Con el Cannes Yachting Festival ya en pleno desarrollo, Constance Brément observa por primera vez el salón que lleva meses preparando. Más de 700 embarcaciones y más de 680 expositores han llenado el Vieux Port y Port Canto (una ciudad temporal de mástiles y cascos relucientes que se mecen suavemente) y, para Brément, lo que más le entusiasma es precisamente la variedad de la oferta.
«El sector no va de tener un barco grande y caro que vaya muy rápido», explica Brément. «Abarca desde dayboats hasta veleros, y tiene que ver con la experiencia de amar el mar y estar en el agua».

Es una filosofía reveladora para su primera edición al mando del Cannes Yachting Festival, que se celebra del 8 al 13 de septiembre. Y con alrededor de 150 estrenos mundiales previstos en el salón, esta edición ya ha dejado pruebas de sobra de la definición más tradicional del lujo náutico.
Grandes estrenos en el agua
Azimut ha presentado su nuevo Grande 44M, de 43,8 metros de eslora, el buque insignia más grande de su gama. Este modelo de cuatro cubiertas combina construcción en fibra de carbono, paneles solares y un sistema mild-hybrid; el astillero italiano asegura que ya se habían vendido siete unidades antes de que el primer casco tocara el agua.
Sin embargo, ese modelo es un ejemplo perfecto de lo que plantea Brément. El Grande 44M está diseñado en torno a una cubierta privada para el armador y a una estancia más silenciosa y eficiente al ancla, en lugar de limitarse a sumar velocidad o volumen. El «onboard living» (la vida a bordo) puede sonar a estos alturas como una palabra de moda, pero la tecnología busca realmente mejorar la experiencia a bordo tanto como el rendimiento del yate.

El Sirena 118, de 36 metros de eslora, ha hecho su debut mundial bajo el nombre de Ikigai, un nuevo buque insignia que sitúa la navegación de largo alcance y, cómo no, la vida a bordo, en el centro de su propuesta. El yate puede configurarse con hasta seis camarotes de invitados, mientras que una suite de armador opcional de dos niveles conecta el camarote principal de la cubierta principal con un retiro privado en la cubierta inferior, con acceso directo al agua.
Custom Line, por su parte, ha presentado el Navetta 35, de 34,4 metros, otro estreno mundial desarrollado explícitamente en torno a lo que la compañía denomina «un nuevo concepto de vida en el mar». Este yate de tres cubiertas ofrece más de 297 metros cuadrados de espacio interior y exterior y está concebido como una embarcación a medida (aunque, en realidad, se trata de un semi-custom).

El resultado es una flota en Cannes que sigue pareciendo extravagante, pero que refleja una definición distinta de lo que esa riqueza debe comprar: privacidad, tiempo, acceso, flexibilidad y «emoción», como dice Brément.
Quince años al otro lado del mostrador
Brément conoce bien esa diferencia porque pasó los quince años anteriores al otro lado del negocio de los salones náuticos, en el Groupe Beneteau, donde gestionó nueve marcas a nivel internacional. Su experiencia como expositora ha marcado su comprensión de lo que los astilleros realmente necesitan de un evento que representa una «inversión considerable».
«La afluencia de público es importante, sin duda, pero también se trata de generar contactos comerciales, notoriedad de marca y expectación en torno a un nuevo modelo», explica. «Nuestro alcance como festival debería idealmente extenderse fuera del recinto, como herramienta de venta para nuestros expositores».
Un salón con una mirada más joven y a largo plazo
Esa ambición ya está tomando forma: la actividad de comunicación del festival arrancó unos seis meses antes de esta edición. Su Innovation Route también se ha ampliado: este año recibió 120 solicitudes y seleccionó 47 empresas, mientras que un nuevo estudio en el salón permitirá a los expositores seleccionados «crear su propio contenido en vídeo», que podrá seguir utilizándose una vez finalice Cannes.
Esta apuesta por el marketing podría deberse a que Brément tiene en el punto de mira a una generación más joven, con expectativas notablemente distintas. «Se trata de slow life, de vida a bordo y de un estilo de propiedad que no busca ser ostentoso», asegura.
Atraer a la próxima generación es uno de los grandes retos (y oportunidades) del sector. Un yate compite no solo con otras compras de lujo, como una casa o un coche, sino con los viajes, la hostelería y cualquier otra forma en la que los consumidores adinerados puedan dedicar su tiempo de ocio. «Es importante recordar que se trata de una actividad de ocio, no de una compra puntual de lujo», afirma Brément. «Eso cambia por completo el mercado».

Su respuesta pasa por «vender la sensación», algo en lo que los salones náuticos (y especialmente Cannes, gracias a sus infraestructuras) pueden brillar. El festival permite a los potenciales propietarios subir a bordo de los yates y, en algunos casos, salir a navegar en pruebas de mar para capturar esa sensación de propiedad.
Pero Brément también cree que el sector necesita llegar a los potenciales clientes incluso antes de que hayan considerado siquiera la compra.
«Nuestro interés es promover el propio sector, no solo ayudar a nuestros expositores a vender», señala. «Quiero que la gente asocie la náutica con la libertad, ya sea un día en el agua con amigos, unas vacaciones en familia, trabajar en remoto desde el mar o simplemente moverse despacio de un destino a otro».
El año próximo, Cannes celebrará su 50 aniversario. El nuevo cargo de Brément es de gran responsabilidad (con un hito aún mayor por delante). Asegura que el equipo ya está pensando, «por supuesto», en cómo será el salón, pero, sobre todo, en «los próximos 50 años».
Los barcos amarrados esta semana en Cannes son la prueba de que esa visión ya está tomando forma: los grandes yates son cada vez más eficientes, el lujo se vuelve cada vez más experiencial y la vida a bordo cobra tanta importancia como el propio yate.
Para Brément, el objeto que flota en el puerto no es más que el principio de un «estilo de vida precioso» del que espera que cada vez más gente se enamore.

