Opinión Carolina Estellé

¿Es posible proteger a los viajeros de semejante catástrofe?

Nadie puede prever una riada como la que ha arrasado Nepal y Tíbet. Pero que haya cosas que escapen a nuestro control no significa que no debamos prever todo aquello que sí está en nuestras manos.

 

Riada de Nepal. Getty Images.

Estos días, viendo las noticias de Nepal y Tíbet, he pensado mucho en las personas que estaban allí viajando, pero también en quienes viven allí. Porque para nosotros esos países pueden ser un viaje, un lugar que soñamos conocer y del que, si algo sucede, intentaremos regresar a casa. Para ellos es su casa, su familia, su trabajo, su vida. Y cuando ocurre una catástrofe de estas dimensiones, son ellos quienes se quedan y tienen que reconstruir lo perdido.

También he pensado, inevitablemente, en mis viajeras. En qué haríamos si alguna estuviera allí en ese momento.

Nadie puede prever una riada de esta magnitud, como tampoco podemos evitar un terremoto. Pero que haya cosas que escapen a nuestro control no significa que no debamos prever todo aquello que sí está en nuestras manos.

Curiosamente, hace poco estuvimos valorando incorporar Tíbet a nuestros viajes. Nuestro proveedor en China, con quien tengo mucha confianza, me recomendó esperar. Me explicó que el destino no estaba en su mejor momento en cuestiones de mantenimiento, servicios y hotelería y que no alcanzaba los estándares que buscamos para nuestras viajeras.

Esto no significa que lo ocurrido ahora pudiera preverse, ni que quienes estaban allí tomaran una decisión equivocada. Pero sí explica bastante bien cómo entiendo mi trabajo.

Antes de ofrecer un destino, viajamos. Yo personalmente necesito conocerlo, recorrerlo, ver cómo funciona y entender qué puede aportar a nuestras viajeras. Primero viajamos nosotros y después decidimos si queremos llevarlas allí.

Y miro muchas más cosas que hoteles o experiencias.

Si una viajera está en mitad de Namibia y le pica un escorpión, quiero saber qué pasa después. Qué seguro tenemos, cómo se activa una asistencia, cómo se organiza un rescate desde una zona remota y dónde está el primer hospital. Probablemente nunca lo necesitemos. Pero es importante saberlo.

Hace un par de años estaba en Uzbekistán acompañando a uno de nuestros grupos cuando se desató un terremoto. En ese momento desaparece todo lo demás. Da igual la visita del día siguiente o el itinerario. Mi única prioridad era poner a mis viajeras a salvo y saber cómo actuar.

También he vivido situaciones complicadas viajando por India, Egipto y otros lugares. Y la experiencia hace que cada vez observes los destinos de una manera diferente. Ya no me pregunto solamente qué vamos a hacer allí. También qué hacemos si algo falla.

Por eso escucho muchísimo a nuestros contactos locales. Ellos saben cosas que desde un despacho en Barcelona es imposible percibir. Y si me dicen que no es el momento, muchas veces es no. Cuando hablamos de seguridad de las mujeres al viajar, solemos pensar en aquello que puede ocurrirnos por ser mujeres: cómo vestir, si podemos caminar solas o cómo se nos trata en determinadas sociedades. Todo eso importa. Pero para mí nuestra seguridad va mucho más allá. Es conocer las infraestructuras, tener un seguro que realmente responda, entender la situación política, saber cómo funcionan las comunicaciones y tener personas de confianza sobre el terreno. También saber cancelar un viaje si las circunstancias cambian. Lo hemos hecho y volvería a hacerlo. Si considero que no están dadas las condiciones para llevar a mis viajeras, no vamos.

Y un destino tampoco son solamente sus paisajes, son las personas.

En muchos de nuestros viajes intentamos acercarnos especialmente a las mujeres locales, conocer sus proyectos y contribuir de alguna manera a las comunidades que nos reciben. Cuando has estado allí y conoces a las personas, las noticias dejan de parecerte tan lejanas.

Estos días pienso también en ellas. Nosotros, como viajeros, tenemos el privilegio de poder marcharnos. Ellos se quedan.

Nadie puede garantizar que nada vaya a suceder, yo tampoco. Pero sí puedo conocer, preguntar, escuchar, prever todo lo que esté en mi mano y estar ahí cuando algo no sale como estaba previsto.

Para mí, ahí empieza realmente la seguridad de un viaje. Mucho antes de coger un avión.

* Carolina Estellé es curadora de experiencias y especialista en viajes

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