Solo 32 países concentran el 95% del crecimiento económico mundial, frente a los 54 que representaban esa misma proporción en abril. El dato del Fondo Monetario Internacional (FMI) refleja una de las principales transformaciones de la economía global: la expansión no se distribuye de manera uniforme, sino que se concentra en las economías mejor posicionadas para aprovechar el auge de la inteligencia artificial, la inversión tecnológica y los cambios en las cadenas de suministro.
La cifra aparece en la última edición del informe World Economic Outlook Reports del FMI, publicada el 13 de octubre, en la que el organismo mejora ligeramente sus perspectivas para la economía mundial. El FMI prevé que el PIB global crezca un 3,1% en 2026, una décima más que en su estimación anterior, y un 3,4% en 2027. La inversión en infraestructura de inteligencia artificial está compensando parte del impacto negativo de la guerra en Oriente Próximo y del encarecimiento de la energía.
Sin embargo, el organismo no publica en la información difundida una relación nominal completa de los 32 países que concentran el 95% de la expansión. Sí identifica varias economías que se benefician del ciclo tecnológico y señala qué factores están detrás de la creciente divergencia entre países.
Estados Unidos, China y los proveedores de tecnología
Estados Unidos y China ocupan una posición central en el actual ciclo de inversión en inteligencia artificial. Según el FMI, ambos países concentran más de tres cuartas partes de la demanda neta de importaciones de chips y otros equipos relacionados con esta tecnología.
Estados Unidos se beneficia de la inversión en plataformas de inteligencia artificial, centros de datos y capacidad de computación, además del peso de sus grandes compañías tecnológicas. China, por su parte, combina una importante base industrial con una posición relevante en las cadenas de suministro tecnológicas.
El FMI también identifica a Corea del Sur, Malasia, México y Tailandia entre las economías que se benefician de la demanda de componentes y equipos vinculados a la IA. Estos países participan en distintas fases de la cadena de suministro, desde la fabricación de componentes electrónicos hasta la producción industrial relacionada con la tecnología.
El impulso no se limita a las economías asiáticas. El organismo ha mejorado su previsión para la eurozona, que crecería un 1,1% en 2026, frente al 0,9% estimado en julio. La inversión tecnológica y el gasto en defensa contribuyen a explicar esa revisión. Reino Unido también recibe una mejora de sus perspectivas, vinculada en parte al aumento de la inversión en inteligencia artificial.
Estas economías ilustran los distintos canales a través de los cuales la tecnología está sosteniendo el crecimiento. No obstante, el FMI no confirma que todas ellas formen parte necesariamente del grupo de 32 países mencionado en el dato, ni ofrece una clasificación completa que permita atribuirles una posición concreta dentro de ese conjunto.
India crecerá un 7%, mientras China avanzará un 4,5%
Las previsiones para las principales economías muestran ritmos de expansión muy diferentes. India continúa destacando entre los grandes mercados mundiales, con un crecimiento previsto del 7% en 2026 y del mismo porcentaje en 2027, impulsado por la demanda interna, los servicios y la inversión tecnológica.
China crecería un 4,5% en 2026, antes de moderar su avance hasta el 4% en 2027. Estados Unidos mantendría un crecimiento del 2,3% en ambos años, apoyado por el consumo, las medidas fiscales y la inversión en inteligencia artificial.
La comparación permite observar que el auge tecnológico no es el único factor que determina la evolución de cada economía. La demanda interna, la estructura productiva, el comercio exterior y la exposición a los precios de la energía también influyen en las previsiones.
Además, el crecimiento del PIB no equivale a un aumento de la riqueza acumulada. El dato de los 32 países mide la concentración de la expansión económica prevista, no cuáles son los países más ricos del mundo por patrimonio, producto interior bruto total o renta por habitante.
La otra cara del crecimiento: países afectados por la guerra y la energía
Mientras las economías vinculadas a la inversión tecnológica reciben un impulso, otras afrontan un deterioro de sus perspectivas. El FMI ha revisado a la baja las previsiones de crecimiento del 47% de las economías desde abril, una señal de que las dificultades se están extendiendo más allá de los países directamente afectados por el conflicto.
Las economías importadoras de energía y aquellas con una participación limitada en las cadenas de valor de la inteligencia artificial tienen menos capacidad para compensar el encarecimiento del petróleo y del gas. El impacto es especialmente intenso en Oriente Próximo, donde la guerra ha alterado las perspectivas de producción y actividad económica.
El FMI prevé que Arabia Saudí registre una contracción del 3,3% en 2026, frente al crecimiento del 1,7% que estimaba en julio. También anticipa fuertes caídas del PIB en Irán, Irak, Kuwait, Qatar y Emiratos Árabes Unidos.
El escenario muestra cómo los mismos factores que impulsan unas economías pueden agravar los problemas de otras. La inversión en inteligencia artificial favorece a los países que desarrollan la tecnología o suministran sus componentes, mientras que el encarecimiento de la energía golpea con mayor intensidad a las economías vulnerables a las interrupciones del suministro.
El FMI advierte de los riesgos de la deuda y de una corrección de la IA
La concentración del crecimiento también plantea riesgos. Una parte del avance mundial depende de que la inversión en inteligencia artificial siga aumentando y de que las expectativas de productividad se traduzcan en resultados económicos reales.
Si los beneficios de la tecnología decepcionan, una corrección de las valoraciones bursátiles podría reducir la inversión, endurecer las condiciones financieras y afectar al consumo. El FMI contempla también un escenario de deterioro de la guerra en Oriente Próximo, con un petróleo que podría alcanzar los 130 dólares por barril. En ese supuesto, el crecimiento mundial sería menor y la inflación aumentaría.
El endeudamiento constituye otra fuente de preocupación. El organismo advierte de que los elevados niveles de deuda pública y el aumento de los costes de financiación reducen el margen de maniobra de los gobiernos para responder a nuevos shocks.
El mensaje del FMI va más allá de una mejora puntual de las previsiones: la economía mundial mantiene su capacidad de crecimiento, pero depende cada vez más de un conjunto reducido de motores. La inteligencia artificial está contribuyendo a sostener la actividad, aunque sus beneficios se concentran en determinadas economías y no eliminan los riesgos asociados a la energía, las tensiones geopolíticas y la deuda.
La pregunta que deja el informe no es solo cuánto crecerá el mundo en 2026, sino qué países conseguirán transformar el impulso de la inteligencia artificial en productividad duradera y cuáles quedarán expuestos a una expansión cada vez más desigual.

