El estudio analiza las prioridades de los viajeros para los próximos seis meses e indica que, junto con los conflictos y la masificación, otros factores influyen de manera relevante en la elección del viaje: la seguridad y el riesgo de terrorismo (68,7%), la calidad del sistema sanitario local (63,8%), el coste de la vida en el destino (62,7%) y el riesgo de estafas o ciberriesgos (61,1%).
Por el contrario, el idioma solo supone un obstáculo para el 30,7% de los encuestados.
Ante este escenario de incertidumbre en el destino, el 92,8% de los consultados adoptaría alguna medida de prevención. La respuesta más habitual entre los viajeros es la modificación del lugar de vacaciones (33,4%), una alternativa con mayor arraigo en el segmento de edad superior a los 45 años.
Asimismo, ante cualquier eventualidad, la mitad de los usuarios (50,6%) recurriría al asesoramiento y respaldo técnico de agencias y aseguradoras.
No obstante, cuando el viaje ya ha sido planificado, las principales inquietudes de los usuarios se concentran en incidencias de carácter cotidiano.
De este modo, al 39,3% de los encuestados le preocupa sufrir una enfermedad o accidente durante la estancia -porcentaje que asciende al 46,4% entre los mayores de 60 años-, seguido de los retrasos o cancelaciones en los medios de transporte (35,2%), los robos o hurtos (35%) y las incidencias o pérdidas de equipaje (33%).
En relación con estas contingencias operativas, la inestabilidad geopolítica concreta para el desplazamiento fijado pasa a preocupar al 27,7% de los viajeros.
La aseguradora señala que la reactivación de las tensiones en Oriente Medio y las movilizaciones contra la saturación turística están redefiniendo las pautas de contratación y la búsqueda de asesoramiento especializado previo a los desplazamientos.

