Opinión Javier Ortega Figueiral

África, el continente que está despegando

Durante décadas se habló de África como un inmenso mercado que «algún día» despegaría. Ese día, en términos de tráfico, ya ha llegado.

Ethiopian recibió, una vez más, el premio a la mejor aerolínea de África en los Skytrax, los galardones de referencia en la industria de la aviación comercial. (WAA)

En la taquilla del club donde voy a nadar guardo algunas cosas personales. Entre ellas, un desodorante de Nivea. Hace tiempo reparé en una frase de su etiqueta que la marca vende como virtud del producto: «resiste 48 horas en clima africano». La primera vez que la leí pensé: ¿quién pensó esto? ¿A qué «clima africano» se refiere exactamente? Suponer que un continente de 54 países, varios husos horarios y climas que van del desierto del Sáhara a las nieves del Kilimanjaro comparte «un clima» es tan eurocéntrico como quien desde otro lugar del mundo asume que en España todos tenemos un amigo torero, bebemos sangría a diario y hay alguien tocando una guitarra flamenca en cada esquina. Ridículo, ¿verdad?

Pues ese mismo error de óptica es el que cometemos, con más frecuencia de la que creemos, cuando hablamos de «la aviación africana» como si fuera un bloque homogéneo. No lo es. Entenderlo es la clave para ver lo que realmente está pasando en sus cielos.

Creciendo

Hablemos de números: en marzo de 2026, la demanda internacional de pasajeros de las aerolíneas africanas creció un 19,2% interanual. Fue la cifra más alta de cualquier región del mundo ese mes, justo cuando el tráfico internacional global caía por primera vez desde 2021. Esto significaba que mientras el mundo frenaba, África aceleraba.

El resto del año ha seguido el mismo patrón: la capacidad de asientos internacionales del continente subió un 18,6% interanual, según el informe «Africa in the Air» de la African Travel & Tourism Association. Y la carga aérea ha ido más lejos aún, con un crecimiento del 21% interanual en febrero de 2026, el ritmo más fuerte del planeta. Esto último sobre todo impulsado por el comercio electrónico y el transporte de perecederos.

Durante décadas se habló de África como un inmenso mercado que «algún día» despegaría. Ese día, en términos de tráfico, ya ha llegado.

No todo despegue es igual

Crecer en pasajeros no es lo mismo que crecer en beneficio, y no todos los países parten del mismo punto. Durante mucho tiempo las grandes potencias aeronáuticas (europeas, del Golfo, norteamericanas) han mantenido el pie encima de buena parte del continente: rutas pensadas para llevar pasajeros a sus propios hubs en lugar de conectar África consigo misma, acuerdos bilaterales restrictivos y una dependencia histórica de aerolíneas extracontinentales para volar entre dos capitales africanas vecinas. Ese pie ya se está levantando, aunque el despertar no es uniforme.

Los que ya vuelan alto

Ethiopian Airlines es el mejor ejemplo de lo que ocurre cuando un país apuesta por su aerolínea de bandera a largo plazo. Es la mayor de África por capacidad desde hace años. Tuvo más de dos millones de asientos programados en agosto de 2026, un crecimiento del 31,2% este año, y fue elegida Mejor Aerolínea de África en los premios Skytrax de 2025 y los APEX de 2026. Addis Abeba se ha convertido en uno de los grandes hubs de conexión del mundo, comparable (en función) a Dubái o Estambul.

“Orgullo africano” en el fuselaje de un Boeing 737 de Kenya Airways. La compañía con sede en Nairobi cumplirá 50 años en breve (Javier Ortega Figueiral

Marruecos ha seguido un camino distinto, aunque igual de deliberado. Royal Air Maroc ha modernizado su flota, supera ya los 90 destinos y se ha consolidado como el puente natural entre Europa, África Occidental y hasta América o China, con un crecimiento del 13,2% este verano.

Egipto y Angola muestran, en cambio, que el liderazgo tiene grietas. EgyptAir, en activo desde 1932, avanza con paso más contenido, lastrado por la burocracia de El Cairo y la volatilidad cambiaria, aunque en 2026 empezó a recibir sus primeros Airbus A350. Y TAAG Angola Airlines, fundada en 1938 y todavía entre las importantes del continente, no vive su mejor momento: de sus 33 aviones, solo la mitad están operativos. Estar “entre los mejores de África» y «atravesar dificultades serias» no son cosas incompatibles.

Los que vuelan bajo

En el otro extremo no hablamos de aerolíneas con problemas de gestión, sino de países donde la aviación apenas puede sostenerse por problemas del estado como tal. Somalia, Sudán o la República Centroafricana (por poner tres ejemplos) no compiten en la misma liga que Etiopía o Marruecos porque el problema no es comercial sino institucional: conflictos armados, espacios aéreos inseguros e infraestructuras mínimas.

Hay un dato que confirma lo dicho: la implementación efectiva de los estándares de seguridad de la OACI en el África subsahariana es del 60,34%, frente al 69,46% global, y entre 2019 y 2023 solo se completó el 19% de los informes de accidentes en la región, frente al 63% mundial. La cosa no es solo una brecha con infraestructuras, sino de transparencia y gobernanza en general.

Interior de la clase Business de un Boeing 787 de Royal Air Maroc. Con este avión vuela desde Casablanca a Estados Unidos, Canadá, Brasil y China (Javier Ortega Figueiral)

El drama: crecer sin ganar dinero

Hay un dato que me ha impresionado: de los 41.000 millones de dólares de beneficio neto que la industria aérea mundial espera generar en 2026, las aerolíneas africanas se quedarán con apenas 200 millones (un margen del 1%, el más bajo del mundo, o 1,3 dólares de beneficio por pasajero frente a una media global de 7,9). A esto se suma que África concentra el 79% de los fondos de aerolíneas bloqueados globalmente por gobiernos (954 millones de dólares, con Argelia a la cabeza), y que solo el 19% de las rutas intraafricanas tienen vuelo directo: ni el propio continente está bien conectado consigo mismo. Resumiendo: África vuela más que nunca y gana menos que nadie por ello.

El despegue de verdad

No todo son sombras en esos 54 paises. La carga aérea crece más rápido que el pasaje, y ahí hay un negocio de tremendo potencial que acaba de arrancar como es debido. Hubs como Addis Abeba, Nairobi o Johannesburgo demuestran ser alternativas de resiliencia frente a la inestabilidad de otras rutas globales. El sector lo tiene claro: lleva meses pidiendo a los gobiernos africanos pasar de los marcos normativos sobre el papel a la implementación real, sabiendo que ahí, y no en el crecimiento del tráfico, está la verdadera batalla pendiente.

La aviación, como decía recientemente un responsable de IATA para la región, no es un lujo ni una fuente de recaudación fiscal: es infraestructura económica que genera empleo, comercio y turismo de forma más duradera que cualquier impuesto al viajero. Es quizá la frase que mejor resume lo que se juega el continente en la próxima década.

Un Boeing de TAAG, las líneas aéreas de Angola, rodando en el aeropuerto de Ciudad del Cabo. Por pasaje, el sexto más importante del continente y el segundo de Sudáfrica (Javier Ortega Figueiral)

Vuelta al desodorante

Así como no existe «un clima africano» (la humedad de Lagos no tiene nada que ver con la sequía de Windhoek), tampoco existe «una aviación africana». Existen medio centenar de mercados, cada uno con su propia velocidad: algunos, como Etiopía o Marruecos, ya despegaron con motor propio, otros, como Egipto o Angola, van volando, aunque arrastran turbulencias; y finalmente otros, como Somalia, Sudán o la República Centroafricana, siguen esperando en la pista a que primero se resuelva algo más básico que un plan de rutas: el presente para que haya futuro.

Durante mucho tiempo, otros llevaron el mando de ese avión. Hoy, por fin, empieza a haber ‘pilotos’ africanos al frente. Que el continente conserve el beneficio de su propio vuelo, y no solo las cifras de crecimiento, será la verdadera prueba de que ha despegado como debía. Al fin y al cabo, la ONU acaba de votar para que los mapas dejen de achicarla en el papel. Quizás sea también el momento de que dejemos de achicarla también en el relato.

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