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Richard Mille abre en Madrid una tienda donde comprar es casi lo de menos

La exclusiva marca de relojes suiza ha inaugurado en la milla de oro madrileña su primera ‘boutique’ independiente en España, más parecida a un apartamento de lujo que a una tienda común.

La magna tienda de la relojera Richard Mille en Madrid ha abierto sus puertas. (Foto: Richard Mille)

Alrededor de un año después de lo previsto, tras unas obras que parecían interminables, la magna tienda de la relojera Richard Mille en Madrid ha abierto sus puertas. Ubicada en la esquina que forman las calles José Ortega y Gasset y Claudio Coello, se acaba de revelar como un gran apartamento de lujo de 440 metros cuadrados decorado con todas las señas de identidad de la marca, de la Fórmula 1 y otros deportes a la exclusividad, sin olvidar el hedonismo y la alta mecánica. Esta boutique, la primera independiente de la marca suiza en España, no es una tienda al uso. Apenas despacha relojes (hay dos vitrinas para exhibir otros tantos ejemplares). Allí se va a debatir sobre relojería, a jugar al pimpón o al backgammon en un tablero diseñado por el artista Pharrell Williams, a degustar un Valbuena 5º de 2021 u otro vino de su bodega climatizada o a confiar para su reparación y puesta a punto un reloj de la firma. Lo de adquirir una de las piezas de su catálogo, con un precio medio de 230.000 euros, será si le dejan, porque cada petición debe aprobarla un comité integrado, entre otros, por la directora de retail de la enseña. La producción de Richard Mille es muy limitada (6.100 unidades al año) y la firma no quiere que acabe en manos de especuladores. El objetivo de su equipo directivo es acercar su universo a los clientes (existentes y futuros) de la marca, ayudarles a que comprendan la mecánica y el valor de sus complejos relojes y tejer relaciones duraderas con ellos.

“España forma parte de la historia de Richard Mille desde los primeros años de la marca, y llevamos más de una década queriendo abrir una boutique en Madrid. Sin embargo, estábamos decididos a esperar hasta encontrar la ubicación adecuada: un lugar con el carácter, la independencia y las proporciones necesarias para crear mucho más que un entorno comercial tradicional”, dice Peter Harrison, consejero delegado de Richard Mille para Europa, Oriente Medio y África.

Según un portavoz de la casa, fundada en 2001, cuando empezó a cambiar la venta a través de terceros por establecimientos propios, la capital española era la candidata lógica. Y Rafa Nadal, embajador de la marca desde 2010 y pilar en su proyección internacional, hacía tiempo que animaba a sus responsables a instalarse en el país.

Taller a la vista

Dado el imán que un Richard Mille tiene para los amigos de lo ajeno, el local es discreto. Los ventanales de marco negro y los toldos blancos componen una fachada sobria. Una vez dentro, impresiona la altura, porque el vestíbulo supera los cuatro metros. A partir de ahí, la boutique se parte en dos. Medio nivel por encima queda la zona de ventas y, a la misma distancia por debajo, el área de hospitalidad. Las conectan una escalera escultórica y un ascensor circular de cristal que permite recorrer el espacio sin cortes.

La estética contemporánea de este establecimiento es la que se irá imponiendo en las próximas aperturas de Richard Mille, presente hoy en 39 ciudades. A diferencia de otros enclaves estrenados recientemente, como el de Mónaco la pasada primavera, el de Madrid ha privilegiado las curvas y el beis en detrimento del negro y de las líneas rectas, aportando una mayor sensación de calidez con una iluminación tenue. En el centro la planta superior trabaja un relojero in situ, junto a una sala de pulido separada, y frente a su mostrador hay cinco asientos para que el invitado observe sin perder detalle cómo se interviene un mecanismo. En el piso inferior, una sucesión de salones, un comedor, un bar y un humidor de puros dibuja un escenario pensado para citas privadas y sobremesas largas. Para quien necesite todavía más intimidad, un acceso oculto en la carpintería conduce a una estancia aún más reservada. Así es como recibe Richard Mille a sus millonarios clientes.

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