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El anillo inteligente puede devolver la muñeca a la relojería mecánica

Los dispositivos que monitorizan sueño, actividad y recuperación desde el dedo crecen como alternativa al smartwatch. Aún son un nicho, pero podrían permitir que la tecnología y el reloj mecánico dejen de disputarse el mismo espacio: la muñeca.

Oura Ring 5. (Foto: Oura)

Desde hace algo más de una década, y en particular desde el lanzamiento del Apple Watch en 2015, el reloj inteligente se ha consolidado como uno de los rivales más incómodos de la relojería tradicional como instrumento cotidiano. La presión se concentra sobre todo en los segmentos de entrada y de precio medio. Un estudio de la consultora Deloitte sobre la industria relojera suiza de 2025 arrojó que, entre 6.500 consumidores encuestados, la intención de compra de un smartwatch en los siguientes 12 meses, del 53%, era prácticamente igual a la de un reloj tradicional (54%). Los dispositivos conectados no compiten con una pieza de Patek Philippe o de Audemars Piguet en artesanía, ni en permanencia ni en deseo, pero han ocupado el mismo lugar físico que estos: la muñeca.

Sin embargo, los relojes tradicionales podrían estar avanzando a la hora de ganar ese pulso. Los dispositivos inteligentes de muñeca (smartwatches y pulseras de actividad) se enfrentan a una alternativa emergente: los anillos inteligentes. Los principales modelos registran el sueño, la actividad física y la frecuencia cardiaca, y elaboran indicadores de preparación o recuperación fisiológica a partir de variables como el pulso en reposo y el descanso. Necesitan principalmente un teléfono y su aplicación para sincronizar y mostrar los datos.

Su progreso todavía es tímido frente al mercado de los relojes inteligentes, pero su formato abre una posibilidad: que el seguimiento de la salud se traslade al dedo y que por tanto en un futuro contribuya a liberar espacio en la muñeca para que los clientes vuelvan a ceñirse un reloj “de siempre” como símbolo de estatus o declaración de estilo.

Falta le hace al sector. Según ese mismo estudio de Deloitte, el porcentaje de consumidores encuestados que lucen un reloj tradicional descendió del 46% en 2020 al 26% de 2025. Y las exportaciones suizas de relojes cayeron un 1,7% en valor en 2025, hasta 25.600 millones de francos suizos (27.206 millones de euros al cambio actual), su segundo año consecutivo de caída, indica la Federación de la Industria Relojera Suiza. El número de relojes exportados bajó un 4,8%, hasta 14,6 millones de unidades. Incluso el segmento con un precio de exportación superior a 3.000 francos retrocedió un 1,9%. El panorama de 2026 ha mejorado de forma modesta, pero todavía no permite hablar de recuperación consolidada. Entre enero y agosto, las exportaciones aumentaron un 1,7% interanual, hasta 17.241 millones de francos suizos.

Los números explican asimismo por qué los anillos inteligentes merecen atención. La consultora de tecnologías de la información IDC prevé que en 2026 se vendan 4,9 millones de anillos conectados en el mundo, un 12,8% más que el año anterior. No es un volumen comparable a los 159,7 millones de unidades de smartwatches previstas para este año, pero sí una categoría que crece mientras los relojes inteligentes se contraerían un 2,8% y las pulseras de actividad un 6,8%, en ambos casos respecto de 2025 y según las previsiones anuales de IDC. Para 2030, la firma de análisis espera 6,3 millones de anillos vendidos.

La compañía que ha convertido ese nicho en un género reconocible es Oura, nacida en Finlandia. En septiembre de 2025 comunicó que había superado los 5,5 millones de anillos vendidos y que sus ingresos se habían duplicado por segundo año consecutivo. Son datos comunicados por la empresa, no resultados financieros auditados, pero dan una medida de su escala.

Oura no está sola. Samsung entró en el mercado con la presentación del Galaxy Ring (con un precio de 449 euros) en 2024. El Ring Air de Ultrahuman, que cuesta 379 euros, y el RingConn Gen 3 (desde 349 dólares) compiten con propuestas centradas en sueño, estrés y actividad. Las versiones premium del Oura Ring 5 cuestan 499 dólares (429 euros).

La oportunidad está en la complementariedad. Un anillo puede recoger indicadores de salud durante el día y la noche, mientras que el reloj mecánico puede seguir siendo el objeto elegido para vestirse, celebrar un logro o proyectar identidad. Pero el cambio de formato elimina una barrera física real, y la muñeca ya no tiene por qué ser territorio exclusivo de la tecnología.

Los anillos inteligentes no desplazan necesariamente al smartwatch (ambos pueden combinarse), pero abren una alternativa para quienes quieren monitorizar su salud sin llevar tecnología en la muñeca. Tampoco rescatarán por sí solos a la relojería suiza: siguen siendo una fracción del mercado de los smartwatches y el consumo de lujo afronta sus propios desafíos. Pero sí pueden devolver algo valioso a grandes casas de la industria como Rolex: espacio.