En un momento en que la adopción de inteligencia artificial y otras tecnologías innovadoras avanzan a una velocidad sin precedentes, mantener la gestión y la autonomía sobre los datos y los sistemas digitales más sensibles ha dejado de ser una preferencia para convertirse en un requisito estratégico.
En declaraciones a Europa Press, Vilamitjana explica que la verdadera soberanía significa «tener la libertad de innovar, pero con la autonomía sobre los datos y la infraestructura tecnológica como premisa fundamental para las empresas y las administraciones» y explica que uno de los errores más comunes en el debate sobre soberanía tecnológica es asumir que todas las organizaciones necesitan lo mismo.
Desde Cisco explican que la realidad es que incluso dentro de un mismo país y sector, las necesidades varían de manera significativa. Algunas organizaciones priorizan una infraestructura completamente en instalaciones propias y aislada de la red (los llamados entornos ‘air-gapped’), mientras que otras apuestan por la agilidad y la velocidad, apoyándose en servicios en la nube para innovar con mayor rapidez.
«Este principio de que no existe un modelo único válido para todos es precisamente el que debe guiar cualquier estrategia seria de soberanía para infraestructuras críticas. La flexibilidad de elección no es un lujo, sino una condición necesaria para que la autonomía estratégica sea real y operativa», continúa el responsable de Cisco.
SOBERANÍA NO SIGNIFICA AISLAMIENTO
Los expertos advierten de que las estrategias con más éxito no son las que rechazan la tecnología o la experiencia global, sino las que las integran con inteligencia, respetando las necesidades locales, los marcos regulatorios nacionales y las expectativas de cada entorno. Por ello, instan a no confundir soberanía con autarquía tecnológica.
Cisco considera que esta autonomía estratégica se basa en tres pilares. El primero es el control sobre la gestión de los datos: la capacidad de decidir dónde residen y quién puede acceder a ellos, reforzada mediante despliegues en instalaciones propias o entornos ‘air-gapped’. El segundo es la autonomía operativa: que los sistemas funcionen sin necesidad de conectividad a internet ni de intervención remota, algo crítico en escenarios de crisis, conflicto o ciberataque.
El tercero consiste en la independencia frente a terceros: disponer de derechos de uso legales sobre la tecnología incluso en circunstancias de interrupción extraordinaria, de modo que ninguna decisión ajena -corporativa o geopolítica- pueda dejar a la empresa u operador de servicio sin sus datos o infraestructura.
«La confianza, en este contexto, es la moneda de cambio fundamental, y sólo se sostiene cuando los compromisos están respaldados por capacidades operativas reales: sistemas que funcionan dentro de los entornos del cliente, dentro de las fronteras nacionales o regionales, y dentro de los marcos legales aplicables», apunta Vilamitjana.
UN PORFOLIO PARA INNOVAR EN LA ERA DE LA IA
Precisamente, esa premisa de alineación con los marcos legales y las regulaciones de la UE es una de las claves que definen el porfolio Sovereign Critical Infrastructure (SCI) de Cisco para clientes en Europa, Oriente Medio y África (EMEA), lanzado el pasado mes de abril. SCI responde a las prioridades de las organizaciones de innovar rápidamente en la era de la IA, manteniendo al mismo tiempo un mayor control y autonomía sobre sus datos e infraestructura digital.
El porfolio abarca las principales gamas de soluciones de Cisco, incluyendo redes, seguridad, computación, colaboración, administración de redes, IA y Splunk. Los clientes pueden configurarlo y operarlo en sus propios entornos físicos ‘aislados’ de la red y en sus propias instalaciones (on-premise).
«Pero una infraestructura soberana no se sostiene únicamente sobre el ‘hardware’ y el ‘software’: requiere también soporte técnico especializado que opere bajo las mismas reglas de confidencialidad y acceso restringido», advierten desde Cisco, indicando que los Centros Nacionales de Servicios Críticos (CNSC) de la compañía ya están operando en varios países europeos, entre ellos España, Francia, Reino Unido, Alemania e Italia.
En este sentido, Vilamitjana, incide en que «España y Europa no deben dedicar recursos a construir su infraestructura tecnológica desde cero y en solitario» y concluye que «la verdadera soberanía reside en la capacidad de integrar tecnologías de vanguardia con proveedores que compartan los valores europeos y que estén comprometidos con el desarrollo local».

