Cuando se explica por qué una región atrae inversión, se enumeran sus recursos: minerales, energía, tierra cultivable, población joven. Se habla menos de su infraestructura institucional, y precisamente ahí es donde Iberoamérica tiene una ventaja que pocas veces mencionamos. Una Cumbre de Jefas y Jefes de Estado y de Gobierno que se reúne desde 1991, una Secretaría General-SEGIB con mandato propio, una banca de desarrollo que financia proyectos en todo el territorio, 419 instrumentos entre acuerdos comerciales bilaterales y regionales, y organizaciones empresariales presentes en cada país, que a su vez están representadas en una iberoamericana-CEIB. Pocas regiones reúnen tantas piezas, el reto es hacer que funcionen mejor en conjunto y aprovechar todo el potencial que tiene la región.
Los datos hablan por sí solos. Iberoamérica ha pasado de representar el 8 % de la inversión extranjera directa mundial en 2015 al 12,8 % en 2025. Y la región cuenta hoy con activos que el mundo necesita: más de 600 millones de personas, recursos esenciales para la transición energética y una de las grandes despensas alimentarias del planeta. Pero tener recursos no basta. La inversión llega cuando con nuevos proyectos, talento, mercados y, sobre todo, confianza.
Una cita con contenido
El XVI Encuentro Empresarial Iberoamericano, que se celebrará en Madrid el próximo mes de noviembre, es la parte empresarial de todo este sistema y, desde 2016, la única instancia del sector privado incluida en el programa oficial de las Cumbres. Su lema, “Iberoamérica ante los desafíos de la economía global: fortalecer la colaboración público-privada”, no es casualidad. Es una forma de entender y explicar lo que necesita la región en un momento en el que la economía mundial está cambiando sus reglas y la competencia por la energía, la tecnología y donde el talento es cada vez mayor.
El programa contempla cuatro grandes ámbitos: el contexto global y el lugar de Iberoamérica en esta nueva economía; los activos estratégicos y las alianzas público-privadas que pueden convertirlos en productividad; las capacidades de innovación y emprendimiento; y las condiciones de inclusión e igualdad sin las cuales el crecimiento no se sostiene. No se trata solo de hablar de lo que tenemos, sino de decidir qué hacemos con ello.
En el transcurso de la segunda jornada del Encuentro Empresarial, las jefas y jefes de Estado y de Gobierno conversarán con los empresarios y recibirán el documento de recomendaciones y compromisos del sector privado, horas antes de la inauguración de la XXX Cumbre política. Es precisamente ahí donde el diálogo público-privado adquiere más sentido: ya que detrás de un compromiso existe la posibilidad real de llevarlo a cabo.
La confianza, clave para la inversión
Lo que decide en gran parte que se lleve a cabo una inversión es la confianza. Confianza en que las reglas van a permanecer, en que los contratos se van a cumplir y en que quien invierte hoy podrá seguir haciéndolo mañana.
La empresa que confía en un mercado se queda en él, y la que confía en la región se extiende a otros. Pero todo esto se puede potenciar con seguridad jurídica, reglas claras, transparencia y coherencia entre lo que se promete y lo que realmente se aplica; regular mejor, más que regular menos. También depende de nosotros: invertir con visión de largo plazo, gobernarse con ética y llevar a los gobiernos propuestas coherentes que se puedan poner en marcha.
Y es que como dijo el secretario general Iberoamericano, Andrés Allamand en la pasada cumbre de Ecuador: “sin inversión el crecimiento es una utopía, sin innovación el crecimiento no puede despegar, y sin inclusión el crecimiento solo existe para unos pocos”. No puedo estar más de acuerdo.
El crecimiento empieza por las Mipymes
Y para poner a prueba la agenda iberoamericana que diseñamos entre todos, hay que mirar primero a las mipymes. Es ahí donde los grandes conceptos —inversión, productividad, talento, digitalización, financiación o integración— deben traducirse en decisiones empresariales.
Las mipymes representan alrededor del 99 % de las empresas de América Latina y emplean a cerca del 67 % de los trabajadores. Sin embargo, su productividad, acceso a financiación, tecnología y mercados sigue estando muy por debajo de su potencial. Solo alrededor de una de cada diez pymes latinoamericanas exporta, frente a una proporción muy superior en Europa. Ese dato explica buena parte del reto iberoamericano. No necesitamos solamente más empresas; necesitamos que las que ya existen puedan crecer, formalizarse, financiarse, incorporar tecnología, encontrar talento y acceder a nuevos mercados.
En el Foro Iberoamericano de la Mipyme, celebrado en Tenerife en noviembre de 2025, acordamos trabajar sobre un modelo de cuatro dimensiones, las 4T: Territorio, Talento, Transformación y Tracción. La idea estaba clara: pasar de los compromisos a un modelo de gestión estructurada. Porque el gran diferencial competitivo de la mipyme iberoamericana no es su tamaño, sino su talento: cómo se forma, cómo se incluye y cómo se convierte en protagonista del cambio. Ese talento necesita oportunidades para quedarse, crecer y emprender.
Organizaciones y alianzas que funcionan
Nada de esto prospera sin organizaciones empresariales comprometidas, capaces de orientar, defender y apoyar a las empresas. El Consejo de Empresarios Iberoamericanos-CEIB reúne a 29 organizaciones empresariales que representan a más de 33 millones de empresas, y forma parte, a su vez, de una red todavía mayor, la de la Organización Internacional de Empleadores-OIE, que agrupa a 150 organizaciones de 140 países. Su valor está en la capilaridad, porque cada una conoce su país, su capital y sus ciudades. Sabe dónde están las oportunidades, dónde las dificultades y negociar con sus gobiernos. Porque la integración iberoamericana solo cobra pleno sentido cuando llega al territorio y se traduce en oportunidades concretas para las empresas y los ciudadanos. Es en las ciudades donde la inversión se convierte en actividad económica, se crea empleo y el talento encuentra oportunidades para desarrollarse; por eso, las estrategias regionales deben conectar con las necesidades y las capacidades de cada entorno local.
A esta red se han ido sumando, edición tras edición del Encuentro, la OCDE, la OEA, CAF, el BCIE, el BID, UNE, la academia, las agencias de inversión, las fundaciones y los jóvenes empresarios de FIJE. Trabajamos además de la mano de la SEGIB, institución con la que colaboramos no solo en la gran cita empresarial de Iberoamérica sino, en los foros de Mipymes, de transición digital, y en un proyecto de innovación abierta, coordinado con más de 100 empresas multilatinas. En esta ocasión, hemos puesto también en marcha con la Federación Iberoamericana de Jóvenes Empresarios Iberoamericanos-FIJE y con el apoyo del BID la herramienta Espacio Empresarial Iberoamericano-Conecta, una plataforma orientada a identificar contactos, facilitar la interconexión entre empresas y abrir posibilidades reales de negocio.
Y hablando de alianzas que aportan, aprovecho para agradecer el inestimable apoyo y la confianza de instituciones y empresas que se han sumado a esta gran cita desde el principio y han hecho posible esta decimosexta edición. Todas ellas con una dilatada trayectoria, amplia experiencia y un gran reconocimiento y liderazgo internacional, como es el caso del banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe-CAF, Repsol, Mapfre, COX, Banco Santander, BBVA o Iberia, entre otras.
Dos años de presidencia, dos años de resultados
Con esta edición del Encuentro se cierra una etapa de dos años de presidencia española exitosa y también de CEIB. Una etapa en la que la agenda iberoamericana ha crecido al ritmo de sus desafíos: internacionalización, financiación, digitalización, inteligencia artificial, transición energética y talento.
Llegamos a la Cumbre con una red más conectada, una agenda más amplia y, sobre todo, la convicción de que cuando empresas y gobiernos trabajan de la mano, Iberoamérica tiene más que ofrecer al mundo. Tenemos mucho camino recorrido, pero todavía queda mucho por hacer. Lo importante es que sigamos avanzando juntos, que las relaciones que hemos construido den lugar a nuevos proyectos y que cada vez más empresas encuentren a uno y otro lado del Atlántico un lugar donde crecer.
Los empresarios no sabemos de fronteras, solo sabemos de oportunidades, y la región está llena de ellas, aprovechémoslas.
¡Es la hora de Iberoamérica!

