De vez en cuando entrevisto a una persona del rarificado mundo de los superyates (un constructor, un diseñador o un propietario, por ejemplo) que trasciende ese universo. Y eso es exactamente lo que sucedió cuando conocí a la diseñadora de interiores Oz Lancaster, afincada en Londres. De hecho, presentarla simplemente como «diseñadora de interiores londinense» no logra capturar la esencia especial que aporta a los interiores que diseña en algunas de las casas y superyates más exquisitos del mundo.
Le fascina la velocidad: la de un yate cortando el agua, la ingeniería de un gran coche, la exaltación de una idea que se convierte en realidad. Admite sin reparos que cuando quiere algo, lo quiere para ayer. Y sin embargo, tiene un tatuaje con la palabra SABIR, asociada a la paciencia en varios idiomas y culturas.

La ironía no le pasa desapercibida.
Para Oz, la paciencia no consiste en ir más despacio, sino en permanecer con una idea el tiempo suficiente para llevarla más allá de lo obvio. «Mi paciencia se pone constantemente a prueba con el diseño, porque para mí diseñar nunca termina realmente», afirma. «Es un proceso de moldear, cuestionar y empujar. Siempre hay otro detalle, otra posibilidad, otra manera de que sea mejor».
Ese instinto inquieto empezó muy pronto. Como ella misma explica: «Un artista se fijó por primera vez en mis dibujos cuando tenía tres años. A esa edad dibujaba sobre todo: paredes, cualquier trozo de papel que encontraba, naranjas, incluso trozos de pan. Tenía un vínculo tan especial con mis lápices que eran mis pequeños compañeros. Había todo un mundo entre esos lápices, esos colores y yo. Y a pesar de mi eterno amor por el color, el rosa y yo nunca nos llevamos bien».

El salón principal del Concept C de Feadship, diseñado por Os Designs & Partners. FOTO: Os Designs & Partners
Lo que empezó como instinto acabó convirtiéndose en profesión. Oz dejó Chipre por Londres para estudiar diseño y, tras graduarse, comenzó a trabajar en interiorismo antes de fundar su propio estudio, OS Designs & Partners. Pero Londres le dio algo más que una carrera: añadió otra capa a su identidad creativa.
Su educación mediterránea ya le había dado un instinto natural para la calidez, la generosidad, el color y la hospitalidad. Londres aportó el contraste: complejidad, disciplina arquitectónica, energía urbana y una forma distinta de mirar la proporción y el detalle. Esa combinación se ha vuelto central en su trabajo. Uno suavizó su mirada. El otro la afinó.
«Creo que el lado mediterráneo suavizó la manera en que veo el color y cómo los colores cambian con la luz en lugar de simplemente posarse sobre una superficie, lo cual me dio esa sensación de calidez y hospitalidad», explica. «Londres me hizo más compleja. Me enseñó a mirar las cosas de otra manera y a abrazar la tensión y el contraste». La amabilidad, dice, es una de sus grandes fortalezas, antes de añadir, con su característica ironía, «junto con mi paciencia».

Pero bajo el humor se esconde una diseñadora con una relación inusualmente competitiva consigo misma. A Oz le interesa mucho menos lo que hacen otros diseñadores que poner a prueba los límites de su propio trabajo. «Nunca me ha interesado correr la carrera de otra persona», dice. «Para mí siempre se ha tratado de competir conmigo misma». Quizá por eso resulte difícil definir su obra a través de una única estética.
Los clientes no acuden a Oz buscando un «estilo Oz Lancaster» reconocible. Acuden por su mirada, su instinto, su oído, su experiencia y también por sus orígenes. «Mis raíces me mantienen con los pies en la tierra, y creo que eso forma parte de lo que hace auténtico mi trabajo», explica. «No quiero reproducir la idea de lujo de otra persona. Quiero crear algo que solo pueda pertenecer a ese cliente, en ese lugar y en ese momento».

Ese enfoque se ha puesto a prueba ya en más de 400 proyectos internacionales, entre residencias privadas, espacios de hostelería, locales comerciales y yates. Y una de las demostraciones más claras de esta filosofía es su colaboración con Feadship en el Concept C, creado con motivo del 75.º aniversario del astillero.
«Nunca veo un yate como una simple colección de estancias bellamente decoradas», afirma. «Un yate es arquitectura en movimiento. Cada centímetro importa. Se trabaja con proporción, circulación, ingeniería, peso, luz, movimiento y, en última instancia, con la forma en que alguien experimenta un espacio mientras se desplaza a través de un paisaje en constante cambio». Oz partió del diamante como concepto de diseño central, inspirándose en sus facetas, su precisión y su relación con la luz. Las formas orgánicas se convirtieron en la referencia inicial para el lenguaje arquitectónico más suave que recorre todo el interior.

«El diamante aportó el concepto; la naturaleza, la suavidad», explica. La sostenibilidad también se tuvo en cuenta desde el principio, con un yate concebido con esa idea en mente. La selección de materiales incluyó opciones cuidadosamente estudiadas, reflejo de un enfoque más consciente del diseño sin renunciar a la sensación de lujo. «Formar parte del 75º aniversario de Feadship fue enormemente significativo para mí. No fue simplemente otro proyecto; fue la oportunidad de contribuir a un hito de uno de los nombres más respetados del sector náutico. Concept C me dio la libertad de respetar el legado y la ingeniería de Feadship al tiempo que desafiaba el lenguaje esperado de los interiores de yate».

No porque a Oz le asuste el dramatismo, todo lo contrario, sino porque cree que los interiores más potentes no necesitan anunciar su valor: se revelan poco a poco, en un encuentro de planos, una línea de sombra, la manera en que la piedra se encuentra con la madera. Una pieza de mobiliario diseñada específicamente para quien la va a usar.
Por eso también se muestra cada vez más reacia a usar una de las palabras más manidas del diseño de lujo. «Todo el mundo dice ‘a medida'», comenta. «A mí me interesa mucho más crear algo que no haya existido antes».

Sus descripciones de los espacios son más emocionales que técnicas.
Para Oz, un dormitorio es «donde el mundo se difumina y los sentidos toman el control».
Un baño se convierte en «un teatro privado de agua, piedra y luz».
Y el despacho es el lugar «donde las ideas se afilan y la imaginación toma el mando».

Esas frases revelan algo importante sobre su manera de trabajar. Oz realmente no separa el diseño de la vida. Su mirada la acompaña a todas partes. Aparece en los coches que elige, en la forma en que se viste, en el arte que colecciona, en los dibujos repartidos por el estudio e incluso en su inesperada colección de Pitufos, que convive sin problema junto a muestras de piedra, madera y tela. Nada resulta excesivamente cuidado. Simplemente se siente inconfundiblemente suyo.
Y lo mismo ocurre con la cultura que ha construido dentro de OS Designs & Partners. Oz describe a su equipo más como una familia extendida que como empleados: personas unidas por la misma obsesión de mejorar el trabajo. Su propio lema lo resume de forma sencilla: mejor diseño, visión más ambiciosa.

Quizás esa sea la mejor manera de entender a Oz Lancaster. No a través de una sola estancia, un material o un yate. Y, desde luego, tampoco a través de un estilo predeterminado.
Su sello es el movimiento constante hacia delante. La negativa a aceptar que la primera solución sea necesariamente la mejor. El instinto de cuestionar, redibujar y refinar. El deseo de crear algo que sus clientes no hayan visto antes y algo que ella misma no haya hecho antes. Su vida, igual que su trabajo, se construye sobre la misma idea: mejor diseño, una visión más ambiciosa y siempre algo más por descubrir.
Lo que nos devuelve a ese tatuaje. SABIR. Paciencia.
Para alguien que quiere todo para ayer, parece una elección casi perfecta. Porque a Oz puede que le encante la velocidad. Pero no tiene ninguna prisa por dejar de evolucionar.

