En Beijing, el precio medio por una casa de este tamaño es 310.000 aproximadamente. Esto es todo en un país donde por 5 dólares puedes comprar una gran cantidad de comida en el mercado local y por 70 dólares comprar un billete de tren con litera que se recorra todo el país. Según el FMI, que mide la relación entre casa-precio-salario, en China están siete de las diez ciudades más caras para propiedades residenciales. Los precios de las viviendas están severamente fuera de lo proporcional respecto a los ingresos de los habitantes.

En Xiamen, una ciudad costera con un mercado de propiedades activo, 300.000 dólares por un apartamento es algo normal, a pesar de que el salario mínimo roce los 200 dólares al mes y de que el salario medio sea de 1.000 dólares. Incluso para los residentes de clase media, que ganan entre 1.200 y 5.000 dólares al mes, el precio es prohibitivo. Sin embargo, la gente de China ‘puede’ permitirse comprar estas propiedades extremadamente caras. De hecho, el 90% de las familias son propietarias de sus casas, lo que convierte al país en uno con los índices más altos en propiedades residenciales. Pero aún hay mas, el 80% de esas casas son propiedades directas, sin hipotecas ni cualquier otra ayuda. Además de esto, el 20% de las familias urbanas posee más de una casa, según la compañía financiera Nomura. Por lo que, con salarios tan fuera de sintonía, ¿cómo tanta gente puede permitirse comprar tantas casas?

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