El año pasado, el colapso del puente Morandi de Génova, además de dejar víctimas mortales, ha desvelado una cruda realidad: Italia tiene un problema con su red de infraestructuras.

El fatídico accidente ha desnudado una situación de falta de inversiones en los últimos años en comparación con otros países europeos, según ha señalado la OCDE, una organización multilateral de la que forman parte los países más ricos. Los datos de este organismo muestran que mientras que Alemania, Francia y Reino Unido han invertido dinero en sus carreteras en los últimos años, la inversión italiana cayó de 13.700 mil millones de euros en 2007 a solo 3.400 millones de euros en 2010. Este volumen subió hasta los 5.000 millones de euros en 2015, pero muy por detrás de Alemania (11.700 millones de euros), Francia (10.000 millones) y Reino Unido (9.100 millones).

El puente Morandi fue construido en 1967 y mide 1,2 km de largo. En general, puentes como este se diseñan para resistir al menos 100 años con trabajos de mantenimiento periódico, como, al parecer, se estaban llevando a cabo en el momento del desplome. Algunas versiones han sugerido, sin que se haya demostrado hasta ahora, un defecto de diseño, debido a cálculos erróneos en la caducidad del hormigón.