El cierre de Agama ha dejado sobre la mesa un problema que va mucho más allá de una fábrica: qué hacer con la leche que todavía producen las pocas explotaciones ganaderas que sobreviven en Mallorca. Quesos Grimalt ha decidido convertir ese desafío en una oportunidad. La empresa mallorquina, dedicada a la elaboración artesanal de quesos y productos lácteos desde 1948, se ha marcado como objetivo aumentar el consumo de productos lácteos locales para evitar que la leche de la isla tenga que salir hacia la Península por falta de demanda.
La dimensión del reto es considerable. Tras el cierre de la planta de Agama, perteneciente al Grupo Damm, el pasado 3 de marzo, Quesos Grimalt ha pasado a gestionar alrededor de 5,2 millones de litros de leche al año procedentes de siete de las nueve explotaciones ganaderas que mantienen actualmente su actividad en Mallorca.
El problema no es tanto la capacidad industrial como la capacidad del mercado para absorberla. La compañía podría transformar toda esa leche en queso, pero hoy no existe suficiente demanda para incrementar la producción. «Quesos Grimalt tiene capacidad para transformar en queso toda la leche que gestiona, pero la demanda actual del producto no permite aumentar la producción. Por este motivo, parte de la leche se envía a València», explica el director de la empresa, Pedro Monroig.
La compañía afronta ahora un doble reto. El primero pasa por reforzar sus propias instalaciones para ampliar la producción y diversificarla con nuevos derivados, entre ellos leche fresca. El segundo, quizá más complejo, consiste en convencer al consumidor mallorquín de que el producto lácteo local merece un espacio mayor en su cesta de la compra. «Sin el apoyo de la gente de la isla, no hay futuro para el sector», advierte Monroig.
La magnitud del cambio se entiende mejor con una cifra: hace unos años, Mallorca contaba con más de 100 explotaciones que producían leche. Hoy quedan apenas nueve. Ese desplome ha dejado al sector lácteo local en una situación límite, con menos ganaderos, menos materia prima y también menos capacidad para transformar y comercializar el producto dentro de la propia isla.
Es precisamente en este escenario cuando Quesos Grimalt ha decidido reestructurar su negocio. La compañía acaba de iniciar una nueva etapa con la incorporación de nuevos socios, con el objetivo de afrontar con mayor capacidad el nuevo escenario del sector. Entre ellos se encuentra SAT Son Carbó. También se ha incorporado IGD Asesores, una asesoría familiar que llevaba años trabajando con Son Carbó y que, ante la situación que atraviesa el sector, decidió implicarse directamente en el proyecto hasta convertirse también en socio.
La operación supone para Quesos Grimalt algo más que un cambio accionarial. Es el intento de ganar músculo en un momento en el que mantener en Mallorca el ciclo completo de producción —desde la granja hasta el consumidor— se ha convertido en uno de los grandes desafíos para el sector. Porque el futuro de la leche mallorquina no depende únicamente de cuánta leche sean capaces de producir sus ganaderos ni de cuánto pueda transformar una quesería. Depende también de que exista un mercado dispuesto a consumirla. Y ahí es donde Grimalt quiere librar ahora su batalla: conseguir que una mayor parte de la leche producida en Mallorca se quede en Mallorca.

