iPronics ha conseguido 125 millones de dólares de financiación y ha incorporado a Nvidia a su accionariado. La compañía valenciana desarrolla tecnología de fotónica de silicio para centros de datos de inteligencia artificial y pretende convertir la luz en una pieza clave de las redes que conectan las GPU. La operación, anunciada el 2 de septiembre, sitúa a la compañía ante una nueva etapa: pasar de demostrar que su tecnología funciona a desplegarla a una escala que interese a los grandes operadores de infraestructura de IA.
La ronda Serie B ha sido codirigida por Maverick Silicon y Light Street Capital, mientras que Nvidia participa junto a inversores nuevos y accionistas que ya estaban en el proyecto, entre ellos Triatomic Capital, Bosch Ventures, Catalight Capital, el European Innovation Council Fund, Fine Structure Ventures, Amadeus Capital Partners, Build Collective y Criteria Venture Tech. Según la propia compañía, la nueva financiación eleva el capital captado por iPronics hasta 177 millones de dólares.
Hay, sin embargo, un dato que no se ha hecho público: cuánto dinero ha puesto exactamente Nvidia, qué valoración ha alcanzado iPronics con la operación y qué porcentaje del capital controla ahora el gigante estadounidense. Es una distinción importante porque la entrada de Nvidia tiene un enorme valor estratégico, pero no permite concluir, a partir de la información disponible, que exista una participación determinada o una valoración concreta.
El problema que iPronics quiere resolver
La revolución de la inteligencia artificial no ocurre únicamente dentro de las GPU. A medida que los centros de datos incorporan más aceleradores y construyen clústeres de mayor tamaño, también aumenta la cantidad de información que tiene que circular entre ellos.
Ahí aparece el cuello de botella que quiere atacar iPronics.
La compañía desarrolla conmutadores ópticos, conocidos como Optical Circuit Switching (OCS), que utilizan fotónica en lugar de depender exclusivamente de conexiones eléctricas. Su producto principal, iPronics ONE, es un sistema óptico preparado para instalarse en racks de centros de datos y permite reconfigurar las conexiones entre diferentes componentes de una infraestructura de IA. La empresa asegura que la plataforma incorpora control, telemetría y APIs para modificar esas conexiones en tiempo real.
La diferencia puede parecer extremadamente técnica, pero tiene una consecuencia económica muy concreta: cuanto más grandes son los sistemas de IA, más cara resulta la infraestructura necesaria para alimentarlos, conectarlos y mantenerlos funcionando. El objetivo de la fotónica es trasladar una parte cada vez mayor de ese tráfico a la óptica, buscando reducir consumo, latencia y complejidad.
No se trata, por tanto, de fabricar otra GPU para competir con Nvidia. iPronics intenta construir una parte de la infraestructura que permite que las GPU trabajen juntas de manera más eficiente.
Y esa posición ayuda a entender por qué Nvidia aparece ahora en su accionariado.
De Valencia a Silicon Valley
iPronics nació en 2019 como spin-off de la Universitat Politècnica de València, a partir de trabajos relacionados con fotónica de silicio programable y sistemas fotónicos integrados. Desde entonces, la compañía ha ido desplazando su propuesta desde una tecnología de investigación hacia un producto dirigido específicamente a la infraestructura de inteligencia artificial. La evolución también se ha producido geográficamente.
La empresa mantiene su base en Valencia, pero ha abierto una oficina en Santa Clara, California, en pleno ecosistema tecnológico estadounidense. La nueva ronda pretende precisamente reforzar esa presencia y acelerar la contratación y los despliegues comerciales en Estados Unidos.
Es una estrategia habitual en las compañías europeas de deep tech cuando alcanzan una determinada madurez: la investigación y buena parte del desarrollo pueden permanecer en Europa, mientras que la proximidad a los grandes clientes tecnológicos pasa a ser una prioridad comercial.
En el caso de iPronics, esos potenciales clientes son precisamente algunos de los actores con mayor capacidad de inversión del mundo: los grandes proveedores de nube y operadores de centros de datos que están construyendo la infraestructura necesaria para entrenar y ejecutar modelos de IA cada vez más grandes.
Nvidia no llega sola
La entrada de Nvidia es probablemente el elemento más llamativo de la operación, pero la ronda también revela algo más: iPronics ha conseguido reunir alrededor de su tecnología a una combinación de inversores financieros y estratégicos especializados en semiconductores, infraestructura y tecnología avanzada.
Maverick Silicon y Light Street Capital han liderado la Serie B. A ellos se suman inversores que ya conocían la compañía, como Criteria Venture Tech, Amadeus Capital Partners y Fine Structure Ventures, junto a nuevos participantes.
Criteria, además, no es un recién llegado al proyecto. La firma de inversión ya había participado en rondas anteriores de iPronics, lo que convierte su presencia en esta nueva operación en una apuesta continuada por una compañía española de tecnología profunda.
La trayectoria financiera explica parte del salto. En enero de 2025, iPronics anunció una Serie A de 20 millones de euros. La nueva operación multiplica ahora la escala de la compañía y eleva la financiación acumulada hasta los 177 millones de dólares, según los datos comunicados por la propia empresa.
La luz como infraestructura
La palabra fotónica puede sonar todavía lejana al consumidor, pero está adquiriendo una importancia creciente en la economía de la inteligencia artificial.
El principio es relativamente sencillo: utilizar la luz para transportar información. El reto está en hacerlo de manera que resulte suficientemente compacto, programable, fiable y rentable para integrarse en centros de datos que operan a una escala muy superior a la de hace apenas unos años. iPronics ha construido su propuesta alrededor de esa idea. Su tecnología busca que las conexiones ópticas puedan reconfigurarse de acuerdo con las necesidades del sistema, en lugar de mantener una arquitectura rígida. Según la compañía, esto permite adaptar la conectividad de los clústeres de IA a diferentes cargas de trabajo y mejorar la utilización de las GPU.
El desafío ahora es industrial. Una cosa es demostrar una tecnología fotónica en laboratorio y otra muy diferente fabricar suficientes unidades, integrarlas en infraestructuras críticas y conseguir que los grandes operadores las incorporen a sus centros de datos.
Por eso la compañía destinará el nuevo capital a escalar operaciones, acelerar el despliegue comercial de iPronics ONE y reforzar su presencia en Estados Unidos.
La siguiente batalla: tamaño y escala
El mercado al que apunta iPronics tiene además una característica que condiciona todo el negocio: el espacio físico dentro de los centros de datos vale dinero. Cada rack concentra cada vez más capacidad de computación y cualquier componente adicional compite por espacio, energía y refrigeración. La compañía trabaja por ello en reducir el tamaño de sus sistemas ópticos para facilitar su integración y aumentar la densidad de los equipos.
El País señala, citando fuentes conocedoras del proyecto, que la empresa pretende reducir aproximadamente 20 veces el tamaño de sus equipos OCS respecto a las dimensiones actuales. Ese dato no aparece especificado en el comunicado oficial de la nueva ronda, por lo que conviene atribuirlo al medio y no presentarlo como una cifra oficial comunicada por iPronics.
Es precisamente en este punto donde la historia empresarial se vuelve más interesante. La tecnología puede ser diferencial, pero el verdadero valor de una compañía de hardware aparece cuando consigue convertir esa ventaja tecnológica en producción, ventas recurrentes y contratos con clientes de escala global.
Una apuesta española por la infraestructura de la IA
La inversión de Nvidia no convierte automáticamente a iPronics en proveedor de Nvidia ni significa que su tecnología vaya a integrarse en una determinada plataforma del gigante de los chips. Eso no ha sido anunciado y no debe confundirse con la entrada de Nvidia como inversor.
Lo que sí demuestra la operación es que una compañía nacida de la investigación universitaria valenciana ha conseguido situarse en una conversación que hasta hace poco parecía reservada a Silicon Valley: la carrera por construir la infraestructura física que hará posible la siguiente generación de inteligencia artificial.
Nvidia ha elegido participar en esa carrera también desde el lado de las redes ópticas. Y para iPronics, el nuevo capital supone algo más que una inyección financiera: es una oportunidad para intentar demostrar que una tecnología desarrollada desde Valencia puede convertirse en una pieza de la infraestructura global de la IA.
La próxima fase será menos académica y mucho más empresarial. Fabricar, vender, desplegar y escalar. Ahí se decidirá si iPronics puede pasar de ser una prometedora compañía española de fotónica a convertirse en uno de los nombres relevantes de la nueva arquitectura de los centros de datos de inteligencia artificial.

