibilidad de recursos renovables, la inversión y la creación de una cadena de valor industrial y de conocimiento.

Ahora, sin embargo, considera que España entra en una fase diferente de la transición energética. La expansión de la fotovoltaica continuará, pero el sistema tendrá que avanzar también hacia una mayor integración de tecnologías y, sobre todo, hacia una conexión más estrecha entre la energía disponible y las necesidades de la industria.

El objetivo, ha defendido, es que la energía renovable competitiva que España ha conseguido desplegar pueda convertirse en una ventaja para las empresas que producen en el país.

El automóvil afronta otro cambio de paradigma

La transición energética también está transformando la industria de la automoción. Alberto de Aza ha definido el proceso como el cambio de paradigma más importante que ha vivido el sector desde el paso de los vehículos de tracción animal al motor de combustión.

La transformación afecta a toda la cadena de valor, desde las materias primas hasta la relación con el consumidor. Pero la velocidad de adopción del vehículo electrificado varía considerablemente entre mercados.

En España, ha explicado el CEO de BYD Iberia, la suma de vehículos eléctricos puros e híbridos enchufables representa actualmente alrededor del 22%-23%, mientras que entre los compradores particulares el porcentaje se sitúa en torno al 29%, según los datos expuestos durante el encuentro.

La adopción está creciendo con fuerza, pero De Aza ha identificado dos grandes barreras para quienes todavía no dan el paso: el precio y el acceso a la recarga.

El coste sigue siendo una de las principales dificultades para alcanzar una verdadera paridad entre los vehículos eléctricos y los de combustión. En este punto, el ejecutivo ha defendido que la escala de producción y la integración de la cadena de valor permiten a nuevos fabricantes competir con precios más ajustados.

En el caso de BYD, ha explicado, la compañía cuenta con una integración vertical de alrededor del 85% de su cadena de valor, un factor que, según su planteamiento, permite ganar eficiencia y reducir costes.

La segunda gran cuestión es la infraestructura de recarga. Para que la electrificación avance no basta con que exista una oferta creciente de vehículos: el consumidor necesita tener confianza en que podrá utilizarlos con normalidad.

La energía como ventaja industrial

Las intervenciones de los tres ejecutivos convergen así en una misma cuestión: España ha construido en los últimos años una posición relevante en renovables y cuenta con unas redes energéticas sólidas, pero el siguiente salto consiste en transformar esa capacidad en una ventaja económica e industrial.

Eso exige acelerar las infraestructuras, reducir los tiempos de tramitación, conectar la generación renovable con la demanda empresarial y facilitar que la electrificación llegue también al transporte.

La transición energética deja, por tanto, de ser únicamente una cuestión de generación y tecnología. Se convierte también en una cuestión de competitividad, inversión y capacidad industrial.

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