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Dónde construyen los gigantes de la IA sus centros de datos

La carrera por la inteligencia artificial ya no se libra solo por el talento: electricidad, territorio, agua y refrigeración están decidiendo dónde podrán crecer los gigantes tecnológicos.

Representación de un centro de datos para la inteligencia artificial.

Durante décadas, las grandes compañías tecnológicas quisieron estar cerca de las grandes ciudades. Silicon Valley, Londres, Nueva York, París, Fráncfort o Ámsterdam concentraban talento, clientes, universidades, conexiones y capital.

Para la próxima generación de inteligencia artificial, el mapa empieza a ser diferente. Un centro de datos de IA necesita algo que ninguna ciudad puede garantizar por sí sola: cantidades enormes de electricidad disponible durante las 24 horas del día. Por eso Google está mirando hacia Finlandia. Y por eso Microsoft, Amazon, Meta, OpenAI y otros gigantes están multiplicando sus inversiones en infraestructura computacional.

Google acaba de anunciar que destinará al menos 13.000 millones de euros a Finlandia entre 2027 y 2028, su mayor inversión individual en Europa. La compañía ampliará su infraestructura en Hamina y desarrollará nuevos proyectos en Kajaani, Muhos y Vaala. Pero el verdadero interés de la operación no está únicamente en los centros de datos: Google está construyendo alrededor de ellos una red de electricidad, almacenamiento, energía nuclear, renovables y recuperación de calor. La pregunta, por tanto, ya no es solamente quién tendrá el mejor modelo de IA.

Es también quién encontrará el lugar donde pueda hacerlo funcionar a escala.

Centro de datos; foto de UNSPLASH.COM

El centro de datos ya no es un edificio: es una infraestructura energética

La imagen clásica de un centro de datos se queda corta. Dentro hay miles de servidores, pero detrás existe una infraestructura mucho mayor: subestaciones eléctricas, líneas de transmisión, sistemas de refrigeración, baterías, conexiones de fibra óptica, generadores de respaldo y, cada vez más, acuerdos específicos con productores de electricidad. La IA está haciendo que esa infraestructura crezca a una velocidad extraordinaria. El entrenamiento de modelos cada vez más sofisticados requiere enormes cantidades de chips especializados. Después, esos modelos tienen que responder a millones de usuarios y agentes simultáneamente. Cada consulta es pequeña; el problema aparece cuando hay millones o miles de millones de consultas funcionando al mismo tiempo.

De ahí que las grandes tecnológicas estén firmando contratos energéticos a largo plazo y buscando territorios donde puedan conseguir electricidad antes incluso de levantar los edificios.

Google lo está haciendo en Finlandia con un acuerdo de 22 años relacionado con la central nuclear de Loviisa, mediante el cual podrá adquirir hasta el 50% de su producción. La compañía también está incorporando nueva generación eólica y una batería de 94 MW.

Es una señal de hacia dónde se dirige el negocio. La ubicación de un centro de datos empieza a depender tanto de la red eléctrica como de Internet.

El mercado ibérico de centro de datos, en «nuevo paradigma» por aceleración de demanda de IA, según Colliers

Entonces, ¿cuál es el lugar perfecto?

No existe un único ganador. Pero sí existe una lista de requisitos que cada vez pesa más en las decisiones de las grandes tecnológicas.

1. Electricidad abundante

Es el factor número uno. Un territorio puede tener terreno barato y excelentes conexiones de fibra, pero si no dispone de suficiente capacidad eléctrica, el proyecto puede quedarse parado durante años. Esto explica el atractivo de determinadas zonas del norte de Europa, donde coinciden redes eléctricas robustas, generación nuclear, hidroeléctrica o eólica y una densidad de población relativamente baja. Finlandia acaba de convertir esa ventaja en una carta de presentación.

2. Electricidad barata y, cada vez más, baja en carbono

No basta con tener energía. Hay que poder pagarla. Los centros de datos funcionan prácticamente de manera continua y cualquier aumento relevante del precio de la electricidad tiene un impacto directo sobre sus costes operativos.

Además, las grandes tecnológicas tienen objetivos climáticos propios y necesitan demostrar a inversores y clientes que la expansión de su infraestructura no dispara proporcionalmente sus emisiones. Por eso Google está combinando en Finlandia nuclear, eólica, almacenamiento y eficiencia energética.

3. Frío

Puede parecer un detalle menor, pero no lo es. Los servidores producen enormes cantidades de calor. Refrigerarlos consume energía y exige sistemas cada vez más sofisticados. En Finlandia, Google ha convertido el clima en una ventaja industrial. Su centro de Hamina utiliza agua de mar para refrigerar los servidores y aprovecha parte del calor residual para la calefacción urbana.

La compañía calcula que este sistema puede cubrir alrededor del 80% de la demanda anual de calefacción urbana de Hamina. Aquí aparece una idea especialmente interesante: el centro de datos puede dejar de ser solamente un consumidor de energía y convertirse también en una fuente de calor para la ciudad.

4. Agua

La refrigeración es uno de los grandes problemas físicos de la IA. No todos los centros de datos utilizan la misma tecnología y las nuevas arquitecturas buscan reducir el consumo de agua, pero la disponibilidad hídrica se ha convertido en una variable cada vez más relevante.

Y esto cambia completamente el mapa. Un territorio con mucha electricidad pero escasez de agua puede ser menos atractivo que otro con una combinación ligeramente peor de energía pero mejores condiciones de refrigeración.

5. Terreno

Aquí los países nórdicos tienen otra ventaja. Construir instalaciones de cientos de miles de metros cuadrados es complicado alrededor de las grandes capitales. En zonas menos densamente pobladas hay más posibilidades de reservar suelo industrial y ampliar posteriormente el campus. Eso permite pensar no en un edificio, sino en campus de computación que puedan crecer durante décadas.

6. Fibra y cables submarinos

La electricidad permite procesar los datos. Las redes permiten moverlos. Por eso la distancia respecto a las grandes rutas de fibra también importa. Los grandes centros urbanos europeos siguen teniendo una ventaja enorme precisamente por esto. Fráncfort, Londres, Ámsterdam, París y Dublín continúan siendo algunos de los principales mercados europeos de centros de datos porque llevan décadas acumulando conectividad, empresas y redes.

Pero la IA está introduciendo una segunda categoría: lugares alejados de los grandes hubs pero con suficiente conectividad y, sobre todo, mucha más capacidad energética. Ahí empieza la oportunidad nórdica.

Finlandia no está sola

La apuesta de Google puede parecer excepcional, pero forma parte de una tendencia mucho mayor. Suecia, Noruega, Dinamarca e Islandia llevan años intentando atraer centros de datos aprovechando una combinación parecida: electricidad relativamente limpia, temperaturas bajas, recursos renovables y disponibilidad de suelo.

Y Finlandia acaba de subir varios puestos en esa competición. No porque Google haya descubierto el país ahora.

La compañía lleva allí desde 2009, cuando convirtió una antigua fábrica de papel de Hamina en un centro de datos. En 2024 anunció otros 1.000 millones de euros para ampliar sus instalaciones. Ahora llega el salto de 13.000 millones. La diferencia es que la IA ha multiplicado el valor estratégico de todo aquello que Finlandia ya tenía.

¿Y España?

España tiene varios de los ingredientes que buscan estas compañías: una enorme capacidad de generación solar y eólica, posición geográfica estratégica, conexiones internacionales y Madrid como uno de los grandes nodos empresariales y digitales del sur de Europa.

Pero también tiene un problema que resume perfectamente la nueva economía de los centros de datos: tener energía renovable no significa automáticamente tener capacidad disponible para conectar un gigantesco centro de datos a la red cuando la compañía lo necesita. Y el debate ya ha llegado a España.

Amazon, Microsoft y Google, a través de SpainDC, han presentado alegaciones contra el nuevo marco regulatorio español para los centros de datos, especialmente por las exigencias relacionadas con el uso de energía renovable en tiempo real. El sector sostiene que algunas de esas condiciones podrían ser técnicamente difíciles y económicamente costosas. Es decir: España quiere atraer la nueva industria digital, pero tendrá que decidir cuánta electricidad está dispuesta a reservar para ella y bajo qué condiciones.

¿Cuánto dinero hace falta?

Ya no estamos hablando de pequeñas inversiones tecnológicas. Google ha puesto 13.000 millones de euros sobre la mesa únicamente para Finlandia en dos años.

Y el gasto mundial en infraestructura de IA está alcanzando dimensiones difíciles de comparar con cualquier otro ciclo tecnológico. Las estimaciones recogidas esta semana sitúan el gasto de capital de la industria tecnológica en torno a 795.000 millones de dólares en 2026, con la posibilidad de superar 1,08 billones de dólares en 2027. Y ahí está el verdadero negocio que se está formando alrededor de la IA.

No solo ganan Nvidia, AMD o los laboratorios que diseñan los modelos. También ganan las compañías eléctricas, los operadores de redes, los fabricantes de sistemas de refrigeración, los constructores, los propietarios de suelo industrial, los operadores de centros de datos, las empresas de fibra y los productores de energía nuclear y renovable.

La IA está creando una industria física detrás de una revolución que, desde fuera, parecía completamente digital.

La batalla que viene no será por quién tiene el mejor algoritmo

Europa tiene un problema adicional. Mientras Estados Unidos concentra aproximadamente el 75% de la capacidad mundial de computación para IA, Europa tiene menos del 5%, según las cifras citadas esta semana por Christine Lagarde y Financial Times.

Eso significa que Europa puede desarrollar excelentes investigadores, startups y modelos y, aun así, depender de infraestructura extranjera para ejecutarlos a escala. Por eso el movimiento de Google en Finlandia tiene una lectura mucho mayor que los 13.000 millones.

Finlandia está ofreciendo algo que la nueva economía digital necesita desesperadamente: energía, espacio, frío, conectividad y estabilidad para construir durante décadas. Y otros países están intentando hacer exactamente lo mismo.

Detrás de un mundo que nos parece cada vez más artificial e inmaterial se esconde, en realidad, una dinámica profundamente física: montañas, lagos y mares, vastas llanuras, energía y territorio. De la IA a la naturaleza, el paso es mucho más corto de lo que parece.

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