Economía

El BCE que viene: tres relevos clave y Hernández de Cos en la carrera por la presidencia

La marcha anticipada de Isabel Schnabel abre una renovación de la cúpula del Banco Central Europeo que continuará con la salida de Philip Lane en mayo y, como muy tarde, con la de Christine Lagarde en octubre de 2027. El presidente del Gobierno ha respaldado ya la candidatura del exgobernador del Banco de España a la presidencia

Pablo Hernández de Cos, candidato a la presidencia del BCE (Europa Press)

El Banco Central Europeo (BCE) se prepara para una de las mayores renovaciones de su cúpula desde su creación. En diez meses quedarán vacantes tres de los seis asientos de su Comité Ejecutivo: Isabel Schnabel abandonará el organismo el 3 de enero, Philip Lane termina su mandato el 31 de mayo y Christine Lagarde debe dejar la presidencia, como tarde, el 31 de octubre de 2027. Tres relevos que Europa podría negociar de manera conjunta y que han abierto ya una carrera en la que España aspira por primera vez a colocar a uno de sus candidatos al frente del BCE.

La primera pieza ya se ha movido. El BCE confirmó este jueves que Schnabel dejará su puesto casi un año antes de la fecha inicialmente prevista. La economista alemana se incorporará el 4 de enero al Fondo Monetario Internacional como consejera financiera y directora del Departamento de Mercados Monetarios y de Capitales. Hasta entonces seguirá ejerciendo sus responsabilidades en Fráncfort, aunque quedará apartada de los asuntos relacionados con el Fondo.

Su marcha acelera un calendario que ya estaba cargado. Lane, irlandés y economista jefe del BCE desde 2019, concluye su mandato el 31 de mayo. Cinco meses después vence oficialmente el de Lagarde. El único interrogante es si la francesa llegará hasta el final de su mandato. Su eventual salida anticipada permitiría adelantar una sucesión que, de otro modo, coincidiría de lleno con el año electoral francés. «Veremos», respondía hace unos días sobre esta posibilidad.

Entre los gobiernos de la zona euro ha ganado peso la posibilidad de cerrar durante los próximos meses un acuerdo más amplio que permita ordenar conjuntamente los tres relevos. Nada obliga jurídicamente a que las tres decisiones se adopten a la vez, pero cada nombramiento condiciona el siguiente por los equilibrios nacionales, geográficos, políticos y de género que tradicionalmente se tienen en cuenta para configurar la dirección de la institución.

El Comité Ejecutivo tiene únicamente seis miembros. Además de Lagarde, Lane y Schnabel, hoy lo integran el nuevo vicepresidente Boris Vujčić, que sustituyó al español Luis de Guindos el pasado junio; el italiano Piero Cipollone y el neerlandés Frank Elderson. Vujčić tiene mandato hasta 2034, Cipollone hasta octubre de 2031 y Elderson hasta diciembre de 2028. Por tanto, salvo nuevas salidas anticipadas, son los otros tres asientos los que están en juego.

Hernández de Cos frente a Knot

La principal incógnita es quién sustituirá a Lagarde. Entre los nombres que concentran mayor atención figuran el español Pablo Hernández de Cos y el neerlandés Klaas Knot. También aparece en las conversaciones el presidente del Bundesbank, Joachim Nagel. Pedro Sánchez confirmó esta semana su apoyo a Hernández de Cos, exgobernador del Banco de España y director general del Banco de Pagos Internacionales desde 2025. Se sumó así al vicepresidente primero y ministro de Economía, Carlos Cuerpo, que había venido defendiendo también públicamente las credenciales de De Cos.

España no ocupa ningún puesto en el Comité Ejecutivo desde la salida de De Guindos el pasado mayo y nunca ha presidido el BCE. Hernández de Cos llega a la carrera con un perfil eminentemente técnico. Fue gobernador del Banco de España entre 2018 y 2024, había sido anteriormente director general de Economía y Estadística de la institución y presidió el Comité de Supervisión Bancaria de Basilea. Durante sus seis años en el Consejo de Gobierno del BCE participó tanto en la etapa de tipos negativos y compras masivas de deuda como en el endurecimiento monetario que siguió a la crisis inflacionista de 2022.

Por su parte, Knot dirigió el banco central de Países Bajos entre 2011 y 2025 y acumuló catorce años en el Consejo de Gobierno del BCE. Durante los últimos años de Mario Draghi fue una de las voces más críticas con algunas medidas expansivas del banco central, aunque con Lagarde adoptó una posición más alineada con los consensos internos. Desde 2021 preside además el Financial Stability Board, uno de los principales organismos internacionales de coordinación financiera.

Su principal activo político podría estar en París. Francia estudia respaldar a Knot para la presidencia siempre que un candidato francés ocupe a cambio el puesto que dejará Philip Lane como economista jefe del BCE. Se trataría de un acuerdo que vincularía directamente las dos sucesiones y permitiría a Francia conservar una posición de gran influencia dentro de la institución después de la salida de Lagarde.

Nagel continúa entre los posibles aspirantes, aunque Alemania debe decidir qué posición quiere priorizar. Berlín puede competir por la presidencia, tratar de conservar el asiento alemán que deja Schnabel, o aspirar al puesto asociado actualmente a la función de economista jefe. El margen para acumular varias posiciones es limitado. El presidente del Bundesbank ha reconstruido parte de la relación entre la institución alemana y Fráncfort tras años de enfrentamientos durante la etapa de Draghi.

La batalla por el economista jefe

El segundo gran puesto en disputa será el que deja Philip Lane. Los gobiernos nombran a los seis miembros del Comité Ejecutivo y es después el presidente del BCE quien distribuye las carteras entre ellos. Por eso, cuando Francia reclama el puesto de economista jefe, lo que en la práctica necesita es colocar primero a uno de sus candidatos en el Comité Ejecutivo.

París maneja varios perfiles para la sucesión de Lane. Entre ellos figuran Agnès Bénassy-Quéré, subgobernadora del Banque de France y antigua economista jefe del Tesoro francés; Laurence Boone, ex economista jefe de la OCDE y antigua secretaria de Estado francesa para Europa; y Hélène Rey, profesora de la London Business School y vinculada actualmente también al Banco de Pagos Internacionales. La elección de alguna de ellas contribuiría, además, a mantener presencia femenina en un Comité Ejecutivo del que desaparecerán Lagarde y Schnabel.

La salida de Schnabel introduce además una pieza específicamente alemana. Su asiento no pertenece formalmente a Alemania -los Tratados no reparten las plazas por nacionalidades-, pero las principales economías de la zona euro han mantenido tradicionalmente representación en el Comité Ejecutivo. En este sentido, Berlín podría concentrar sus esfuerzos en conservar esa plaza si finalmente no disputa con fuerza la presidencia.

Hay incluso una posible cuarta ficha. Si Knot llegara a la presidencia mientras Frank Elderson continúa en el Comité Ejecutivo, dos de sus seis miembros serían neerlandeses. No existe una prohibición expresa, pero rompería la práctica política seguida hasta ahora en el reparto de los puestos. Así, una presidencia de Knot podría acabar afectando al futuro de Elderson, cuyo mandato no termina hasta diciembre de 2028. Y eso elevaría a cuatro el número de asientos que podrían cambiar en un periodo muy corto.

El procedimiento pasa primero por los Estados de la zona euro, que presentan candidatos; después el Eurogrupo busca un acuerdo y finalmente el Consejo formula una recomendación. A continuación se consulta al Parlamento Europeo y al propio Consejo de Gobierno del BCE, antes de que el Consejo Europeo tome la decisión definitiva. Con 21 países en el euro, el nombramiento exige actualmente el respaldo de al menos 16 Estados que representen un mínimo del 65% de la población de la zona euro. Los mandatos son de ocho años y no pueden renovarse.

El BCE que salga de esa negociación tendrá además que gestionar una coyuntura especialmente delicada. Lane acaba de advertir de que el nuevo encarecimiento de la energía puede prolongar las presiones inflacionistas y retrasar hasta mediados de 2027 la vuelta de la inflación al objetivo. La renovación de la dirección coincidirá, por tanto, con decisiones de tipos todavía relevantes, una deuda pública elevada en varias grandes economías y debates abiertos sobre la unión bancaria, los mercados de capitales y el euro digital.

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