Opinión Javier Ortega Figueiral

¿Quo vadis, easyJet?

easyJet, «la low cost que cae bien», a decir de muchos, desde que echó a volar en el lejano 1995. Hablamos ya del siglo pasado.

El primer Airbus A321neo de easyJet en su presentación en el festival de Farnborough, Reino Unido, en 2018 (F. Lancelot)

Vamos a hablar en términos simples, que hoy es el último lunes de julio y lo que toca es aligerar un poco este mundo… por más que los aviones vuelen más que nunca. Y entre ellos, los de easyJet, «la low cost que cae bien», a decir de muchos, desde que echó a volar en el lejano 1995. Hablamos ya del siglo pasado.

Pues bien: la aerolinea que cae bien anda ahora mismo en el centro de una batalla campal entre dos fondos de capital privado estadounidenses. Resumen rápido: el 5 de julio, easyJet dijo que sí a una oferta de Castlelake, un fondo de Minneapolis especializado en aviación, con más de 24.000 millones de dólares invertidos en el sector desde 2005, por 690 peniques la acción. Cinco días después llegó Apollo Global Management con 715 peniques y una valoración de 5.700 millones de libras (unos 6.673 millones de euros), y la aerolínea cambió de bando sin despeinarse.

Y aquí un pequeño inciso para el lector español, que igual se ha hecho la misma pregunta que me hice yo la primera vez: no, los peniques británicos no tienen tope de 100. En Londres las acciones se cotizan tradicionalmente en peniques (lo que los mercados llaman GBX), y como 100 peniques equivalen a una libra, es de lo más normal ver precios de «690» o «715 peniques», que no son sino 6,90 y 7,15 libras por acción. Es como si aquí habláramos de «690 céntimos» en lugar de decir «6,90 euros»: una rareza puramente británica, aunque rareza al fin y al cabo.

Volviendo al lío: Apollo tiene hasta el 7 de agosto para presentar una oferta en firme o retirarse; Castlelake, hasta el 3. Así que, mientras quizá usted hace la maleta para volar con ellos este verano, dos gigantes de Wall Street se están peleando por quedarse con la empresa. Cosas del capitalismo de vacaciones.

«Alavionismo». Plano derecho de un Airbus de easyJet en pleno vuelo (EZY)

¿Y las cuentas, qué dicen?

Aquí toca ser claros, porque circula la idea de que easyJet ha perdido un 70%, y no es exactamente así. Los resultados del tercer trimestre fiscal (el trimestre hasta el 30 de junio) muestran un beneficio antes de impuestos de 85 millones de libras, frente a los 286 millones del año anterior: ahí está la caída del 70% de la que se habla, aunque es un recorte del beneficio, no una pérdida. El combustible más caro y una demanda más floja por la tensión en Oriente Próximo son los culpables señalados.

Los ingresos, de hecho, subieron ligeramente (2.980 millones de libras frente a 2.920 millones), aunque los ingresos por pasajero bajaron algo, y el factor de ocupación (porcentaje de asientos vendidos) cayó del 90,2% al 88,9%. El consejero delegado, Kenton Jarvis, insiste en que la confianza del consumidor mejora y que la curva de reservas se está alargando de cara al verano.

Despegue de un A320neo durante un vuelo de pruebas en Toulouse (H. Gousse)

¿Por qué la quieren tanto?

No es que dos fondos se peleen por una aerolínea cualquiera con problemas de margen: easyJet cotiza, según los propios interesados, por debajo de lo que realmente vale. Y lo que realmente vale son cosas muy concretas: sus preciados slots en el aeropuerto de Londres-Gatwick, una flota moderna, posiciones de entrega futura de aviones Airbus, una marca reconocible en toda Europa y un negocio de paquetes vacacionales que no deja de crecer. Todo eso, sumado, vale más de lo que refleja el precio en bolsa. Aquí es donde entra el capital privado: comprando barato algo que consideran infravalorado por el mercado público.

Apollo, además, ha jugado bien sus cartas: se ha comprometido a cumplir la normativa europea de propiedad de aerolíneas y ha ofrecido a los accionistas actuales la opción de mantener parte de su participación en el negocio, algo que Castlelake no puso sobre la mesa con la misma generosidad.

El que no quería, ahora cobra

Y aquí llega la ironía final, que tiene nombre propio: Sir Stelios Haji-Ioannou. El fundador y su familia siguen siendo los mayores accionistas individuales de easyJet, con cerca de un 15% del capital, y además cobran un royalty del 0,25% sobre los ingresos de la aerolínea solo por el uso de la marca «easy», a través de su holding easyGroup. Apollo, consciente de que ese porcentaje pesa en la decisión final, ya se ha comprometido a mantener ese acuerdo de licencia si gana la puja.

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Lo curioso es que Stelios ha sido durante años el más reacio a buena parte de las decisiones que llevaron a easyJet a convertirse en la aerolínea que es hoy: se opuso públicamente a los grandes pedidos de aviones Airbus, presionó para frenar la expansión con deuda, y nunca ocultó su recelo hacia el rumbo que tomaba la compañía bajo sucesivos consejeros delegados, llegando a amenazar más de una vez con retirar la marca si no se hacía lo que él consideraba oportuno.

El fundador purista, el que quería una aerolínea pequeña y sin lujos, acaba ahora cobrando el premio más grande gracias, precisamente, a que easyJet creció, se endeudó, compró aviones y se convirtió en algo demasiado grande y atractivo para el capital privado. A veces la historia tiene un sentido del humor muy particular.

Así que, mientras usted disfruta de sus vacaciones volando (quizá) con la compañía de bajo coste que cae bien, sepa que en algún despacho se está decidiendo quién será su verdadero dueño dentro de un mes. Y que el fundador que más protestó por el camino que tomaba la empresa es quien más va a celebrar, en libras y en peniques, que ese camino haya llegado hasta aquí.

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