Durante más de tres décadas, Domingo Mirón trabajó en primera línea de la transformación tecnológica de las empresas. Ahora afronta un desafío distinto, aunque conectado con buena parte de lo que aprendió en ese recorrido: preparar a las personas que tendrán que desenvolverse en una economía cada vez más condicionada por la tecnología. Desde 2024, como consejero delegado de Grupo UAX, ha trasladado su experiencia en el mundo empresarial a un sector en el que la capacidad de anticiparse al cambio resulta tan importante como los conocimientos que se imparten en las aulas.
Licenciado en Ciencias Matemáticas por la Universidad Complutense de Madrid y con un Programa de Desarrollo Directivo por IESE Business School, Mirón desarrolló una carrera de más de 35 años en Accenture. Allí llegó a ocupar la presidencia de España, Portugal e Israel, además de asumir responsabilidades en la dirección global de Riesgos. Una trayectoria que le permitió conocer de cerca cómo la tecnología altera los modelos de negocio, obliga a replantear procesos y cambia las habilidades que necesitan las organizaciones para competir.
De aquella etapa procede una convicción que hoy aplica a la educación: la innovación tiene poco recorrido si no se traduce en resultados concretos. Incorporar tecnología, por sí solo, no basta. Lo importante es qué permite hacer, qué problemas ayuda a resolver y qué oportunidades abre para las personas. Mirón lo plantea desde la idea de la innovación aplicada, un enfoque que lleva ahora al ámbito educativo con la intención de acercar la formación a las transformaciones que ya están experimentando las empresas.
El talento que necesita la próxima economía
El salto de Accenture a Grupo UAX supone cambiar de sector, pero no de preocupación. Si en su anterior etapa el reto consistía en ayudar a las organizaciones a adaptarse a un entorno tecnológico en evolución constante, ahora se trata de preparar a los profesionales que tendrán que trabajar en él. Y hacerlo cuando la inteligencia artificial, la automatización y la aparición de nuevas profesiones están poniendo a prueba los modelos tradicionales de formación.
Para Mirón, la educación superior no puede limitarse a responder a las vacantes que necesitan cubrir las empresas hoy. También debe anticipar las competencias que serán necesarias mañana. Eso implica combinar especialización técnica, pensamiento crítico y capacidad de adaptación, sin perder de vista una dimensión humanista que permita utilizar la tecnología con criterio y responsabilidad.
Esta visión se refleja en la estructura de Grupo UAX, que reúne distintas vías de formación bajo un mismo ecosistema: la Universidad Alfonso X el Sabio, UAX Mare Nostrum en Málaga, el Centro Universitario Alfonso X el Sabio Asturias, The Valley Business & Tech School, XTART FP y MIR Asturias. Desde la Formación Profesional hasta la universidad, el posgrado y la preparación especializada, el grupo busca acompañar a los estudiantes en diferentes momentos de su recorrido académico y profesional.
La apuesta responde a un cambio que va más allá de las aulas. En un mercado laboral en el que las competencias evolucionan con rapidez, la formación inicial difícilmente puede ser la última.
Menos distancia entre el aula y la empresa
Uno de los ejes del proyecto de Mirón es reducir la distancia entre lo que se aprende y lo que después exige el trabajo. La conexión con las empresas no se plantea únicamente como una salida profesional al terminar los estudios, sino como una parte del propio proceso formativo, a través de colaboraciones, proyectos aplicados y metodologías que acercan a los estudiantes a los retos de su futuro sector.
Grupo UAX mantiene convenios de colaboración con más de 10.000 empresas e instituciones, una red que le permite relacionarse con distintos sectores y seguir la evolución de sus necesidades. La cifra da una idea del alcance de esa conexión, aunque el desafío está en convertirla en una ventaja tangible para el estudiante: una formación que no se quede atrás respecto a las profesiones para las que prepara.
La inteligencia artificial ilustra bien ese reto. Su impacto no se limita a los empleos tecnológicos, sino que alcanza ámbitos tan diferentes como la salud, la ingeniería, los negocios, la comunicación o el deporte.
Málaga y Asturias: crecer para atraer talento
La estrategia de Grupo UAX también se está trasladando al mapa. La apertura de UAX Mare Nostrum en Málaga en 2025 marcó la expansión universitaria del grupo en Andalucía, donde ya estaba presente a través de XTART FP en Sevilla. El proyecto cuenta con un campus de 27.000 metros cuadrados y una oferta articulada en torno a tres grandes áreas: salud y deporte, negocios y tecnología, y arte y diseño.
La elección de Málaga conecta con una ciudad que ha ganado proyección internacional y que cuenta con un ecosistema empresarial y tecnológico en desarrollo.
La dimensión internacional es, precisamente, otra de las apuestas del campus. UAX Mare Nostrum cuenta con alumnado de más de 60 nacionalidades y ofrece programas en inglés, francés y modalidades bilingües. Además, el grupo dispone de más de 175 acuerdos internacionales que facilitan oportunidades de movilidad e intercambio. El objetivo es ampliar las conexiones académicas y atraer talento de distintos países, en un momento en el que las universidades compiten también por su capacidad para construir entornos internacionales.
A esa expansión se suma el Centro Universitario Alfonso X el Sabio Asturias, en Oviedo, cuya apertura al inicio del curso 2026-2027 refuerza la presencia del grupo en el norte de España. Su implantación en un territorio con una importante vinculación al ámbito sanitario complementa la actividad de MIR Asturias, especializado en la preparación del examen MIR, y amplía las posibilidades de acompañar a los estudiantes desde la formación universitaria hasta la especialización profesional.
Málaga y Asturias responden a realidades distintas, pero forman parte de una misma estrategia: ampliar la presencia territorial de UAX y conectar su oferta académica con los ecosistemas económicos y profesionales de cada región.
La tecnología también se mide por su impacto social
La trayectoria de Mirón no se limita a la transformación empresarial. Durante su etapa en Accenture colaboró con iniciativas vinculadas al uso de la tecnología para ampliar oportunidades, como la Fundación Accenture, orientada a mejorar la empleabilidad mediante herramientas digitales, y la Fundación Iter, centrada en favorecer la inserción laboral de jóvenes en situación de vulnerabilidad en la Comunidad de Madrid.
Esa preocupación encuentra continuidad en Grupo UAX a través de la Fundación Universidad Alfonso X el Sabio (FUAX), que celebra en 2026 su vigésimo aniversario. La fundación impulsa proyectos de investigación, innovación, emprendimiento, transferencia de conocimiento y voluntariado, ámbitos que conectan la actividad universitaria con necesidades que van más allá de la formación estrictamente académica.
La dimensión social cobra especial importancia en un momento en el que el desarrollo tecnológico avanza más rápido que la capacidad de la sociedad para adaptarse a todas sus consecuencias. La inteligencia artificial abre nuevas posibilidades, pero también plantea interrogantes sobre la responsabilidad, la toma de decisiones y las competencias que seguirán siendo esenciales.
Preparar a quienes tendrán que cambiar las reglas
Después de más de 35 años en Accenture, Domingo Mirón ha pasado de trabajar en la transformación de las organizaciones a impulsar un proyecto centrado en las personas que tendrán que liderar sus próximos cambios. Su experiencia empresarial aporta una perspectiva particular a ese reto: la tecnología puede acelerar procesos y abrir mercados, pero su impacto depende de las capacidades de quienes la utilizan.
Desde Grupo UAX, esa idea se traduce en una apuesta por la empleabilidad, la colaboración empresarial, el aprendizaje continuo y la expansión internacional. El grupo busca consolidar un modelo educativo capaz de responder a las necesidades del tejido productivo sin reducir la formación a una preparación inmediata para el mercado laboral.
Porque el desafío no consiste únicamente en anticipar qué profesiones tendrán más demanda o qué herramientas cambiarán antes las empresas. También pasa por formar a personas capaces de adaptarse cuando esas previsiones dejen de ser válidas. Si durante décadas Mirón ha participado en la transformación tecnológica de las empresas, ahora el reto es contribuir a preparar el talento que tendrá que decidir qué hacer con esa transformación.

