Opinión Jesús Mardomingo

De Madrid al cielo… neutro en carbono

De Madrid al cielo… neutro en carbono

Banda sonora del artículo:  “Estudiantina madrileña”. El protagonismo académico, que antaño se expresaba en estudiantinas y tunas, hoy se manifiesta en algo mucho más decisivo como la presencia de las mujeres iberoamericanas. Un indicador de que el liderazgo iberoamericano —especialmente el femenino— está transformando sectores clave de la ciudad.

En la Villa de Madrid, a 21 de septiembre de 2026.

Madrid vive un momento que solo puede describirse como un renacimiento urbano. Una transformación profunda que la proyecta al mapa global con una energía inédita y que, al mismo tiempo, redefine su identidad cultural, económica y geopolítica. La Villa de Madrid, historia, comunidad y relato, se ha convertido en un epicentro donde confluyen, entre otras manifestaciones de la economía naranja, turismo de calidad, inversión internacional, educación global, gastronomía de vanguardia y entretenimiento de escala mundial.

Pero la clave de este auge no reside únicamente en su magnitud, sino en dos fuerzas, muy evidentes cuando se aparta la mirada del móvil. Los dos motores que ayudan a explicar el desarrollo de la ciudad son América y la economía creativa.

Como dejó dicho Lope de Vega en “la Dorotea” antes de la globalización y del turismo masivo, Madrid es como un “archivo de las naciones”, una intuición que sigue siendo exacta cuatro siglos después. La Villa y Corte ya era entonces un cruce de mundos, un espacio donde se acumulaban acentos, oficios, culturas y relatos. Madrid ya era un nodo internacional y americano.

América, entendida en su sentido más amplio, hispanoamericano, iberoamericano y continental. No son “latinoamericanos” quienes principalmente llegan a Madrid (término francés del siglo XIX que nunca describió adecuadamente nuestra comunidad cultural) sino americanos, incluidos los de Estados Unidos, que comparten lengua, tradición jurídica, sensibilidad estética y un imaginario histórico con España.

Madrid siempre estuvo más conectada con América que con Europa, pero ahora esa conexión se convierte en motor económico y cultural. No es casual que la ciudad se prepare para acoger la XXX Cumbre Iberoamericana y la XVI empresarial, un hito que la consolida como capital diplomática del espacio iberoamericano.

La segunda fuerza es la economía creativa, que hoy explica entre el 60% y el 85% de la madrileña. Turismo cultural, oferta museística de las mejores del mundo, gastronomía de autor, música, festivales, arquitectura, cine, deporte, rodajes internacionales, diseño, educación global y experiencias urbanas conforman la infraestructura invisible que sostiene la nueva prosperidad.

Este auge iberoamericano y creativo es una oportunidad histórica, sí, pero sería ingenuo celebrarlo sin atender a su reverso. Las ciudades superestrella de la región como Madrid, Lisboa, Ciudad de México, Buenos Aires, Bogotá, Lima, São Paulo o Cartagena de Indias (por cierto, fundada por un madrileño hace casi 500 años) viven hoy un boom que no debe opacar otras realidades.

La prosperidad derivada de la creatividad, no elimina los desafíos estructurales de la biodiversidad, la huella de carbono, la resiliencia ecológica, la infraestructura verde, la movilidad sostenible, la contaminación, la presión inmobiliaria, la falta de vivienda o la capacidad de carga turística.

Esa energía arrolladora de talento, movilidad, emprendimiento, y cultura compartida, debería acompañar ahora a la ciudad hacia una transición generadora de un ecosistema urbano limpio, conectado y resiliente. Una estrategia metropolitana, de todos sus residentes, que abarque movilidad eléctrica, infraestructura verde, rehabilitación energética, digitalización de servicios públicos y alianzas público‑privadas capaces de acelerar la transformación.

Si Madrid fue archivo de naciones, hoy debería ser archivo de soluciones, preferiblemente iberoamericanas, para la ciudad del futuro.

Un futuro de Madrid que dependa, en definitiva, de la integración de tres pilares. El primero, el iberoamericano, conectado y transatlántico. Una comunidad cultural, deportiva, económica y lingüística que aporta identidad, talento y sentido histórico.

Al anterior, le sigue una economía creativa, cada vez más potente, como motor de prosperidad, prestigio y diferenciación global.

El tercer pilar sería la transición de la ciudad hacia una urbe neutra, capaz de reducir drásticamente sus emisiones, regenerar sus ecosistemas y adoptar modelos de movilidad, energía y planificación urbana compatibles con la neutralidad climática como promueven en el Foro de Ciudades Neutras 2030.  En el mismo plano, también una ciudad segura (policía, bomberos, 112, samur…) Ambas se manifiestan como condiciones innegociables para que la ciudad siga siendo hogar, barrio y comunidad.

Madrid tiene ante sí una oportunidad única para consolidarse como un gran punto global de la creatividad y una de las capitales empresariales y culturales de Iberoamérica sin renunciar a ser una ciudad vivible y paseable. La clave será entender que la creatividad sin sostenibilidad es efímera, y que la sostenibilidad sin creatividad es insuficiente. Solo la integración de ambas permitirá que Madrid sea global sin dejar de ser barrio, moderna sin dejar de ser Villa, y cosmopolita sin dejar de ser hogar. VIVA IBEROAMÉRICA

Película recomendada:  Los tramposos (1959) por Pedro Lazaga. Ese Madrid de picaresca, anonimato y bullicio urbano —perfectamente documentado en la película— es el antecedente cultural de la ciudad que hoy aspira a ser creativa, sostenible y climáticamente neutra.

Jesús Mardomingo. Abogado en Andersen. Defensor de la economía naranja, como modelo de desarrollo en el que la diversidad cultural y la creatividad son punto clave para abordar con éxito la actual transformación social y económica que el planeta demanda. Socio de Masamu.org

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