Las recientes exposiciones de Yayoi Kusama (Guggenheim Bilbao o la National Gallery of Victorias’s, Australia) han sido las más visitadas de la historia de los museos, llegando, en algunos casos a superar el medio millón de visitantes. ¡Incluso, más que el conocido y aclamado Vincent Van Gogh!.
En estos tiempos, en los que, erróneamente, se valora el éxito de un museo por el número de visitas recibidas, da gusto comprobar que aún quedan artistas, como Yayoi Kusama, capaces de atraer a un público diverso y que cubrien récords en las expectativas de ciertos organizadores, mientras su práctica artística y narrativa vanguardista nos acerca a un mundo de ilusión e inolvidables sensaciones.
Su arte, de gran atractivo visual, una obra colorida y, a menudo, de aspecto engañosamente alegre, alcanza a un público, incluidos niños, gracias a su visión positiva de la realidad. Gracias también a su interpretación de elementos cotidianos (como los fideos o los lunares) en un paraíso feliz y atractivo lleno de colores que habitualmente acostumbramos a ver en dibujos infantiles.
Hija de una familia adinerada, su percepción del paisaje, de las flores y de su entorno era asombrosa: ella misma confesó en una ocasión que las flores le “hablaban”
«Las voces aumentaron rápidamente en número y volumen, hasta que su sonido me dolía en los oídos. Yo pensaba que solo los humanos podían hablar, así que me sorprendió que las violetas utilizaran palabras. Estaba tan aterrorizada que me empezaron a temblar las piernas».
Esta percepción única le permitió crear un mundo imaginario, no exento de significado pero que nos atrae a todos los humanos. A pesar de su edad (96 años) se adaptó a las nuevas tecnologías y fue una de las grandes creadoras de experiencias fotogénicas, que no inmersivas, dotando al espectador un papel protagonista que deslumbra a cualquier persona que se acerca a su obra.
A pesar de sus oscuras fuentes de inspiración —el olvido, la muerte, el sexo, la guerra—, los símbolos recurrentes que utiliza Kusama, flores, lunares, calabazas, resultan irresistibles para los jóvenes y niños, lo que le permite atraer a las familias. Su éxito de estaba garantizado.
No hay que olvidar que en su momento fue un icono en el panorama artístico de New York y como afirma Will Heinrich en el New York Times:
“ser tan conocida proporciona, de hecho, a una creadora visual tan hábil e inventiva como Kusama una especie de ventaja a la hora de sorprender y deleitar a su público, ya que puede lograr mucho con solo modificar ligeramente nuestras expectativas”
Como artista de éxito, deja un legado reflejado en su país, en la isla de Nahosima. Como mujer rompedora y artista deja le legado de acercar el arte a un amplio público que retiene sus imágenes como identificables iconos. Con su muerte valdria la pena resaltar que detras de las cifras de visitantes, del espectaculo, habia una reflexion seria sobre la fragilidad de la identidad humana, no solo un fondo “instagrameable”.
Lourdes Fernández es fundadora de Artingenium, exdirectora de ARCO y Art Consultant de Forbes House.

