Finlandia ha estrenado el nuevo año con una tasa de desempleo del el 9,4%, mientras sus vecinas Suecia y Dinamarca no llegan siquiera al 7%. Aunque en España, donde a día de hoy el 22,7% de la población no tiene trabajo, este porcentaje pueda parecernos totalmente irrisorio, en el contexto de los países nórdicos la cifra es preocupante. A este aumento del paro se le suma, además, la delicada situación financiera que atraviesa el país con un déficit público que le quita los frenos a una deuda pública que no deja de aumentar.

¿Qué pasa con Finlandia? ¿Cómo es posible que en tan sólo unos pocos años se desestabilice de esta manera una de las economías más sólidas de Europa? Aunque algunos señalan como culpable a la subida del euro en los últimos años las razones de este declive son algo más profundas, y residen básicamente en la industria: por un lado, el precipicio en el que se halla Nokia, la empresa con más empleados del país. Por otro, el hundimiento del papel que afecta directamente a otro de los grandes sectores de Finlandia, la industria maderera. A todo ello se suma, además, el desplome del petróleo y el gas en Rusia y las sanciones impuestas por la UE, que lejos de dañar tan sólo a este país, inciden directamente también en Finlandia, su principal socio comercial.

El resultado de todo esto ha sido una drástica reducción de las exportaciones finesas, que en tan sólo ocho años han caído hasta un tercio. Con el objeto de avivar la economía del país, el Gobierno ha planteado una reforma laboral que contiene importantes recortes en un intento desesperado por reducir el gasto público, pero que ha conducido a las mayores huelgas de su Historia.