Baleares

Sa Dragonera, buscando financiación para un laboratorio a cielo abierto

El Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados ha abierto una campaña para costear las actividades de investigación y conservación de la biodiversidad.

Vista de la isla de Sa Dragonera. Foto: CAIB

Hay investigaciones que necesitan tiempo: no semanas ni meses, sino años de observación para que los cambios empiecen a dibujar un patrón. En Sa Dragonera, el seguimiento de algunas de las especies más características de las Islas se ha convertido precisamente en uno de esos trabajos de largo recorrido. El Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (Imedea CSIC-UIB) ha puesto ahora en marcha una campaña de financiación dirigida a particulares, entidades e instituciones para dar continuidad a estas investigaciones y acercar a la sociedad el trabajo científico que se desarrolla en el parque natural.

La iniciativa busca que cualquier persona pueda contribuir al seguimiento y conservación de las especies de la isla. Las aportaciones se pueden realizar a través de la web de la Fundación Universidad Empresa de Baleares. La campaña también ha salido del laboratorio —en este caso, de los centros de investigación— para instalarse en la propia Dragonera. En el centro de visitantes del parque natural se han colocado carteles protagonizados por algunas de las especies que forman parte de los estudios. Las imágenes de la fauna incorporan un código QR que conduce directamente a la página desde la que se gestiona la financiación.

La idea es sencilla: que sean los propios animales los que expliquen por qué merece la pena estudiarlos. Sa Dragonera funciona como un observatorio privilegiado para conocer la evolución de sus poblaciones. Entre las especies que se investigan están la pardela balear, la pardela cenicienta mediterránea, la gaviota patiamarilla mediterránea, la gaviota corsa, el paíño europeo, el halcón de Eleonora y la lagartija balear.

Cada una aporta una pieza distinta del puzle. Algunas permiten obtener información sobre el funcionamiento de los ecosistemas terrestres y marinos y otras tienen, además, un especial interés desde el punto de vista de la conservación. Es el caso de la pardela balear, endémica de las Islas y considerada una de las aves marinas más amenazadas de Europa.

El trabajo científico no se limita a contar ejemplares. El equipo del Imedea coordina anualmente sus investigaciones con la dirección del parque natural y realiza un seguimiento individual de lagartijas, pardelas y gaviotas, además de censos de aves marinas y rapaces, estudios estacionales sobre la diversidad de aves y vigilancia de posibles depredadores exóticos.

La aportación de la tecnología

La tecnología también permite seguir la vida de algunas de estas especies cuando abandonan el campo de visión de los investigadores. Mediante dispositivos GPS instalados en determinadas aves, el equipo puede reconstruir sus movimientos e identificar las zonas que utilizan para alimentarse, reproducirse o descansar.

Pero quizá el dato más importante de este trabajo no sea una cifra concreta, sino el tiempo. Seguir a las mismas poblaciones durante años permite construir series temporales que muestran cambios que podrían pasar inadvertidos en una investigación puntual: variaciones en la abundancia de una especie, modificaciones en su distribución, alteraciones en la reproducción o cambios en su comportamiento.

Es ahí donde la continuidad se convierte en una herramienta científica. Cuanto más larga es la observación, más posibilidades existen de distinguir una fluctuación puntual de una tendencia y de entender cómo están respondiendo las poblaciones a un entorno que también cambia.

El Imedea advierte, precisamente, de que la interrupción de estos trabajos puede generar vacíos de información y dificultar tanto la detección de tendencias como la comprensión de la respuesta de las especies ante los cambios ambientales. En Sa Dragonera, por tanto, investigar no consiste únicamente en saber cuántas aves, lagartijas o depredadores hay hoy. Consiste en volver, medir de nuevo y comparar. Y hacerlo durante el tiempo suficiente para que la isla empiece a contar su propia historia.

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