Opinión Javier Ortega Figueiral

El mundo de Skytrax: brillo e intereses

Es la sexta vez que lo logra en los 25 años de historia de estos premios, arrebatándoselo a Qatar Airways, campeona el año pasado.

El logo de Skytrax en un fotomontaje sobre la entrada del Langham de Londres, el hotel donde este año se entregaron los premios.

Cada septiembre, el sector aéreo comercial se pone su mejor traje y desfila por Londres para recoger sus estatuillas. Este año, el 18 de septiembre y en el legendario hotel Langham, Singapore Airlines se hizo con el título de Mejor Aerolínea del Mundo. Es la sexta vez que lo logra en los 25 años de historia de estos premios, arrebatándoselo a Qatar Airways, campeona el año pasado. Ya está: titular servido, comunicado de prensa a punto y foto de la tripulación junto a los directivos sonriendo con el trofeo. Todos contentos.

Todo bien. Sin embargo, conviene pararse un momento antes de repetir, una vez más, que estos son «los Oscar de la aviación». La frase es cómoda (para mí es un recurso un poco apolillado), suena bien y cabe en un titular. Es un eslogan facilón que ha calado tanto que hasta la propia Skytrax lo usa en su web.

Lo cierto es que no son los únicos premios del sector: existen los APEX Official Airline Ratings, el ranking anual de AirHelp o las votaciones de lectores de medios como Condé Nast Traveler o Travel & Leisure. Skytrax no es el único juez. Es, simplemente, el que mejor se ha vendido a sí mismo, el que más titulares genera y el que las propias aerolíneas han decidido convertir en la vara de medir de referencia a base de repetirlo en sus notas de prensa año tras año. Eso no lo convierte en la más rigurosa, sino quizá en la más mediática, que es una cosa bastante distinta.

Veamos, somos adultos y Skytrax, conviene recordarlo, no vive del aire (el chiste era fácil, sí, aunque ilustrativo): es una consultora británica fundada en 1989 por Edward Plaisted que factura, entre otras cosas, auditando a las propias aerolíneas que luego clasifica. Ahí está la clave que casi nunca sale en los comunicados y noticias: una cosa son los World Airline Awards que acaba de entregar, basados, según la propia organización, en encuestas de miles de pasajeros; y otra muy distinta es el Star Rating, la clasificación de una a cinco estrellas, que se apoya en una auditoría que examina entre 500 y 800 áreas de producto y servicio y que las aerolíneas contratan y pagan. En su día, un analista del CAPA Centre for Aviation lo resumió sin rodeos: ‘como las aerolíneas tienen que pagar para ser auditadas por Skytrax, el sector no considera a la organización una autoridad neutral e imparcial, y cuanto más pagan por esas auditorías, mayor es el incentivo de Skytrax para favorecerlas’. Skytrax, por supuesto, responde defendiendo su independencia y recordando que nadie está obligado a participar.

Un Airbus A350 de Singapore Airlines rodando en Barcelona. La gran vencedora de los premios de este año vuelve a Madrid este 2026 (Javier Ortega Figueiral)

¿Es esto un escándalo? No exactamente, y tampoco hace falta dramatizar. Es, simplemente, la vida real de cualquier sector donde el que evalúa y el evaluado tienen negocios en común: pasa con los ratings financieros, pasa con las guías gastronómicas y pasa con casi todo lo que lleva una estrella al lado. Las aerolíneas quieren presumir de galardón para el consumidor y Skytrax quiere seguir siendo el referente, un nombre que todo el mundo cita cada septiembre. Dos empresas: aerolínea y consultora, cada una buscando brillar a su manera. Que la objetividad pura sea, en el fondo, un pequeño milagro estadístico no debería sorprender a estas alturas a nadie que esté leyendo esta columna.

España va mejor

Dicho esto, aquí viene la parte que a un lector español le puede interesar: este año hay motivos reales para el «aplauso patrio». Iberia ha subido del puesto 20 al 16 del ranking mundial de las cien mejores aerolíneas, superando por primera vez en mucho tiempo a nombres de otras compañías europeas como Swiss o British Airways. Algunas hermanas del ‘entorno IBE’ le acompañan la subida: Vueling pasa del puesto 42 al 39, Iberia Express del 54 al 47 y Air Nostrum (que opera sus servicios regulares como Iberia Regional), sigue fuerte: es la 4ª aerolinea regional de Europa. La nota española discordante ha sido Volotea, que retrocede del 45 al 48. Bajada pequeña, aunque ahí queda, porque aquí también se cuentan las malas noticias, no solo las que caben en un comunicado corporativo.

Un subidón para una joven

Por otro lado, están las curiosidades, que son las que de verdad dan color a una gala que, por lo demás, suele repetir a los mismos ganadores. La más llamativa ha sido la taiwanesa Starlux Airlines. Esta se ha llevado el premio a la aerolínea más limpia del mundo (sí, esa es una distinción que también se otorga), y ascendió a la categoría de cinco estrellas de Skytrax, todo un salto para una compañía que, para el imaginario colectivo español, era un nombre que sonaba hasta hace poco más a marca de caldo concentrado que a aerolínea de referencia, algo que tampoco es raro, pues empezó a volar hace tan solo seis años.

En todo caso, sobre el trono vuelve a estar Singapore Airlines, demostrando que en este juego del prestigio aéreo los mismos siete u ocho nombres se reparten la cima año tras año, como recordaba el propio CEO de Skytrax. Resulta curioso también que ninguna aerolínea estadounidense haya logrado colarse en el top 20, un dato que dice tanto del producto real como de quién responde estas encuestas. La única representante norteamericana es Air Canada, que ha quedado en el puesto 17 este año.

La joven Starlux está creciendo de manera notable en sus pocos años de vida. En la foto su primer A350-1000, recibido a principios de este año (Airbus SAS)

Al final, los premios Skytrax son lo que son: un termómetro imperfecto, con intereses cruzados por todas partes, aunque también el mejor escaparate que tiene hoy el sector para hablar de sí mismo. Que Iberia haya subido cuatro puestos es una buena noticia real, se mida como se mida. Que se lo cuenten como si fuera ganar un Oscar, eso ya es cosa de marketing facilón.

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