La presidencia de la FIFA es uno de los cargos con mayor capacidad de influencia sobre la economía del deporte mundial. Quien ocupa ese puesto interviene en la dirección de un organismo que controla algunas de las competiciones más rentables del planeta, negocia acuerdos comerciales multimillonarios y distribuye recursos entre 211 federaciones nacionales. Ahora, Gianni Infantino se enfrenta a un aspirante que quiere convertir las críticas a su gestión en una alternativa electoral: Ramón Vega, exfutbolista suizo de origen español.
Vega anunció el 7 de octubre su intención de competir por la presidencia en el congreso que la FIFA celebrará el 18 de marzo de 2027 en Rabat, Marruecos. No es su primer intento. El exdefensa ya trató de concurrir a las elecciones de 2015, 2019 y 2022, aunque entonces no consiguió reunir los apoyos necesarios para formalizar su candidatura.
Esta vez sostiene que la situación es diferente. Según ha declarado, ya cuenta con el respaldo de las cinco federaciones nacionales que necesita para dar el paso. El plazo para presentar la documentación termina el 18 de noviembre de 2026. La obtención de esos apoyos, no obstante, deberá acreditarse formalmente antes de que su candidatura pueda considerarse válida.
Del fútbol profesional a las finanzas
Ramón Vega nació en Suiza en 1971, en una familia de origen español. Como defensa central, desarrolló su carrera en varios campeonatos europeos y pasó por clubes como el Grasshoppers de Zúrich, el Cagliari, el Tottenham Hotspur, el Celtic de Glasgow y el Watford. También disputó 23 partidos con la selección suiza.
Tras su etapa como futbolista profesional, Vega orientó su trayectoria hacia el ámbito financiero y empresarial. Esa combinación de experiencia deportiva y conocimiento de los negocios constituye uno de los elementos diferenciadores de su perfil, en un momento en que la gestión del fútbol internacional está cada vez más vinculada a la explotación comercial de sus competiciones.
Su aspiración, sin embargo, va más allá de un cambio de nombres en la cúpula. El exfutbolista sostiene que la FIFA necesita revisar su modelo de gobernanza y dar mayor participación a los distintos actores del deporte. En el manifiesto con el que ha presentado su iniciativa, cuestiona la concentración de poder, la falta de consulta a las partes implicadas y determinadas decisiones comerciales y deportivas de la actual dirección.
El negocio del Mundial y el debate sobre el dinero
Uno de los principales focos de tensión es el proyecto de FIFA Forward Enterprise, una estructura comercial que la FIFA planteó crear para gestionar operaciones relacionadas con sus competiciones y que contemplaba la posibilidad de ofrecer una participación minoritaria a inversores privados. La propuesta abrió un debate sobre el futuro de los derechos comerciales del fútbol y el grado de control que debería conservar el organismo sobre un negocio que considera estratégico.
El plan generó críticas de distintos representantes del fútbol, especialmente por sus implicaciones para la gobernanza y por la falta de transparencia que denunciaron algunos de sus detractores. La FIFA defendió la iniciativa como una oportunidad para generar más recursos destinados al desarrollo del deporte, y sostuvo que su aprobación debía seguir los procedimientos institucionales correspondientes.
Para Vega, el episodio ilustra un problema más amplio: quién decide cómo se explotan los activos comerciales del fútbol y con qué mecanismos de supervisión. Su propuesta plantea reforzar la participación de federaciones, clubes, jugadores, entrenadores y árbitros en las decisiones que afectan al conjunto del sector.
El debate también alcanza a las finanzas del organismo. En su manifiesto, Vega critica la acumulación de recursos que atribuye a la FIFA y reclama una distribución más equitativa entre las federaciones para impulsar el desarrollo del fútbol.
La precisión contable es importante para entender esa acusación. En sus cuentas de 2025, la FIFA declaró 6.948 millones de dólares en efectivo, equivalentes y activos financieros, mientras que las reservas ascendían a 2.699 millones. Se trata de magnitudes distintas: la primera refleja determinados activos financieros y de liquidez; la segunda corresponde a los recursos contabilizados como reservas. La diferencia importa porque la discusión sobre cuánto dinero tiene la FIFA no puede reducirse a una única cifra ni a la conclusión de que todos esos fondos están disponibles para su distribución inmediata.
La FIFA sostiene que las reservas sirven para proteger la capacidad del organismo de cumplir sus obligaciones y financiar sus actividades futuras, incluida la organización de competiciones y los programas de desarrollo. La cuestión que plantea Vega es diferente: si la distribución de los recursos y las prioridades de gasto responden suficientemente a las necesidades de las federaciones y del fútbol de base.
Infantino parte con ventaja
El desafío de Vega llega en un momento delicado para Infantino, que ocupa la presidencia desde 2016 y ya ha anunciado su intención de presentarse a la reelección. El actual dirigente mantiene una posición de fuerza gracias a su red de apoyos dentro del fútbol internacional, aunque las controversias sobre la gestión del organismo han abierto un nuevo frente de críticas.
El 8 de octubre, las 54 asociaciones miembro de la Confederación Africana de Fútbol expresaron su apoyo incondicional a la reelección de Infantino durante una reunión celebrada en Cabo Verde. El respaldo supone un impulso relevante para el presidente, ya que el sistema electoral de la FIFA concede a cada federación miembro un voto.
Ese apoyo también ilustra la dificultad a la que se enfrenta cualquier aspirante que pretenda desplazar al actual dirigente. Las críticas a la gestión de la FIFA no se traducen automáticamente en una mayoría electoral. Para competir de verdad, Vega deberá convencer a federaciones con intereses diferentes y demostrar que su programa puede convertirse en una alternativa viable.
El exfutbolista propone una reforma institucional que amplíe la participación de los actores del fútbol y refuerce la transparencia en las decisiones. El reto será concretar esas ideas en medidas capaces de obtener apoyos dentro de una organización en la que las alianzas entre federaciones y confederaciones desempeñan un papel determinante.
Una candidatura que todavía debe superar su primer examen
La elección de marzo de 2027 no se decidirá únicamente en el terreno de las ideas. Antes de llegar a las urnas, Vega tendrá que formalizar su candidatura y acreditar los requisitos establecidos por los estatutos de la FIFA. Haber anunciado su intención de competir y asegurar que dispone de los apoyos necesarios son pasos relevantes, pero no equivalen todavía a una candidatura oficialmente admitida.
Su perfil ofrece una combinación poco habitual en la política deportiva: experiencia como jugador internacional y una trayectoria posterior vinculada a las finanzas. Pero acceder a la presidencia exige también construir una mayoría entre federaciones con prioridades distintas, negociar con las confederaciones y presentar un proyecto capaz de sostenerse más allá de la campaña electoral.
Infantino aspira a prolongar su mandato al frente de una institución cuyo peso económico ha aumentado con la expansión de sus competiciones y de sus acuerdos comerciales. Vega pretende convertir el debate sobre la gobernanza y el reparto de recursos en el punto de partida de un cambio de dirección.
Por ahora, la batalla está en su fase inicial. El exfutbolista ya ha anunciado que quiere competir y asegura disponer de los apoyos necesarios. El siguiente paso será demostrar que puede transformar esa intención en una candidatura formal y, después, en una alternativa con posibilidades reales de disputar el control del fútbol mundial.

