«Es posible que ahora empecemos a ver un salto cualitativo en el mercado inmobiliario de lujo con un perfil de precios más altos». Mallorca está transformando parte de su oferta más selecta de viviendas premium para llevarla a otro nivel; hacerla volar del lujo al superlujo con precios que rozan la estratosfera. Los anuncios de mansiones por cuatro o cinco millones de euros que llevan años agolpándose en las webs de los portales inmobiliarios están dejando paso a otros que añaden un cero a la cifra de venta. El último ejemplo son las dos villas contiguas que el inversor multimillonario y gurú de Wall Street Howard Marks ha puesto a la venta por la friolera de 62 millones de euros.
«Es otro nivel», afirma Hans Lenz, director general de Engel & Völkers Mallorca Suroeste, firma que se encarga de la comercialización de los dos inmuebles de Marks. Es el reflejo de un nuevo mercado incipiente en que ser solo millonario no basta. Hay que ser multimillonario. «Es un tipo de oferta que mueve a un público muy especial, un número extraordinariamente limitado de personas que se está concentrando cada vez más en Mallorca y resto de Baleares. Es algo que hace cinco años no pasaba o no pasaba tanto: ahora ves que vienen más y que repiten». El sector náutico es el escaparate más obvio, con megayates como el de David Geffen, el Rising Sun, un palacio flotante por el que este verano han pasado Jennifer Aniston, Courteney Cox, Oprah Winfrey, Kris Jenner, Sydney Sweeney o Pedro Pascal, entre otros. «Pero no todo el mundo va a estar en un yate». Ahí entra la oferta en tierra que Marks acaba de ampliar.

Las dos fincas que el cofundador de Oaktree Capital Management ha puesto en venta, lugar de veraneo habitual del que he venido disfrutando junto a su esposa Nancy durante más de una década, se ubican en la península de Formentor, en el municipio de Pollença, al norte de la isla. La principal, con un precio de 46 millones de euros (52 millones de dólares), recibe el nombre de La Posada, edificada en 1940 y adquirida por Marks en 2014. Más de 1.300 metros cuadrados de superficie construida con vistas a la Bahía de Pollença. Consta de una casa principal con siete habitaciones y una casa de huéspedes. Por supuesto, no falta una amplia piscina, además de una plataforma de baño privada con acceso directo al mar.





La reforma del diseñador de los Obama
Uno de los grandes atractivos de la vivienda, no obstante, es la reforma realizada por Michael S. Smith, el reputadísimo interiorista estadounidense, considerado uno de los talentos más respetados de la industria a nivel internacional. Entre otras cosas, es conocido entre la jet set y el gran público por haber sido el responsable de rediseñar las dependencias privadas de la Casa Blanca por elección directa del matrimonio Obama, Michelle y Barack, durante el periodo en que este ostentó la presidencia del país. Smith, que ha colaborado en varios proyectos de los Marks, tiene una relación de más de 20 años con la familia
La segunda villa, justo al lado de la primera, es Sa Punta, de 622 metros cuadrados de superficie habitable y seis habitaciones. De un diseño más moderno, está revestida de cristal para poder disfrutar al máximo de las vistas que ofrece un entorno privilegiado, muy cercano al Hotel Four Seasons. Entre otros elementos, las instalaciones cuentan con terraza con piscina, spa, gimnasio y un ascensor de cristal. Su precio es cerca de una tercera parte de la primera casa: 16 millones de euros (18 millones de dólares).



«Estamos asistiendo a un redimensionamiento del mercado», observa Lenz para referirse a la «avalancha» de compradores internacionales de altísimo poder adquisitivo que dispararon las operaciones en el mercado de la vivienda de lujo durante la pandemia; familias bien posicionadas en busca de un refugio idílico en el que guarecerse mientras el mundo lidiaba con la emergencia sanitaria. El estallido de la guerra de Ucrania, apenas se estaba saliendo de la covid, trajo una oleada de familias de Europa del Este con preferencia, igualmente, por las unifamiliares de lujo. Ahora se abre un nuevo periodo en el que son cada vez más habituales las transacciones de bienes inmobiliarios por encima de los 20 millones de euros.
El mercado del superlujo se está abriendo un hueco cada vez mayor y radicalizando los contrastes en una comunidad autónoma con severos problemas de acceso habitacional para gran parte de la población. Mercados opuestos, de cualquier modo, cuyos perfiles de clientes no son en ningún caso convergentes, insisten desde el sector inmobiliario, aunque ambos compartan un mismo territorio en el que los precios que antes estaban fuera del alcance de la clase media y trabajadora ahora empiezan a estarlo también para muchos ricos. Es el tiempo de las casas con precios de ocho dígitos.

