Opinión Cristina Romero

Galliano y Zara: ¿la alta costura decide salir a la calle?

John Galliano ha entrado en el armario de Zara con ganas de jugar. Y ya se sabe lo que ocurre cuando juega un ‘couturier’: nada permanece exactamente en su sitio. Este es el resultado de la colaboración entre Galliano y Zara.

Galliano x Zara

John Galliano vuelve a hacer lo que mejor sabe hacer: mirar la moda desde otro ángulo. Esta vez no necesita una gran maison, una pasarela teatral ni un archivo histórico propio. Le basta con entrar en el armario de Zara, abrir sus cajones y preguntarse qué puede ocurrir si una camisa deja de ser una camisa, si un abrigo abandona su silueta original o si varias prendas encuentran, juntas, una nueva identidad.

El resultado es Re{form} Zara, una colaboración creativa entre el couturier británico y Zara que convierte el archivo de la firma en materia prima para la imaginación. La primera entrega, Vol. 1 09/2026, está ya en tiendas (este 1 de octubre) y propone algo más ambicioso que una colección cápsula: una conversación entre la memoria de una marca y la mirada de uno de los grandes narradores de la moda contemporánea.

La palabra que da nombre al proyecto ya contiene buena parte de la idea. Re{form}. Reformar, sí, pero también volver a mirar. Galliano no parte de un lienzo en blanco. Trabaja con prendas y accesorios arquetípicos de Zara como si fueran prototipos: los corta, los deconstruye, los amplía, los encoge, los fusiona y los vuelve a componer. La prenda deja de ser un punto de llegada para convertirse en el principio de algo nuevo.

Es una forma de entender la creación particularmente sugerente en un momento en el que la moda parece obsesionada con lo nuevo. Galliano propone justo lo contrario: volver sobre lo que ya existe para descubrir aquello que todavía puede llegar a ser.

En ese ejercicio reaparecen algunos de los códigos que han acompañado su imaginario desde el principio. Les Incroyables y Les Merveilleuses, aquellos dandis y divas de la Francia posrevolucionaria, regresan ahora convertidos en personajes contemporáneos. Hay teatralidad, exageración, cierta irreverencia y un gusto evidente por la transformación. También aparecen dos universos aparentemente alejados entre sí: el vestuario burgués de jardinería y el glamour oscuro del film noir.

La colección funciona así como una pequeña lección de anatomía de la moda. Galliano desmonta una prenda para demostrar que la forma nunca es definitiva. Una camisa de archivo puede crecer hasta tres veces su talla y adquirir, mediante un estampado de foil, la apariencia de un abrigo de piel sin perder la ligereza original de una camisa. Un jersey llevado del revés se convierte en una estola; dos pares de pantalones y shorts se fusionan para dar lugar a unos sans-culotte; un vestido de encaje se transforma en un cuello de volantes. No se trata tanto de disfrazar una prenda como de cambiar su manera de relacionarse con el cuerpo.

Galliano ha desarrollado para este proyecto todo un vocabulario de transformación. Physical hacking, digital hacking, shrinking, magnifying, filtering, swatching o splicing son algunas de las técnicas que utiliza para intervenir las piezas de archivo. El lenguaje puede sonar tecnológico, pero el resultado es profundamente artesanal: cortar, coser, desplazar, superponer, deformar. La alta costura aparece aquí no necesariamente como sinónimo de exclusividad, sino como una manera de mirar y construir una prenda.

Una de las propuestas más gráficas es The Flix, inspirada en los flick books, aquellos pequeños libros cuyas imágenes parecen cobrar movimiento al pasar rápidamente las páginas. Galliano traslada esa ilusión al vestuario mediante capas de prendas superpuestas que crean la imagen de un abrigo. La pieza puede cambiar según las capas que se incorporen debajo, como si la silueta estuviera en permanente movimiento.

También está Deep Pockets, quizá una de las demostraciones más claras de que en manos de un couturier hasta el bolsillo puede convertirse en lenguaje. Galliano desplaza su posición en las chaquetas —hacia delante, atrás o arriba— para modificar la actitud de la prenda. El corte deja de ser una cuestión puramente funcional y empieza a hablar del cuerpo, de cómo se mueve, de cómo posa, de cómo ocupa espacio.

Esa es, probablemente, una de las claves de Re{form}: la ropa no solo viste, también interpreta. Los materiales contribuyen a construir ese universo. Chiffon voilant, georgette, point d’esprit, charmeuse, tul y red aparecen en los vestidos de les merveilleuses, mientras las lanas del guardarropa masculino clásico construyen abrigos, levitas y sastrería. El popelín puede convertirse en otra cosa; la lana se amplía y se encoge; la gabardina incorpora algodón y vinilo. La colección juega continuamente con la distancia entre lo que una materia parece ser y aquello en lo que puede transformarse.

También el color cuenta una historia. El punto de partida es el armario masculino tradicional, negro, azul marino, verde oscuro, marrón, burdeos, beige y blanco, interrumpido por destellos de rojo. Después aparecen los verdes, caquis, ocres y naranjas asociados al universo de la jardinería, hasta desembocar en una paleta más eléctrica, casi cinematográfica, con rosa orquídea, morado, turquesa y verde ácido.

Y si algo demuestra esta colección es que la fantasía también puede esconderse en los accesorios. El Tri-Chic juega con el lenguaje de las bolsas de basura para convertirlo en un bolso reversible de tres posiciones. Los zapatos de archivo alargan sus punteras, incorporan detalles brogue o se transforman en slingbacks. Los cuellos desmontables, los corbatones, los guantes de ópera y los sombreros completan una suerte de guardarropa teatral en el que cada elemento parece tener una segunda vida.

Los sombreros, además, nacen del diálogo entre Galliano y el célebre sombrerero Stephen Jones. Gorras que se convierten en cofias, sombreros de pescador que evocan bicornios napoleónicos, bucket hats que recuperan el espíritu de la jardinería o gorros de punto que parecen deshacerse: pequeños gestos que recuerdan que, en el universo Galliano, un accesorio nunca es simplemente un accesorio.

Quizá ahí esté lo más interesante de esta colaboración. Re{form} no trata de convertir Zara en una maison ni de hacer que Galliano abandone su lenguaje para adaptarse al gran público. La operación funciona en sentido contrario: llevar una mirada de alta costura a prendas reconocibles y demostrar cuánto puede cambiar una pieza cuando alguien decide dejar de verla tal y como fue concebida.

La colección plantea, en el fondo, una pregunta bastante más contemporánea de lo que parece: ¿cuánto de una prenda pertenece a su diseño original y cuánto depende de la persona que la lleva? Galliano parece responder que casi todo puede volver a escribirse.

Una camisa puede ser un abrigo. Un jersey puede ser una estola. Un vestido puede convertirse en un cuerpo nuevo. Un bolsillo puede cambiar la actitud de una chaqueta. Un sombrero puede recordar a otro siglo. Y una prenda que parecía terminada puede convertirse, en las manos adecuadas, en el comienzo de otra historia.

Eso es Re{form}: la moda entendida no como algo terminado, sino como algo susceptible de ser imaginado de nuevo. Y quizá sea precisamente por eso por lo que Galliano y Zara encajan mejor de lo que cabría pensar. Uno ha construido su carrera alrededor de la transformación; la otra ha hecho de la capacidad de interpretar el presente una de sus señas de identidad. En este encuentro, el archivo deja de ser pasado y se convierte en materia viva. Y es que algunas de las prendas más interesantes no son necesariamente las que nacen de cero. A veces, basta con mirar una que ya conocemos y atreverse a preguntarse qué pasaría si, simplemente, la desmontáramos. Por suerte, ya tenemos la respuesta.

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