La historia de Glenn Close (Connecticut, 1947) rompe por completo los moldes de la típica narrativa de una estrella de cine. Detrás de un imperio financiero de 50 millones de dólares, se esconde una biografía fascinante y atípica, marcada por giros geopolíticos, una infancia bajo el control de una secta y un último e inesperado capítulo que la une a la vanguardia del cine español.
Además de sus tres premios Emmy, tres premios Tony y tres Globos de Oro, la intérprete ostenta un récord agridulce en la Academia: es la actriz viva con más nominaciones al Óscar sin haber ganado nunca (ocho en total). De hecho, la estatuilla dorada es el único gran galardón que le falta para unirse al selecto grupo del club EGOT, el olimpo reservado para quienes conquistan los cuatro premios principales del entretenimiento estadounidense. Su reciente incorporación a La bola negra, la nueva película de los Javis, es solo el último eslabón de una cadena de decisiones impredecibles que definen a una de las mentes más libres y audaces de la industria.
De una secta de control mental al palacio de Mobutu Sese Seko
Para comprender la resiliencia y el carácter camaleónico de Glenn Close, es necesario viajar a sus orígenes. Aunque nació en el seno de la alta alcurnia de Greenwich –su abuelo paterno estuvo casado con Marjorie Merriweather Post, heredera del imperio de cereales Post y una de las mujeres más ricas del mundo–, su infancia dio un giro radical a los siete años. Su padre, el prestigioso cirujano William Close, buscaba un sentido más profundo para su existencia y decidió unir a toda la familia al Moral Re-Armament (MRA – Rearmamento Moral), un movimiento de corte político y religioso que la propia actriz ha definido abiertamente como una secta destructiva.
El MRA operaba bajo una premisa pacifista de transformación colectiva, pero a nivel interno ejercía un estricto control mental y conductual. Glenn y sus hermanos pasaron quince años aislados geográficamente en los cuarteles generales del grupo en Caux (Suiza). En la secta no se permitía tener objetos individuales, manifestar deseos propios, enamorarse ni mantener relaciones sexuales antes del matrimonio. El grupo les inoculaba profundas obsesiones religiosas y culpas que buscaban la anulación absoluta de la identidad. «Estábamos quebrados mentalmente«, ha llegado a confesar la actriz. El control era tan férreo que, a los 22 años, el MRA organizó su boda concertada y carente de amor con el músico Cabot Wade.
La liberación definitiva de Glenn Close llegó en 1969, a los 22 años, gracias al chispazo de un icono. Tras ver una entrevista de la actriz Katharine Hepburn en la televisión comunitaria, quedó fascinada por su independencia y libertad. Supo entonces que el teatro era su billete de salida. Logró matricularse en Arte Dramático en la universidad, un brutal choque cultural que le dio el valor para romper con la secta y divorciarse de su primer marido. Tras su huida, Close arrastró durante décadas una «devastación emocional» y necesitó terapia la mayor parte de su vida adulta para aprender a confiar en sus instintos, lo que afectó a la estabilidad de sus matrimonios posteriores.
Además, el trauma caló hondo en su familia: su hermana Jessie fue diagnosticada décadas después con trastorno bipolar con tendencias psicóticas, lo que impulsó a Glenn a fundar en 2010 la ONG Bring Change to Mind para combatir el estigma de la salud mental. Con los años, la actriz tuvo que hacer un enorme esfuerzo de madurez para perdonar a sus padres, entendiendo que solo buscaban su propio camino espiritual.
Mientras ella escapaba del adoctrinamiento, la vida de su padre tomaba un rumbo no menos cinematográfico. El doctor Close se mudó a África y terminó convirtiéndose en el médico personal, cirujano general y piloto de confianza de Mobutu Sese Seko, el infame dictador de la República Democrática del Congo (entonces Zaire). Mobutu pasó a la historia por instaurar una de las cleptocracias más corruptas y sangrientas del siglo XX, amasando una fortuna robada de 5.000 millones de dólares y sumiendo a su pueblo en la pobreza extrema mientras se paseaba en un palacio extravagante.
Durante esos 16 años en el corazón del continente, la familia llegó a adoptar a un niño congoleño que se crió como un hermano más de la actriz. Como colofón a esta trama de intriga internacional, y a pesar de las contradicciones éticas de su cercanía al dictador, el padre de Glenn pasó a la historia de la medicina global: aprovechando su influencia sobre Mobutu, el doctor Close coordinó junto al CDC la estricta logística militar y médica de emergencia que frenó el primer brote de Ébola documentado en la historia (1976).
El cine como terapia: Del «fantasma» de Tarzán a la Cruella de Vil definitiva
Glenn Close debutó en la gran pantalla relativamente tarde, a los 35 años, pero su impacto en la industria fue fulminante y transformador. Logró la insólita proeza de ser nominada al Óscar por sus tres primeras películas consecutivas: El mundo según Garp (1982), Reencuentro (1983) y El mejor (1984). Ese mismo año demostró su absoluta falta de vanidad artística al aceptar ser la «voz oculta» de Andie MacDowell en Greystoke: La leyenda de Tarzán, doblando de forma anónima absolutamente todos sus diálogos porque el director buscaba un acento aristocrático británico que la modelo sureña no lograba replicar.
El súper estrellato mundial y su consagración definitiva en la cultura pop llegaron en 1987 con Atracción fatal. Su encarnación de la obsesiva Alex Forrest no solo paralizó y aterrorizó al público, sino que redefinió los thrillers psicológicos. El rodaje fue tan extremo que, durante la filmación de la tensa escena del espejo, Close sufrió una conmoción cerebral; al ser trasladada de urgencia al hospital para evaluar el impacto, las pruebas médicas le revelaron de manera totalmente inesperada que estaba embarazada de su única hija, Annie Starke. Con los años, la actriz ha transformado aquel intenso hito en una muestra de humor negro doméstico: tiene el cuchillo de utilería de la película enmarcado en la pared de su cocina.
Su estatus como la reina indiscutible de las mujeres complejas, magnéticas y temibles quedó sellado al encadenar este éxito con la manipuladora marquesa de Merteuil en Las amistades peligrosas (1988), y continuó desafiando las normas de Hollywood décadas después rompiendo barreras de género, ya fuera camuflada de pirata barbudo en el Hook de Steven Spielberg (1991) o transformándose físicamente en un mayordomo en la Irlanda del siglo XIX para Albert Nobbs (2011).
En 1996, la carrera de Close sumó otro hito irrepetible al aceptar el papel de Cruella de Vil en la adaptación de acción real de 101 dálmatas. La actriz modificó la actitud del personaje para llevarlo a un extremo aún más exagerado, cruel y carismático que el de la versión animada original. Su interpretación fue tan arrolladora y universalmente elogiada que eclipsó por completo a la trama canina y catapultó la cinta hasta convertirla en el sexto mayor éxito de taquilla de ese año, recaudando 320 millones de dólares a nivel mundial.
El impacto de este largometraje demostró a Disney que sus clásicos animados podían triunfar en formato live-action, una mina de oro estratégica que el estudio sigue explotando décadas después. De hecho, el magnetismo de su Cruella fue tal que el American Film Institute la incluyó en el selecto ranking de los 50 mejores villanos de la historia del cine.
Más allá del cheque de Hollywood: Cómo se construyen 50 millones de dólares
A diferencia de otras estrellas que dependen exclusivamente de la taquilla, Close construyó su estabilidad económica a través de la diversificación estratégica y una excelente visión comercial, acumulando un patrimonio neto estimado en 50 millones de dólares:
- Trillium Productions Inc.: Como presidenta de su propia productora cinematográfica, Close no solo trabaja por un sueldo, sino que genera ingresos millonarios participando en los márgenes de ganancia y derechos residuales de proyectos como Albert Nobbs o la película de Disney Cruella (2021).
- La cláusula Cruella: Cuando encarnó a la mítica villana en 101 Dálmatas (1996), blindó su contrato con una condición histórica: exigió quedarse con absolutamente todo el vestuario. Se trataba de piezas de alta costura hechas a mano que guardó meticulosamente y que años más tarde donó a la Universidad de Indiana para su conservación.
- Músculo inmobiliario: Su portafolio de bienes raíces ha sido clave. En 2011 vendió su departamento del emblemático edificio The Beresford en Central Park West por más de 10 millones de dólares. En 2020, vendió su mítica finca de 10 acres en Westchester («Beanfield») por 2,75 millones de dólares. Además, posee un gigantesco rancho de 1.000 acres en Wyoming blindado bajo una servidumbre ecológica que, además de proteger la fauna, le otorga importantes ventajas fiscales.
- La era dorada de la televisión: Marcó un precedente en la industria al liderar la serie Damages (Daños y perjuicios) cobrando 200.000 dólares por episodio, lo que le reportó unos 12 millones de dólares totales por las cinco temporadas.
El correo de madrugada que la unió a ‘Los Javis’
Cuando parecía que ya no le quedaban fronteras por cruzar, Glenn Close volvió a sorprender a la industria. Tras quedar completamente impactada al ver la serie española La mesías, la actriz redactó de madrugada un correo electrónico de cuatro páginas dirigido a Javier Calvo y Javier Ambrossi. Su intención inicial era proponerles que dirigieran la adaptación al cine del musical Sunset Boulevard.
Los Javis, inmersos en la preparación de su nuevo largometraje, tuvieron que rechazar la oferta de Hollywood de manera educada, pero no quisieron dejar escapar la oportunidad de trabajar con la leyenda. Reconfiguraron el guion de su película La bola negra —cuyo personaje original era un historiador experto en Lorca— para convertirlo en una historiadora internacional llamada Isabelle Durand. Close no solo aceptó encantada, sino que asumió el reto de rodar su papel íntegramente en castellano, sometiéndose a un riguroso entrenamiento lingüístico a sus casi 80 años.
El santuario de Montana: Una soltería convencida
Tras tres matrimonios que terminaron en divorcio (el de la secta con Cabot Wade, el empresario James Marlas y el capitalista de riesgo David Evans Shaw), Glenn Close ha declarado que la completa independencia es lo que mejor le sienta. Su vida familiar gira en torno a su hija Annie –quien también es actriz– y su nieto recién nacido, Rory, asentando una dinastía de mujeres fuertes.
Lejos del lujo ostentoso de Malibú o los áticos de Manhattan, Close dio un giro radical a su vida diaria mudándose de forma permanente a la pequeña localidad de Bozeman, Montana. Allí adquirió una casa modesta de ladrillo de tres dormitorios por 699.000 dólares, ubicada justo al lado de la de su hermana Jessie, a quien apoya activamente en la visibilización de la salud mental a través de su ONG Bring Change to Mind.
Entre pasear a sus perros, saludar a los vecinos desde el porche y diseñar una casa de campo integrada en la naturaleza profunda de las montañas, la mujer que sobrevivió a una secta, humanizó a las villanas de Disney y desafió los estándares de Hollywood sigue demostrando que el verdadero imperio que ha construido es el de ser, sencillamente, la dueña absoluta de su propio destino.

